Cómo resolver (de verdad y sin rencores) un conflicto en pareja

matrimonio_ampliacionEvita que resurjan los conflictos del pasado

Por Ana Villarrubia Mendiola

¿Te ha pasado alguna vez que has acabado de discutir más por hartazgo que por haber llegado a una verdadera solución? Muchos de los conflictos en pareja se agravan porque, en el momento de zanjar las discusiones, los temas no terminan de cerrarse. No se aportan alternativas reales de cambio sino que los dos acabáis por resignarnos. Esto no solo que no se cierre le herida del todo sino que, en cuanto vuelva a producirse una situación análoga, lo más probable es que ninguno de los dos estéis preparados para afrontarla de modo distinto.

Y así sucesivamente, va siendo cada vez más difícil perdonarse y, de conflicto no resuelto en conflicto no resuelto, no partís nunca realmente de cero. Porque nunca habéis hecho verdaderamente “las paces”. Sigue estos pasos para quedarte al fin tranquila y con la sensación de haber “dado con una respuesta”.

  • No te quedes nada dentro. Es imprescindible que los dos hayáis expresado todas vuestras emociones al respecto de la situación que ha generado el conflicto, sin guardarse nada. Todo lo que hayáis sentido y lo que se os haya venido a la cabeza. Sólo así tendréis una idea fiel de la envergadura del conflicto y, por tanto, de todo lo que es necesario resolver al respecto.
  • Entrena tu empatía. Ponte en su lugar, toda realidad tiene tantas formas de ser percibida como ángulos desde los cuáles es experimentada y observada. Aunque te parezca, de primeras, prácticamente imposible, seguro que hay algo que él no ha vivido del mismo modo que tú. Mientras que en esas pequeñas cosas no lleguéis a comprenderos, será muy difícil que podáis avanzar sin chocar una y otra vez con las mismas dificultades y hacer saltar una y otra vez los mismos resortes en el otro.
  • Asume tus responsabilidades y pide perdón. Aunque creas que eres claramente la que más perjudicada había salido, algo de responsabilidad será necesario que asumas pues no es posible que un conflicto en pareja venga iniciado, alimentado y mantenido solo por uno de los dos. Quizá sea solo un 1% el que debas asumir, ese 1% en el que te costó colocarte en su lugar mínimamente. En base a lo que asumas como tuyo, alguna propuesta de cabio también deberás protagonizar.
  • Resuelve verdaderamente la situación. Haced una lluvia de ideas de soluciones posibles y, juntos, id decidiendo cuál o cuáles se ajustan mejor a vuestras necesidades. Es muy posible que la solución perfecta no exista y que ambos tengáis o bien que poner un poco más de vuestra parte, o bien que perder un poco más de lo que esperabais. Lo único importante es que ninguno de los dos salga perdiendo de forma llamativa, es decir, la solución que decidáis emplear sea equitativa. Tendrá que ser, por tanto, una solución consensuada.
  •  Da por cerrada la discusión. Llegados a este punto ya no vale de nada guardar ases bajo la manga. Si crees que te guardas algo para poder protegerte en caso de que la solución no hay funcionando, entonces no has sido sincera del todo y la primera a la que perjudicas es a ti misma. Si las soluciones no funcionan tendréis que ser capaces, los dos juntos y como un equipo, de buscar otras nuevas y más creativas.

 

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Centro de Psicología ’Aprende a Escucharte en Madrid.

 

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Halloween y los difuntos – ¿Por qué necesitamos acordarnos de los muertos?

 

 

AnaVillarubiaLos rituales entorno a la muerte, una necesidad psicológica

Este fin de semana se celebra la noche  de Halloween, el Día de los Difuntos, el Día de Todos los Santos o el Día de los Muertos. No importa en qué cultura nos fijemos o cómo lo llamemos, lo cierto es que en cada rincón del mundo se suceden rituales periódicos cuyo fin no es otro que honrar el recuerdo de los que ya han fallecido. Tendemos a evitar las emocione negativas y, con ello, estigmatizamos la tristeza. Sin embargo, durante unos días o unos instantes, ésta es la única emoción que somos capaces de experimentar.

