Apuesta literaria sin recompensa
30.08.08 @ 11:00:04. Archivado en Relato breve y micro-relato
No sé si te acordarás. Sé que cuesta retener lo que apenas es una imagen o un recuerdo vano que la creación nutre y la realidad no ejecuta nunca. Y qué si vivimos de este tipo de bocados al aire y el pasado inexistente, sobreviviendo así al propio vació del estomago de nuestra pasión y sus instintos de gula.
No hay duda. La mañana siguiente no es igual. Hay que reconocerlo. Giras la cabeza y saludas a quien acaba de asomar los ojos por encima de las sábanas, y no tienes claro si aportar a la conversación un beso, una caricia, o sin más levantarte y dejar el hueco en la cama. libertad e intimidad para los minutos en que estar acompañado se antoja violento e innecesario.
Preparé café - uno de los pocos vicios que me permito estando contigo y también solo - y espere tranquilamente en la cocina a que optaras por acercarte, bien de modo natural o mimoso, a dar los buenos días. Siempre el mismo ritual pactado en cada sueño. Muy de película, pero se repite, sueles estar vestida con la primera pieza de ropa que encuentra en la alcoba. Un montón de prendas agolpadas sobre la silla, de cualquier forma nada parecida al orden, que seleccionas cuidadosamente para que, no dejando de ser mía, parezca tuya. Esta vez una camisa azul de rallas finas dibujaba cada una de tus curvas recién despiertas, y ya cansadas, después de toda una noche ebrio de tus poros, sus sombras y todas sus luces.
El sofá comenzó a ser un pedazo de barco al borde del naufragio y los pies, lejos de tocar esa agua imaginaria, se recogieron sobre los cojines, sirviendo de mesa auxiliar para reposar la taza y las manos. Parecías tan pequeña, tan vulnerable. No puedo olvidar tus movimientos intentando ser mínimos e imperceptibles. Alguna mirada. Alguna sonrisa entre sonrojada y caprichosa. Frases sueltas lanzadas a ninguna parte y sin respuestas. No recuerdo bien, y mira que soy de buena memoria para los detalles - ya sabes que olvido el argumento de las películas, las fechas importantes y hasta mi cumpleaños de vez en cuando - pero creo que en algún momento hacías pequeños movimientos que te aproximaban a mí. Lo que sé, estoy seguro, es que la distancia de un sofá se convirtió en el espacio común de un beso. En una colección de besos únicos.
En otras ocasiones todo tiene su tiempo, su espacio y su forma. Las horas se alargan. Ya no queda nada en las tazas. Ni palabras en las bocas. Ni miradas. Horrible la frase “ya te llamaré”. Asesina aquella de “¡Uy tengo tanto que hacer!”. Pero no todo el mundo está destinado a pasar más de una noche juntos. A veces se regalan horas de cortesía y se pierde el tiempo. Contigo te confieso no fue así el primer día. De alguna manera intentaba concentrarme en ti y que tu hicieras lo mismo conmigo y no pudieras desviar la mirada a ningún reloj ni a las ventanas.
No soy de grandes frases. Pero quedarse callado no tenía sentido.
- Bea, no quiero que te vayas. No te vayas nunca. Hoy no, al menos. Volvamos a ayer. Volvamos a vivir ese espacio no habitado y ese tiempo no cumplido. Volvamos a tomarnos la palabra, la mano y todo aquello que somos y volvamos a degustarlo como si fuera la primera vez siempre.
No respondiste nada. Nunca respondiste.
Podría haber sido así. Por qué no.
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Luis Antonio González Pérez
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