El debate para el debate
27.02.08 @ 07:52:14. Archivado en Artículos
El debate sólo dio como resultado el debate. Una simpleza así era previsible. Desde que se comenzara a negociar las distintas vías para su realización, ya imaginábamos, que no daría grandes resultados, ni aportaría luz a la campaña. Sólo serviría para debatir más, ya no por contenidos, sino por continentes. El debate sobre el debate.
Poco importa si uno llevaba la chaqueta desabrochada, le quedaba chica, o tenía la corbata torcita y mal hecho el nudo, posiblemente con intención de parecer “uno más” o de aparentar “cercanía al ciudadano medio”, con un traje mucho más claro de lo normal. El contrario pretendía seriedad, firmeza y confianza con un traje oscuro. Cada uno con su forma y manera. Con su truco. Una táctica que, lejos de parecer innovadora, resulta algo triste. Por otro lado tampoco es relevante que los nervios hicieran que en el saludo uno tirara de la mano más que otro, y por tanto fuera ciertamente forzado hacia uno de los lados. Tampoco que uno fuera más simpático que otro con la prensa, o que en la foto a uno lo avisaran de cuanto era capaz de moverse. Ya no digamos lo horrendo de andar mirando al cronómetro, o con sonrisas de medio lado a alguien o algo tras las pantallas.
Lo más triste es un debate en el que no se debate. Un debate en que, lejos de mirarse cara a cara, se miraba a la cámara o a los lados. Deberían diferenciar un discurso a un debate, a una confrontación dialéctica y de opiniones. Faltó debate. Cada uno venía con sus exposiciones preparadas, previstas, dispuestas ordenadamente, apuntadas comas, guiños, posturas y gestos, al milímetro. No había hueco para la demostración de inteligencia. Para demostrar conocimiento. Para la expresión de dominio. Sino para la capacidad de memorización y rapidez de respuesta.
Si uno hablaba de crecimiento, el otro no era capaz de rebatir con “productividad” porque no se lo apuntó. Si ambos planteaban propuestas de esas sonoras en las que se habla de “dinero para todos” ninguno era capaz de reclamar una explicación de “y de dónde vendrá ese dinero” por si le venía de vuelta. Cuando uno hablaba de empleo y otro de paro, no eran capaces de hacerlo de forma relativa, ni tan siquiera de asimilar la distancia de los conceptos, ver la calidad de ese empleo, o la razón de ese paro. Cuando uno trataba cifras macroeconómicas, el otro respondía que “había que hablar de lo que le importaba al a gente”. Curioso, pues un gobierno tiene que tratar lo que le importa a la gente pero su gestión es siempre “macro” pues es de toda una Nación.
Lejos de ver quien ganó, convenció o venció, los diarios ya tenían las portadas previstas desde antes del debate. No hubo sorpresas. Cada uno hizo campaña por su candidato. Ya a veces no sabe uno si la propaganda es cosa de la dirección de campaña o del periódico de campaña.
Podemos incluso elegir encuestas dependiendo de nuestro voto ya afianzado. Sin grandiosidades, el debate fue todo menos debate. Tedio, mentira, falsedad, incongruencia, incoherencia. Todo eso. Y queda “el partido de vuelta”. Tengo la impresión que pocas cosas cambiaran.
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Luis Antonio González Pérez
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