Y es que la tristeza forma parte indisociable de la vida y, como emoción básica que es, no se apodera de nosotros aleatoriamente sino que nos asalta siempre con un objetivo, cumple una función. La tristeza es la emoción que subyace a la pérdida y, gracias a ella, se hace posible integrar la pérdida como parte de la vida. A través de la tristeza le decimos al mundo que necesitamos un tiempo para nosotros, que nos ha sucedido algo de lo que no podemos huir y cuyo impacto es necesario elaborar con detenimiento. Todo proceso de duelo conlleva una importante dosis de esa tristeza “saludable” y necesaria que nos invita a la reflexión y nos facilita la introspección. La tristeza viene de la mano de la ausencia; esa ausencia con la que, poco a poco, no tendremos más remedio que convivir.

Porque, además, son muchas las pérdidas que acumulamos con el paso del tiempo. Dejamos atrás toda una serie de procesos vitales, dejamos años, dejamos etapas, dejamos momentos, rutinas, relaciones de amistad, vínculos afectivos, profesiones, casas, roles… Las pérdidas más obvias suelen ser también las más dolorosas pero no son las únicas para cuya elaboración necesitamos del duelo, con todas las etapas y las emociones que éste conlleva. Con todo lo que vamos dejando atrás dejamos también una pequeña gran parte de nosotros mismos. Vamos dejando atrás parcelas de nuestra propia identidad que, sabemos con certeza, es posible que no volvamos a recuperar nunca.

En el contexto de las pérdidas más duras, las de los seres queridos que nos han acompañado a lo largo de la vida y han contribuido a construir la persona en la que hoy nos hemos convertido, todo ritual entorno a la muerte favorece la elaboración de la pérdida. Lejos de ser un escenario forzado, como a primera vista puede parecer, los rituales entorno a los difuntos (o, por extensión, entorno a la celebración de la vida también) representan un escenario para el recuerdo y la integración de la ausencia en el momento presente. La familia reunida entorno a unos buñuelos de viento, la misa, las flores en el cementerio, el culto a las vacas (que transportan el espíritu de los difuntos desde la cultura hindú) o incluso la limpieza de las tumbas u otros rituales entorno a la conmemoración de la vida (en culturas asiáticas y budistas), son escenarios para el recogimiento y para el recuerdo, escenarios en los que la pérdida se hace presente al tiempo que nos permitimos convivir con la ausencia.

Por eso, de una manera o de otra, desde un culto o desde ninguno, nos reunimos en algún  momento del año entorno al recuerdo de quienes ya no están. Permítete estar triste, permítete recordar con añoranza, permítete vivir sin su presencia.

 

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Centro de Psicología ’Aprende a Escucharte en Madrid.

 

 

 

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¿Te cuesta ligar? Lánzate con éxito

ellosyellas_article_4522788adf5b99f8285f4691d9e65576_jpg_320x200_90_2875Ligar: Las claves del éxito

Por Ana Villarrubia Mendiola

Tendemos a pensar que en la búsqueda de pareja quien tiene un buen físico lo tiene todo ganado. Sin embargo, una cara bonita que es sólo una cara bonita no da para mucho más que una primera llamada de atención. Para que la cosa se prologue y alcanzar nuestro objetivo no basta con tener un buen porte y una fachada agraciada. No ligan más las personas consideradas más guapas sino las que mejor explotan sus cualidades y practican el arte del flirteo.

Y es que, en esto de coquetear, hay más de pericia, de simpatía y de personalidad, que de puro físico. ¿Cuáles son las claves para conquistar a quien tú quieras?

