Nada te turbe, nada te espante
23.04.08 @ 15:56:03. Archivado en Artículos
Nada te turbe, nada te espante todo se pasa,
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene nada le falta sólo Dios basta.
Santa Teresa de Jesús
Quienes vivimos y sentimos el “Espíritu Teresiano”, pero sobre todo quienes lo aprendimos de una generación de hermanas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús como la de la Madre Ana María Aguiar Morales, nos queda sólo recordar en silencio los versos de la Santa para, con lágrimas en los ojos y un angustioso nudo en la garganta, rezar por el alma de nuestra maestra y hermana en la fe. Aquella oración que tanto se repitiera en los pasillos del ejemplar Colegio de San Enrique de Ossó de Las Medianías de Telde, nos ofrece uno de los mayores consuelos, la seguridad de que a pesar de todo, “Sólo Dios basta”.
En la pasada Semana Santa, visitábamos a la Madre Ana, con miedo a encontrarnos a una persona débil y enferma. Lejos de eso, su sonrisa, sus gestos de cariño, sus palabras, pero sobre todo su fe y compromiso en “estar a lo que Dios quiera” nos daba de sus manos una humilde lección, una de tantas que de la vida de la Madre Ana se pueden aprender a poco que nos fijemos.
El sacrificio por lo que creía y le había llevado a ser monja teresiana, su compromiso por la educación como forma de mejorar las sociedades, haciendo, a partir de la formación de hombres y mujeres con caridad cristiana y enseñanza teresiana, un mundo mejor. Porque “Dios también anda entre los pucheros”, la Madre Ana trabajaba sin descanso en todo aquello que se proponía, hasta conseguirlo. Nunca perdió la ilusión por nada, pues siempre creyó en aquello de que “la fe primero se recoge en cubos, luego es más fácil con una polea, con el tiempo puedes construir una noria, y al final fluirá como un riachuelo”. Imagen que nutre los jardines del noviciado de Ávila.
Mucho le debe la Compañía de Santa Teresa a la Madre Ana, mucho a ella y otras tantas mujeres que consagraron su vida a los principios del Padre Fundador, San Enrique de Ossó, y que tanto han hecho en todas las latitudes por la educación y formación de nuestros jóvenes, su verdadera vocación y mandato.
Algunos debemos a la Madre Ana incluso nuestros primeros versos, hechos a petición de ella, nieta del insigne poeta Tomás Morales, en una de sus fantásticas, sentidas y vividas clases de Literatura.
Para almas como la de la Madre Ana no puede haber juicio final. Creo en un Dios que ve y ama a quien como ella ha sido “Luz en el mundo”, y la Santa y el Padre Fundador la cogerán en brazos y la llevarán cerca del Altísimo.
Descanse en paz y junto al Padre, Ana María Aguiar Morales, Hermana de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.
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Nos deja un vacío físico muy grande pero, sin duda, para quienes la queremos, nos queda el inmenso amor y el remanzo de paz que siempre transmitia, incluso en ocaciones, a pesar de las distancia.
Descanse en paz y llénanos de paz.
Gracias madre.
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Luis Antonio González Pérez
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