Tres horas para un infierno
12.01.09 @ 19:20:31. Archivado en Artículos
No resulta sencillo dar opinión o generar juicio para cualquier tema que se precie o se nos cruce una mañana por delante en un telediario o en la prensa. Algunos, como es el caso del Conflicto de Oriente Medio, llevan cargando los tinteros, las planchas de imprentas y los guiones de los informativos por años, sin que nadie de al fin con las soluciones, y ni tan siquiera con las apreciaciones que resulten exactas.
Podemos, a nuestro parecer, caer en un error si nos lanzamos sin escudos a una justificación simple de una u otra parte. A ambos lados les corresponde argumentos históricos, políticos, militares, religiosos o culturales que les supone, si fueran estos suficientes, razón para sus actos. Pero entendemos que quizás habría que buscar más allá de los por qué y apreciar los cómo.
Puede entenderse que la vía diplomática resulta harto complicada como fórmula de resolución de un conflicto entre dos estados que se sienten a su vez ocupados y descontentos con su territorio. Dos estados, además, que no se reconocen entre sí y que se consideran enemigos incumpliendo concienzudamente cualquier pacto, norma o ley internacional con la justificación de la defensa. Pero lo que colma los vasos de la política es que el mismo territorio que se libran o reparten a golpe de misil y muro sea cuna de las tres religiones monoteístas más importantes del mundo, lo cual no ayuda, sino que dificulta más cualquier mesa de negociación posible. Por supuesto, si por suma entendemos que se trata de una encrucijada o cruzada entre los límites de dos áreas de control o influencia entre el Mundo Árabe y Occidente, más compleja resulta la paz.
La solución no pasa por sentar a un grupo terrorista con un estado a negociar, pues andaríamos poniendo sobre el tapete una injusticia de base. Por otra parte, no resulta lógico matar moscas a cañonazos, es decir, lidiar con un grupo terrorista lanzando bombardeos aéreos, ataques por tierra o invadiendo parte de una nación. Pero es duro creer que a lo único que es capaz de llegar la inteligencia y el ser humano es a dar tres horas de paz para apagar las brasas del infierno a una población que solo siente y padece, y para quienes las bases del conflicto le son casi lejanas o desconocidas. El ataque a la población es totalmente indiscriminado, por una y otra parte. Los misiles árabes no apuntan al casco de un soldado israelí sino que se lanzan a dar más allá del muro sin objetivo posible dado lo rudimentario del artefacto. Pero por supuesto no parece justificado que matar a los miembros de un grupo terrorista permita a un estado bombardear sistemáticamente una región o población. Evidentemente la diferencia es enorme, pero no nos quedemos en eso, si el grupo armado tuviera la misma capacidad que el ejército la usaría sin dudarlo.
Hace ya bastantes años, Occidente, con un cargo de conciencia gigante al haber hecho oídos sordos y haber mirado para otro lado durante el Holocausto Nazi, permitió sin más, la toma de una tierra. Era un momento ideal, un perdón universal y una base militar y de inteligencia contra la “amenaza roja”. Israel fue tierra de judíos, como fue la Península Ibérica musulmán u otras tierras de otras naciones y religiones. No vale como razón. Pero pasado el tiempo, tampoco puede olvidar Israel aquella cita bíblica “¡oh Israel! Recuerda que tú fuiste extranjero en Egipto”.
Si creemos en los organismos internacionales, y quieren estos resultar útiles y vigentes, comiencen a actuar de forma contundente y eficaz, parando cualquier acción militar de uno y otro lado con tropas internacionales, defendiendo a la población y las fronteras reconocidas. Deben ser también estos organismos quienes sancionen a un país por sobrepasar sus competencias y territorios; y al otro por sostener a un grupo armado en el gobierno de un estado. Pero sobre todo evitar permanecer callados, una vez más - y van demasiadas - sin soluciones o declaraciones públicas, pues también suman ya innumerables casos de incoherencia, falta de respuesta y verdadera justicia.
Tres horas no dan para enfriar un infierno, pero me cuesta creer que millones de personas en el mundo no sean capaces de desterrar de la faz de la tierra lo armado como respuesta o solución a los problemas. Para quien escribe, ya lo dijo hace tiempo, “la guerra es la muerte del lenguaje” y por tanto una declaración de ignorancia.
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Luis Antonio González Pérez
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