  • Cultiva tu atractivo más natural, muestra tu carisma particular. Para gustarle a ese hombre en el que te has fijado más que tu físico lo verdaderamente relevante es el atractivo que seas capaces de desprender. Y esto no va de cuerpos o caras bonitas, es toda una actitud ante la vida. El atractivo “estático”, el que configuran nuestros rasgos físicos, es genético. En cambio, con el atractivo “dinámico”, el resultado de una personalidad expresada en cada gesto, puedes jugar a tu antojo. El movimiento se demuestra andando. De primeras transmitimos más información por lo que mostramos que por lo que decimos (que, en un primer encuentro, suele ser más bien poco). Nuestro atractivo está muy vinculado a todo lo que comunicamos de manera no verbal. Y ahí hay mucho trabajo posible: unos andares que denoten seguridad, una mirada firme, una actitud serena, expresiones faciales y gestos naturales… Mostrar tus emociones de manera natural te dota de un carisma brutal.
  • Sé genuina. También en lo que dices debes poner tu atención, no solo en cómo lo dices. No hace falta decirlo todo, ni muchísimo menos: deja que eche a volar su imaginación y que quiera saber más. ¡Es la premisa de una primera cita exitosa! Y, en lo que sí quieras revelar, sé sincera. Las mentiras son burbujas que se pinchan muy pronto y se viven como una gran decepción.
  • No te olvides de sonreír. Pocos gestos nos despiertan más ternura que una buena sonrisa, abierta y espontánea. Tu sonrisa es tu mejor arma, es lo más vistoso de tu rostro y lo que más rápidamente habla de ti. Tu sonrisa es tu forma de acoger al hombre que te gusta, de mostrarle que efectivamente te gusta y a la vez de hacerte a ti misma más atractiva.
  • Préstale atención. Somos humanos y nos agrada agradar. Sólo el hecho de que alguien se fije en nosotros ya nos predispone para que ese alguien nos guste más; y ese alguien eses tú. Muestra atención a lo que te cuenta, escúchale activamente (con señales verbales o gestos con la cabeza). A los hombres les suele costar más que a nosotras mantener conversaciones íntimas, facilítale las cosas. Tan importante es que tú te des a conocer como que a él le permitas hacer lo mismo.
  • Y, por último… Fomenta el contacto físico. No se trata de que seas tan tocona que acabes incomodando pero sí que es necesario que, de alguna manera, te prepares para “pasar a la acción”. Lo normal, si no has malinterpretado las señales, es que reaccione con agrado ante tu mano en su antebrazo o incluso en su cintura. Después, si llegas a acariciarle la cara, estarás pidiendo a gritos el primer beso.

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Centro de Psicología ’Aprende a Escucharte en Madrid.

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El proceso bioquímico del amor

imagesEl proceso bioquímico del amor

Por Nuria Torres Marcos 

Las relaciones de pareja, el amor y el sexo vienen impulsados por hormonas que invaden nuestro cuerpo y nuestro cerebro provocando numerosas reacciones. Como sabemos en la sexualidad intervienen procesos biológicos, psicológicos y sociales. Hoy nos detendremos en los primeros. 

  • La dopamina – Es la responsable de las emociones propias del enamoramiento, está asociada con el sistema de placer del cerebro. El amor activa el sistema de recompensa del cerebro, que nos impulsa a obtener recompensas y motivarnos a conseguirlas. La dopamina es liberada mediante situaciones naturales gratificantes como puede ser comer o practicar sexo. Es un neurotransmisor que ayuda a focalizar la atención, niveles elevados de esta hormona incrementa la energía y genera hiperactividad reduciendo nuestra necesidad de sueño y apetito. Cuando se perciben adversidades y obstáculos los niveles de dopamina aumentan.

 

  • La testosterona – Esta hormona masculina también presente en las mujeres es la responsable del deseo sexual y cumple importantes funciones en la regulación de aspectos como el humor, el apetito sexual y la sensación de bienestar. El hecho de que las mujeres comúnmente produzcan menos testosterona que los hombres no significa que posean impulsos sexuales menores o débiles. Por el contrario, especialistas señalan que al parecer las células del cuerpo femenino son más sensibles a la testosterona que las del hombre, por lo que a las mujeres les basta un poco de testosterona para estimular la libido, pues además en ellas para el control del deseo sexual también intervienen estrógenos y progestágenos, lo cuales se encuentran más elevados que en el hombre.

 

  • La serotonina – “Hormona del placer”. Es la hormona del humor y del placer. La serotonina inhibe el enfado, la agresión, el apetito y el vómito y regula la temperatura, el humor y el sueño. Adicionalmente – en el ámbito sexual – se libera justo después  de la eyaculación u orgasmo provocando un estado de placer y tranquilidad (dando en ocasiones ganas de dormir)

Cuando las relaciones de pareja se prolongan en el tiempo se produce una sensación de apego, calma, seguridad y unión que es impulsada por la oxitocina en las mujeres, esta hormona también llamada hormona del cariño, se libera en el hipotálamo tras el orgasmo.

