Rafael–José Díaz: entre lo universal y lo vivido
18.06.08 @ 20:56:20. Archivado en Artículos
Los filósofos griegos clásicos ya defendían en sus razonamientos éticos el principio del “justo medio” como forma unívoca de actuar frente a otros, y ante nosotros mismos. Quizás la poesía es más dada a los excesos, a los extremos de la realidad sentimental del autor consigo mismo y con los “tú” poéticos. Rafael–José Díaz nos demuestra en su más reciente obra, Antes del Eclipse, publicada en la prestigiosa firma editorial Pre-Textos, que el verso puede estar cargado de verdades y aun así defenderse en sí mismo con exacta medición de las palabras y con formas equilibradas.
Estamos en un tiempo poético de innumerables tendencias tan dispares como sus formas o sus códigos. Si algo comienza a tomar cierta fuerza en las corrientes poéticas es la creación con lenguaje cotidiano y acercamiento a la realidad vivida del poeta. Poesía del mundo en el mundo. Rafael nos presenta una escritura sincera, vivencial, sin tocar límites confesionales. Con un gusto exquisito para la elección del vocabulario, tanto en significado como en sonido, el poeta nos entrega dos obras: la que está compuesta en verso y la que se ofrece en prosa poética.
La primera de éstas se nos presenta con un vocabulario carnal o corpóreo: Abrazos, cuerpo, frente, huellas, labios, boca, espalda, nuca y mano. Las imágenes pasionales, o posteriores a la pasión nos describen un mundo siempre en torno al lecho, a veces en compañía, y otras en el recuerdo de ese instante. “Desnúdate. En la fragua / el calor sofocante empaparía / tus ropas de un sudor que yo prefiero / beber directamente de tu piel.” . Podríamos recordar con esos versos otros cargados de indiscutible ardor desde la memoria, como son los del poeta Jaime Gil de Biedma en sus tantas composiciones dedicadas a esos instantes posteriores al deseo: “Junto al cuerpo que anoche me gustaba / tanto desnudo, déjame que encienda / la luz para besarse cara a cara, / en el amanecer.” Así el poeta de la generación del 50, entre el surrealismo y la poesía de la experiencia, nos describe sus íntimas fogosidades a la vez que confiesa la incertidumbre del momento posterior al deseo. Otra voz que se reconoce entre las páginas de este libro, especialmente en los pasajes amatorios es la de la poetisa Olvido Valdés que, en su poema Dormías. De modo natural, genera una distancia, se convierte en asistente a la imagen, y vuelve a tomar el presente como recuerdo visible del pasado “Dormías. De modo natural / cerré la puerta. Estabas en mi casa / y eras más clara de lo que fuiste / y también era clara la penumbra / de aquella habitación. Buscaba yo / otra cosa y cerré sin ruido comprobando / que ya no tenía voz…”
Entre esos versos se encuentra el poema que da nombre al libro Antes del eclipse, en el que el autor se confiesa incrédulo ante la poesía que se acerca a los acontecimientos. La poesía que habla casi del presente. “Este instante cualquiera: en otro tiempo / pensé que nunca llegaría a hablar / de algo tan sencillo”. En Material Memoria (1979) José Ángel Valente se sitúa ante su creación como un lector que no controla lo que escribe, se sitúa como espectador, dando así la razón a la afirmación de que la poesía nace antes incluso de la escritura, y así lo referencia la profesora de la Universidad de Georgetown Laura López Fernández en su estudio titulado El esencialismo poético en José Ángel Valente. Esto queda patente en estos versos de Rafael–José Díaz, donde él mismo queda sorprendido por lo que le llama a componer el poema. Entiende su propia evolución creativa, pero se marca una distancia reflexiva, para afirmar cómo “algo tan sencillo” puede ser parte de su poesía.
La prosa poética, tan al uso en estos tiempos más narrativos que versados, nos ofrece una creación coherente y perfectamente hermanada con la poética. Con ritmos marcados y céleres, dejando atrás la contemporánea aniquilación de la frase larga, y apostando por la extensión para vitalizar los textos, Rafael-José Díaz nos entrega fragmentos tan exquisitos como este: “Todo sin nombre, soplo puro emanado desde fuera del tiempo hasta un tiempo cuyo nombre era dolor, soledad, abandono”. Así el poeta cierra uno de sus textos con un ritmo trepidante, pero con palabras de sufrimiento en el alma del lector y peso en el oído. Juegos interesantes como los que en este aperitivo se pueden disfrutar en torno a la figura del tiempo se hacen comunes, genialmente comunes, en los textos del autor.
En toda la obra las imágenes del universo, del mundo en sus distintas dimensiones, se entrelazan con el pequeño mundo, con el propio, con el ser humano. Desde visiones de la luna, las nubes, las estrellas, hasta cierta fijación por el paso del tiempo: anteponerse a él, posicionarse en distintos momentos del horizonte temporal, cuestionarlo. Por otra parte las fotografías de lo vital, y a veces rutinario, como los amaneceres, las calles, las ciudades, son otras de las realidades que el poeta entrelaza con las más abstractas cuestiones.
Desde 1997, año en que apareciera su primer libro de poemas, El canto en el umbral (Madrid, Calambur), la carrera de este poeta destaca por su coherencia, su amplia pero cuidada producción, y además, por su magnífica labor como traductor exquisito y activista cultural, con ejemplos tan cercanos como el ciclo 'Jóvenes poetas en Agüimes', celebrado en 2005 y 2006 y el ciclo 'Paisajes, palabras, territorios. Jóvenes poetas en la isla', que se está celebrando en el Colegio de Arquitectos de Canarias, Demarcación de Tenerife, durante este año.
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Luis Antonio González Pérez
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