El éxito colectivo en la cultura
08.06.08 @ 10:33:22. Archivado en Artículos
Hace ya algunas semanas, comentaba mi bueno amigo y escritor, Juan Carlos de Sancho, que volvía sorprendido de su viaje por Argentina. Nos contaba la importancia que, para una comunidad de jóvenes artistas con los que tuvo el placer de charlar, tenía la colectividad de la creación, pero también del éxito.
La vida, la historia, la economía, y dicen que muchas otras realidades del universo y las ciencias funcionan por la teoría del péndulo o de los ciclos. Nunca se ha de estar en el justo medio. Vamos de un extremo al otro sin paradas en ningún rincón del espectro ondulante.
La literatura no ha sido la excepción. Desde épocas en que el anonimato era base de la concepción artesanal, pero no artística, de la obra. Momentos en que la persona a quién iba dirigida la creación importaba más que de quién partía. Hasta el capitalismo galopante de una literatura de mercado, donde a veces se destaca más el nombre del autor en el libro que el título de la obra. Desde la inexistencia de la firma, hasta la ego-firma.
Nos hemos olvidado quizás de algo tremendamente importante. Ya en la filosofía y en la ética se defiende como uno de los principios básicos el “respeto” o la “respectividad”. Lo que parece evidente en su acepción más común no es otra cosa que nuestro “ser respecto a otros”. Evidentemente somos seres sociales, y nos conformamos de la experiencia y conocimientos adquiridos por esa interrelación personal continua en la que vivimos o sobrevivimos.
Por tanto somos individuos. Aquello que creamos y lo que aportamos a la sociedad nos pertenece casi en su totalidad. No debemos olvidar que en alguna medida, y no seré yo quien aporte porcentajes a la literatura de “derechos colectivos de autor”, le debemos a la colectividad nuestro arte. Nuestras lecturas, conversaciones, las historias que nos circundan, el dolor que nos aflige por culpa de otros, nada de eso parte de nosotros mismos a la obra. Se nos aporta por “ser respectivos”.
Muchos conflictos y guerrillas de “bandas literarias” se evitarían si supiéramos entender esto. Si tuviéramos conciencia que el éxito de un autor nos es de alguna manera propio, y que debemos alegrarnos por él, dado que su creación entra en nuestra sociedad de alguna manera como parte de un fondo común vital. No debemos adherir a la cultura la competencia feroz individualizada de otros mercados. No debería interesarnos. No nos aporta nada.
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Luis Antonio González Pérez
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