En los hombres la vasopresina es liberada durante la eyaculación, y sería la encargada de generar sentimientos de intimidad, apego y disparando su instinto paternal

Todos los ingredientes químicos y biológicos que nos hacen sentir enamorados son prácticamente los mismos que eventualmente nos hacen sentir ansiosos, deprimidos y obsesionados. La frontera entre uno y otro estado es también dinámica y no siempre está clara.

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Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Colegida M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘.

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Por qué el grupo nos influye tanto – El Síndrome de Solomon

AnaVillarubiaLa conformidad social o el Síndrome de Solomon

Por Ana Villarrubia Mendiola

El ser humano es un ser social, que requiere del grupo para desarrollarse en todos los sentidos y que le confiere a los demás una importancia fundamental. Y, precisamente estando en grupo, a las personas por norma general no nos gusta destacar. Nos cuesta “dar la nota” y salirnos de la norma en la medida en la que los demás tienen el poder de ejercer una censura social y esta censura supone una amenaza real para nuestra autoestima. Y esto, a nivel social, tiene importantes implicaciones y graves consecuencias.

El psicólogo estadounidense Solomon Asch, referente imprescindible en el desarrollo empírico de la Psicología Social, investigó ampliamente este fenómeno de adecuación a las normas sociales. Llegó a la conclusión de que puede hablarse de un Principio de Conformidad Social desde el cual no somos tan libres para actuar como a primera vista puede parecer. Nuestro libre albedrío se ve condicionado, en efecto, a hacer prevalecer las normas establecidas.

El Principio de Conformidad explica, por ejemplo, que sigamos las normas sociales aún cuando no hay nadie vigilando que lo hagamos o que tendamos, por prudencia, a callar opiniones disonantes en un grupo en el que la opinión mayoritaria difiera de la nuestra. Según Asch pudo atestiguar, somos incluso capaces de cambiar nuestras preferencias, opiniones y conductas para adecuarlos al que dictamine el grupo de referencia en el que queramos integrarnos o cuya presión sobre nosotros sea significativa. Tal es la influencia que el grupo ejerce sobre nosotros.

Así, el llamado Síndrome de Solomon define esta tendencia a seguir la pauta establecida, a no destacar en el grupo y a no contradecirlo, incluso cuando ello supone atentar contra los valores, las opiniones o incluso las percepciones que uno mismo tiene sobre la realidad.

En definitiva, el miedo a destacar, a ser juzgado como diferente, a hacer el ridículo o a equivocarnos nos lleva a prescindir de nuestra faceta más genuina para adecuarnos a la opinión que las mayorías de referencia quieran promulgar.

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Centro de Psicología ’Aprende a Escucharte en Madrid.

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Una nueva vida después de separarse… ¿Cómo?

Cómo reconstruir toda una vida después de una separación…

 
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Por Ana Villarrubia Mendiola

Toda ruptura sentimental sacude nuestra vida: cambia nuestra perspectiva de futuro, desequilibra nuestra estabilidad emocional y modifica radicalmente nuestras rutinas.

Una ruptura no es el fin del mundo, pero sí que es cierto que puede llegar a ser muy costoso renunciar a todas las ilusiones y necesidades que, de una u otra forma, teníamos depositadas sobre quien era nuestro compañero de vida hasta hace bien poco.

Si estás en esta situación y encuentras demasiado difícil recomponerte tras una separación, trata de seguir estos consejos que te guiarán a través de un sano proceso de “readaptación” a tu nueva situación.

  • No reprimas ninguna de tus emociones. Toda pérdida significativa ha de ser elaborada e integrada adecuadamente. Permítete tu duelo. No es momento para que te preocupes por el qué dirán ni momento de que te avergüences por sentirse triste. Muy al contrario, es momento de buscar apoyo, incluso refugio al principio Necesitas identificar, expresar y liberar todas las emociones – a menudo encontradas – que te asaltan. Es el primer paso para deshacerte de las cargas del pasado e ir integrando, poco a poco, el cambio que esta separación supone para ti.

 

  • Aprende de todo lo que has vivido. Tendemos a pensar que si salió mal fue una pérdida de tiempo o supone un fracaso en nuestro historial. Esto es un disparate. Todo lo que vivimos forma parte de nuestra historia de aprendizaje, todo lo que hemos construido en el pasado forma parte de quienes somos y nos ha ayudado a crecer. Identifica los aprendizajes que fueron posibles, precisamente, gracias al paso por tu vida de esa persona.

