Apuntes al silencio

De tu vacío a mi vacío

18.11.07 | 10:46. Archivado en Artículos

Desde antiguo el concepto de vacío ha venido cercando al hombre en todos los ámbitos de su existencia. La “plenitud de la nada” para muchos fue la descripción de los encuentros místicos en las distintas religiones, especialmente para los budistas, cuya sensación de “descarga” tras el “conocimiento” generaba una paz y una armonía consigo mismo y la naturaleza.

En cambio en los finales del primer milenio el arte expresa su “horror vacui”, como temor al vacío. Dicen así que la naturaleza aborrece el hueco, y por tanto, el arte, especialmente las portadas de las iglesias y catedrales del romántico, así como la pintura mural, donde se demuestra ese miedo a la nada.

Si algo nos permite nuestra capacidad de abstracción es comprender lo que los sentidos no nos permiten percibir, e incluso, explicar a través de sensaciones y sentimientos, algo que la ciencia todavía discute en distintas realidades físicas y químicas.

Para los continuadores de Freud el vacío puede dividirse en emocional y estructural. El emocional nos hablaría de un concepto de “oquedad” que viene siempre reflejado como resultado de una ruptura con el pasado, y una pérdida de percepción clara del futuro. Mientras que el que denominan como estructural, obliga a entender la separación entre ego y superego, o lo que es lo mismo, una ruptura comunicativa entre ambos, entre “tener” y “ser”. Una sensación de miedo primigenio o casi infantil y sobre todo una incomprensión de uno mismo.

Martin Heidegger reflexiona sobre la relación del arte y el vacío, a través de su concepción de la creación como una contención de espacio, pero a su vez entiende el concepto de espacio, en su verbo, espaciar, como la liberación, la apertura, la afirmación de un espacio sin límites. Casi nos estaría hablando posiblemente más de un concepto de vacío en el espacio, que de espacio en el vacío. Así lo entendería Chillida más cercano en el tiempo, el vacío como una visión del propio espacio, como un punto desde el que observarlo, e incluso un reflejo desde la realidad en otras dimensiones, como en un negativo fotográfico.

La vivencia del vacío, como para quien escribe, la confesión del vacío en su poética, nos demuestra quizás la necesidad temporal y cíclica de, por propia voluntad o por injusta realidad vital, de hacer “habitar en el olvido”, que diría Joaquín Sabina, los restos de un naufragio, porque a veces el mar, también es un amplio vacío que marca distancias.

Pero como le pasara al escultor vasco, el vacío desde el que se abren sus esculturas al horizonte – otro vacío histórico cuando la concepción del mundo pasaba por el plano –, como “El peine del viento”, desde el que, en una sensación de miedo a lo desconocido, abrazamos el aire – vacío propiamente dicho – para incorporarnos a un futuro esperanzado, aguardando la salida del sol, en un otoño gris, de asfalto, soledades, desilusiones, decepciones y falsas verdades.

Como pocas cosas son seguras en la vida, y el cambio climático no nos niega, por ahora, que salga el sol mañana, esperaremos que la noche tarde menos que de costumbre. Canta Silvio Rodríguez “se está acercando un día feliz”. No sé cuándo será. Pero será.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Martes, 26 de septiembre

    BUSCAR

    Editado por

    Síguenos

    Hemeroteca

    Septiembre 2017
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
        123
    45678910
    11121314151617
    18192021222324
    252627282930