Apuntes al silencio

La rescritura de Era Ponpeia de Federico J. Silva

07.07.12 | 14:18. Archivado en Artículos

Renace Pompeia entre las manos de Federico J. Silva (Las Palmas de Gran Canaria, 8 de marzo de 1963) para hacerse inmortal bajo la lava de su ingenio. El volumen que hoy, vestido de exquisito negro, encuentra lugar entre la colección Baños del Carmen de Ediciones Vitruvio, no es tan sólo la redición de la obra galardonada en 2006 con el Premio Tomás Morales, si la constatación de que la poesía con voz propia, el trabajo de en canto universal al amor, que no deja de lado la crítica a la sociedad que vivimos, puede, además, perdurar y reconstruirse tras cada lectura, sin tiempo.

Si en otros autores un obra de con esta idiosincrasia podría terminar siendo tan sólo una conformidad con el tono clásico y el equilibrio de la forma, el poeta se viste en la composición de primera persona y añade un tú poético, una razón, como dicta en la dedicatoria “A lunnia por quien abandono Roma”, para eternizar el amor sobre el paraíso de la ciudad sepultada.

[…] para ti este legajo escribo
que los gramáticos y los dioses
que estilo perdonen a este loco
y su estro inflamado. […]

El poeta avisa que no pretende agradar sino a quien tome esta obra en su biblioteca, y advierte que no será del gusto de academicistas. La ironía y el desapego al parnaso y al boato no es, ni mucho menos, una impostura maldita de Federico J. Silva, tampoco es un escudo sobreactuado. El autor realmente quiere centrar su obra entre el yo y el tú poético, dejando al resto como espectadores sin permiso para la intervención en la obra. Así centra la narración en un destiempo del lector, en otro momento histórico, y comienza prontamente a lanzar cenizas que sepulten también a otros.

[…] Ahora golpea
el sol solis en mi fenetra
como diría un poeta chirle
o un esbirro pretoriano.[…]

[…] los que advierten que del ojo
Depende con que se
Mira tienen el ojo
Sucio relativamente [..]

Federico J. Silva no construir poemas extensos cual cantos, y recortarlos con estas pequeñas composiciones reflexivas, donde premia y realza la reflexión, sobre la forma o el ritmo, tomando magistralmente un encabalgamiento violento y personal, que enriquece y abrevia la lectura.

No se queda tan sólo en eso, sería pues un solo entretenimiento, juego de taller o una demostración de agudeza. El poeta encuentra la voz para ironizar sobre las incongruencias de una sociedad que se cuestiona.

[…] El tirano fue aquí un hombre muy odiado
Pero aun sigue en el foro su enorme estatua ecuestre […]

También lanza llamas contra una sociedad marcada por el desencuentro entre las riquezas y las opulencias, que el poeta describe con desprecio, y la esclavitud y vejación ante los iguales convertidos en esclavos. Una actualización nos llevaría a encontrar esos personajes en cualquier poesía social contemporánea, en cualquier arti-cuento o novela compuesta con base ideológica de nuestro tiempo. Pero Federico J. Silva consigue engendrar belleza a la vez que hiere la conciencia y el estómago con sus versos, dando al lector una presentación de que a pesar de los tiempos, nuestros males no son muy distintos.

[…] sus villas presuntuosas
Donde el arte es molesta decoración
Sus exedras sus frescos su apolo tras Dafne[…]

[…] su cave canem más cándido
que el cánido rostro de su dueño
sus triclinios sus esclavos y sus pájaros[..]

Cierra el libro un excelente poema que describe el posible sentimiento de Théophile Gautier visita Ponpeia, donde retorna el amor para cerrar en un poema sin eco clásico, para devolver al lector a su tiempo y su espacio

[…] Te soñé beldad de antaño
o te soñó mi dolorido sueño
como mi primer y postrero amor
no te aceptaré ahogada por la ceniza
nada se crea ni se destruye
lo amado no muere arria marcella.

Esta Era Ponpeia no pasó ni pasará desapercibida para el lector. Maximino Trapero lo calificó de un “Un clímax poético calculado y eficaz”. Del mismo modo Rodríguez Herrera señala “tras este intenso poemario hay, además de un canto al amor eterno, una profunda crítica a la sociedad actual. en esta obra, y ahí radica uno de sus rasgos más originales, es el mundo clásico el que camufla la realidad actual” Y no son las únicas muestras de la idea de que este libro es uno de los referentes de la obra de Federico J. Silva, de su propio código y voz, y un referente para muchos que vimos en este libro una lectura inesperada y necesaria en estos tiempos.

Como el propio Federico respondió en una entrevista hecha por Antonio Jiménez Paz “… concibo la poesía como una obra de lenguaje por encima de cualquier otra consideración, aun de carácter personal, y que lo que para mí cuenta finalmente es la eficacia expresiva o al menos su búsqueda. Creo que esa es la clave para entender mi idiolecto poético: el interés por la investigación idiomática y la experimentación formal. ¿Sabes lo que pasa? Pues que el lenguaje poético se gasta expresivamente, y así ha pasado a lo largo de la historia literaria con el petrarquismo, el Barroco, el romanticismo, el modernismo... Recuerdo aquello que decía Roland Barthes, que los escritores místicos se enfrentaban al lenguaje para llegar más allá del lenguaje, y que ese lenguaje contra el que luchaban era su enemigo.”

Con estas notas, que son una personal lectura y, por tanto, no la única ni la más certera, invitamos a tomar Era Ponpeia (Ediciones Vitruvio, 2012) y navegar en voz de Federico J. Silva.


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