 

  • Reconstruye nuevas rutinas basadas en tus objetivos personales y profesionales. Conecta con tus metas y vuélcate en ellas. Te ayudará a reencontrarte con quien siempre has sido y con lo que siempre has peleado por conseguir. Ahora tienes tiempo para centrarte en cosas que, durante la separación, probablemente se vieron afectadas o descuidadas.

 

  •  Emprende, al menos, un nuevo proyecto. Porque de ilusiones sí que se vive cuando éstas no son humo sino que se transforman en acciones coherentes y se materializan de forma concreta en nuestro día a día. Aquello para lo que nunca tuviste tiempo te viene ahora servido en bandeja de plata. Un curso de informática, de cocina, un idioma, o un taller de relajación. Cualquier cosa en la que creas que puedes progresar te sirve para cultivar nuevas motivaciones.

 

  • Rodéate de los tuyos y retoma tus amistades. Mucho del tiempo que se dedica a la pareja es a costa de las relaciones sociales o familiares. En pareja no es que dejemos de lado necesariamente a los amigos pero sí les vemos menos porque muchos de nuestros planes de ocio van asociados a la pareja y nuestro tiempo es limitado. Nunca es tarde para ponerse al día y recuperar el tiempo perdido.

    Tener relaciones gratificantes fortalece nuestra autoestima y nos hace sentir seguros.

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Centro de Psicología ’Aprende a Escucharte en Madrid.

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Adicciones sin droga: ¿Cuándo saber si una conducta es adictiva o no?

Adicciones sin droga: ¿Cuándo saber si una conducta es adictiva o no?

Por Nuria Torres Marcos

Lo que es fundamental para determinar si una conducta es o no adictiva, no es la presencia de una droga sino más bien si estamos ante una experiencia que es buscada con ansia y con pérdida de control por parte del sujeto y que produce una relación de placer/ culpa (Echeburúa y Fernández- Montalvo, 2006).

Todas las conductas adictivas están controladas inicialmente por refuerzos positivos – el aspecto placentero de la conducta en sí- pero terminan estando controlados por reforzadores negativos- el alivio de la tensión emocional especialmente.

La secuencia evolutiva habitual de las adicciones sin droga es la siguiente (Echeburúa, Corral y Amor, 2005):

  • La conducta es placentera y recompensante para la persona.
  • Hay un aumento de los pensamientos referidos a dicha conducta en los momentos en que la persona no está implicada en ella.
  • La conducta tiende a hacerse cada vez más frecuente.
  • El sujeto tiende a quitar importancia al interés por la conducta (mecanismo psicológico de la negación).
  • Se experimenta un deseo intenso- sentido periódicamente- de llevar a cabo la conducta, con expectativas muy altas.
  • La conducta se mantiene a pesar de las consecuencias negativas crecientes. Hay una justificación personal y un intento de convencimiento a los demás por medio de una distorsión acentuada de la realidad.
  • A medida que los efectos adversos de la conducta aumentan, el adicto comienza a tomar conciencia de la realidad y realiza intentos habitualmente fallidos- de controlar la conducta por sí mismo.
  • Lo que mantiene ahora la conducta no es el efecto placentero, sino el alivio del malestar. Ese alivio es cada vez de menor intensidad y de más corta duración.
  • El sujeto muestra una capacidad de aguante cada vez menor ante las emociones negativas y las frustraciones cotidianas. Las estrategias de afrontamiento se debilitan debido a la falta de uso. De este modo, el comportamiento adictivo se convierte en la única vía para hacer frente al estrés.
  • La conducta adictiva se agrava. Una crisis externa- las malas notas, una bronca familiar, una crisis con los amigos, etc- lleva al sujeto o la familia a solicitar tratamiento.

Como consecuencia de todo ello, los comportamientos adictivos se vuelven automáticos, emocionalmente activados y con poco control cognitivo sobre el acierto o el error de la decisión. El adicto sospesa los beneficios de la gratificación inmediata pero no repara en las posibles consecuencias negativas a largo plazo.

