Sin temor a las palabras
16.02.08 @ 15:42:19. Archivado en Artículos
Así se curte un verdadero poeta. No se puede temer a las palabras. Se ha de aprender a jugar con ellas, con el máximo de los respetos pero con la picardía de un amante a oscuras. Tampoco hay que aterrarse frente al espacio en blanco, y bloquear imágenes en la mente por prudencia. El poeta tiene que ser una bocana, un flujo permanente. Así es Gonzalo Escudero, un canario, estudiante de Periodismo en Madrid, pero que, sobre todo, es un poeta.
Hace ya algunas fechas una voz con acento isleño sonaba en mi teléfono móvil. Era Gonzalo. Luis Natera Mayor, otro gran poeta le había dado mi número. Nos enviamos a través del correo electrónico lo último escrito, y entre examen y examen, nos fuimos leyendo y conociendo.
En su poesía hay grandes dosis de imágenes, de adjetivos, de palabras. No teme a las palabras. Usa el lenguaje en toda su amplitud. Con conocimiento, con dominio, con apetencia, sin censuras ni exclusiones. Sus imágenes ofrecen abanicos que nos recuerdan – pues lectura y afición hay – a los poetas malditos (Baudelaire, Rimbau, …) y a otros más contemporáneos como los nueve novísimos (especialmente a Panero) o a otros de la literatura negra norteamericana como Charles Bukowski . De este último recupera una imagen y una obra en uno de sus poemas:
Siempre hay
SIEMPRE
Algún
NIÑO
Hambriento
POESIA
Siempre hay poesía
“Escribo porque es lo que mejor se hacer”
Dijo André Breton
ESCRIBO
Para reventar la frustrante tinta de mis granos
La senda del perdedor
Aderezada con cerveza
En una extensa obra titulada “Cavilaciones de un murciélago ebrio” Gonzalo nos abre las puertas de su estridente mundo – definición que da al sonido de sus versos – en una mezcla de grito y caricia de versos escritos a conciencia. Esto es quizás lo más gratificante y sorprendente. Tratar con un poeta identificado con su obra, que domina los entresijos, los por qué y las justificaciones de cada rincón de sus poemas es, sin duda, un lujo.
Una larga conversación, con una taza de café cansada de estar vacía hacía tiempo, nos dio para tratar diferentes cuestiones de la poesía, los concursos, los jurados, los escritores contemporáneos – jóvenes y consagrados – y otras realidades que circundan al arte y la poesía.
Los juegos del verso en el espacio representan una constante en el poeta. No sólo no le dificultan la creación la nada del folio vacío, sino que se preocupa por la creación poético-visual con sus aportaciones. Las frases largas, densas, cargadas de mensajes y de una imaginería muy personal, se abren al lector sin mentiras, sin cierres, sin miedo.
Con un estilo propio, con un código bien definido y trabajado, Gonzalo sigue tocando otros palos, con una mente despierta y atenta a otras posibilidades, a otros intereses, a otras visiones sobre la poesía.
Lector empedernido – como todo gran escritor – y cinéfilo incondicional, Gonzalo Escudero es ya un gran poeta. Ahora sólo falta que un gran editor se dé cuenta y nos dé el placer de leer su “mundo de estridencias”, sus imágenes superpuestas a modo de cúmulo de pantallas de televisores – como el mismo definió – y su dominado juego de la palabra y el espacio.
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Luis Antonio González Pérez
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