Las adicciones sin drogas o comportamentales funcionan, en unos casos, como conductas sobreaprendidas que traen consigo consecuencias negativas y se adquieren a fuerza de repetir conductas que resultan en principio agradables; en otros, como estrategias de afrontamiento inadecuadas para hacer frente a los problemas personales (por ejemplo, estar encerrado con la música o conectarse a Internet para hacer frente a la ansiedad y el aburrimiento).

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Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Colegida M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘.

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El poder de una sonrisa

UnknownEl poder de la sonrisa

Sonreír está considerado como una de las señales universales que indican que una persona se siente feliz. Ya desde que nacemos aprendemos que llorar nos permite llamar la atención mientras que la sonrisa nos sirve para que los otros permanezcan a nuestro lado.

El profesor Paul Ekman, de la universidad de Kentucky, diseñó un Sistema de Codificación de la Acción Facial que le permitió distinguir entre sonrisas falsas y genuinas. Este autor revela que las sonrisas genuinas son un resultado del cerebro inconsciente, lo que significa que son automáticas:

Cuando una sonrisa es genuina la parte carnosa del ojo situada entre la ceja y el parpado se mueve hacia abajo y el extremo de las cejas se hunde levemente.

Con la sonrisa comunicamos que no somos una amenaza para el que tenemos delante provocando una devolución inmediata de la misma. Por ello es importante que la sonrisa forme parte de nuestro repertorio de lenguaje del cuerpo, aunque a veces no tengamos ganas de hacerlo, ya que influye directamente en las actitudes y respuestas de los demás. Los estudios demuestran que la mayoría de los encuentros funcionan bien, duran más tiempo, tienen resultados más positivos y mejoran las relaciones cuando la sonrisa se convierte en un hábito establecido.

Por otro lado, es bien sabido que la sonrisa, la risa, y el sentido del humor ocupa siempre los primeros puestos en la lista de prioridades que elegimos cuando buscamos pareja “Las mujeres ríen ante los hombres por los que se sienten atraídas, mientras que los hombres se sientes atraídos por las mujeres que ríen con ellos”.

Otro de los beneficios de este gesto tan conocido, es la capacidad para “engañar” al cuerpo ayudando a mejorar su estado de ánimo y aliviando el estrés acumulado, debido a que genera endorfinas y potencia la serotonina que permite a nuestro Sistema Nervioso Central modular estados negativos.
Sonreír, también nos permite sentirnos más confiados y seguros, aumentando la probabilidad de producir en nuestro cerebro mensajes más positivos.

Así que, ¡SONRÍE!

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No le caigo bien a mi jefe… ¿Qué debo hacer?

¿Qué hacer si sospechas que no le caes bien a tu jefe? Tanto si es cierto como si no, sigue leyendo..

AnaVillarubiaPor Ana Villarrubia Mendiola

A todos nos gustaría llevarnos bien con todo el mundo y caer bien a los que nos rodean. Desgraciadamente esto sólo podría ocurrir en un mundo ideal.

Siendo asertivo y respetuoso en todos los contextos en los que nos movemos, nuestra responsabilidad está cubierta. Tratándose del ámbito laboral, a la asertividad y al respeto cabría añadirle otros atributos como la seriedad y la diligencia (además de alguna que otra habilidad concreta en función del tipo de trabajo que llevemos a cabo). Poco más podemos hacer.

A partir de ahí los factores por lo que a los demás podemos no caerles en gracia escapan a nuestro control. Desde tus ideas o tu forma de comunicarte hasta tu forma de vestir y los prejuicios que a ello se asocien. Lo que no tiene sentido es dejar de ser tú para caerle bien a otro, pues eso te convertiría en una marioneta al servicio de presiones externas ingobernables y siempre cambiantes; una vida condenada a la frustración y la insatisfacción.

¿Importa de verdad caerle bien a ese/a jefe/a tuya? Probablemente no llegues a saberlo nunca a ciencia cierta, mientras la relación siga siendo estrictamente profesional (y de eso es de lo que se trata, que se mantenga así por muchos años). Una enorme cantidad de señales son susceptibles de ser malentendidas cuando no se analizan en su adecuado contexto: un gesto de autoridad que se confunde con desprecio, órdenes que se transmiten desde más arriba y parecen castigos o decisiones impopulares a las que el cargo obliga.

La relación jefe-empleado no se rige por las mismas leyes de reciprocidad que otras relaciones interpersonales. La relación entre tú y tu jefe/a es, por naturaleza, desigual.

Por ello no puedes llevar al ámbito personal ninguno de sus gestos, todos ellos pertenecen al ámbito del trabajo y allí deben quedar. Se relaciona contigo como empleado/a, no contigo como amigo/a. Por eso, tanto si hay buena sintonía como si no la hay, tu margen de actuación es relativamente limitado y acaba donde empieza el ejercicio de tus responsabilidades profesionales. Nada más puedes hacer a parte de seguir siendo un/a empleado/a ejemplar y encargarte, en la medida de tus posibilidades, de que todas tus tareas salgan adelante con la mayor pulcritud posible.

Si esa persona de verdad te interesa, ya habrá tiempo, más adelante y en otro contexto, de entablar otro tipo de relación. Si por su parte no surge una relación más distendida, será necesario que aceptes que él/ella no lo quiere así.

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Centro de Psicología ’Aprende a Escucharte en Madrid.

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Ciberacoso: ¿Cuándo debo preocuparme?

¿Qué es el ciberacoso?

Por Nuria Torres Marcos

foto artículo de estrategias de afrontamientoEl ciberacoso se puede definir como “la acción de acosar a otra persona mediante el uso de medios digitales”. En consecuencia, el ciberacoso se convierte en una problemática aún más grave cuando existe la implicación de menores.

El ciberacoso escolar o ciberbullying es un tipo concreto de ciberacoso aplicado en un contexto en el que únicamente están implicados menores. Se puede definir el ciberbullying de una manera sencilla y concisa como “el daño intencional y repetido infligido por parte de un menor o grupo de menores hacía otro menor mediante el uso de medios digitales” (Hinduja y Patchin,2009).

El ciberbullying comparte características con el acoso escolar tradicional, aunque debido al medio en el que se desenvuelve presenta otras características que lo convierten en una forma significativamente distinta de agresión. Este estilo de agresión tiene un efecto desinhibidor sobre los comportamientos propiciando que se actue de manera impulsiva sin pensar en las consecuencias (Salmerón Ruíz, M.A; Blanco Sánchez, A.I; Ransán Blanco, M):

  • El autor puede ocultar su identidad fácilmente. Este supuesto anonimato de Internet puede alimentar la sensación de poder sobre la víctima, provocando en ocasiones el inicio de conductas abusivas. Así mismo, algunos de los acosadores llegan a pensar que sus comportamientos son normales y socialmente aceptados, especialmente cuando se desarrollan en grupo generándose una reducción de la autoconciencia individual.
  • La distancia física que permiten interponer las tecnologías debilita las actuaciones sociales facilitando la desinhibición de los comportamientos. Además, el escenario virtual también limita en gran medida la percepción del daño causado dificultando el desarrollo de la empatía, tan necesaria para que el acosador ponga fin a tales comportamientos.
  • El uso de dispositivos móviles permite a los acosadores acceder a la víctima desde cualquier lugar y a cualquier hora, provocando una invasión de su espacio personal, incluso en el propio hogar. Mientras que con el acoso tradicional la víctima podía encontrar cierto alivio y reparo emocional al distanciarse del agresor, el ciberacoso permite que la agresión o victimización sea de 24 horas los 7 días de la semana.
  • Otro aspecto que hace al ciberbullying tan problemático es que las nuevas tecnologías permiten que contenidos dañinos tengan una gran viralidad alcanzando a una gran cantidad de personas rápidamente. Los contenidos una vez publicados y compartidos en redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea se hacen incontrolables, imposibilitando que la víctima tenga conocimiento de quien lo ha podido ver o quien tiene copias del mismo y no se pueda estar seguro de que el evento se ha contenido y no se volverá a repetir. Estas características únicas del ciberbullying implican que el acoso en la red se lleva a efecto de una forma más sistemática y estable, provocando un mayor impacto sobre la víctima, que ve acentuado su sufrimiento al aumentar su indefensión ante la situación.

Por lo tanto, el ciberbullying es un fenómeno preocupante dada la relativa novedad que supone en el comportamiento de los menores y con las consiguientes dificultades que pueden generar su detección, abordaje y tratamiento.

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Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Colegida M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘.

 

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