¿Navidades (conflictivas) con la Familia? ¡Tengamos la fiesta en paz!

santaclausmarPor Ana Villarrubia Mendiola

Reuniones y compromisos familiares vienen a menudo de la mano del CONFLICTO. Así lo hemos experimentado otros años y así anticipamos que ocurrirá en los venideros. No sabemos qué pasa exactamente pero en cuanto se planifican compromisos familiares surgen tensiones y rencores,  se rememoran episodios desagradables del pasado y afloran trapos sucios.

A veces, la anticipación de una reunión familiar despierta nuestras más profundas fobias y ambivalencias: “¡Menuda la que lió tu madre el año pasado!”, “¿Cómo voy a dejar solos a mis padres con el año que han tenido?”, “No puedo no ir en Navidad, es una tradición familiar a mi madre le daría un disgusto”, “Es el único momento en el que nos juntamos los hermanos”.

Formar una familia implica conjugar con delicadeza dos sensibilidades, tradiciones y maneras distintas de entender la estructura familiar, dos conceptos de relación que pueden llegar a ser opuestos. Cuando hablamos de compromisos navideños el número de intereses en conflicto se multiplica exponencialmente.

¿Qué podemos hacer? ¿Nos resignamos a la cantinela de todos los años y sacrificamos el bienestar de nuestra pareja o intentamos tomárnoslo con más filosofía en esta ocasión? ¡NO! ¡Tengamos la fiesta en paz! Y hagamos de ella el espacio de encuentro que está llamada a ser..

En primer lugar, es necesario ajustar expectativas. Uno ya se conoce a si mismo y ya conoce a los demás. Ya sabe qué cosas no va a ser capaz de aguantar de la familia del otro, ya sabe que odia cómo se pone su suegro de pesado cuando bebe, cómo su suegra le mira haciendo juicios de valor, cómo presume la insoportable de su cuñada, etc.

No tiene razón de ser que te indignes una y mil veces por lo mismo. Lo que es probable que ocurra en una reunión familiar navideña es “lo de todos los años”, y si fulanita tiende a comportase de una determinada manera lo más probable es que lo repita, por lo que es mejor estar preparado, ir con la sensación de que uno controla el terreno porque lo conoce y que en nuestra mano no está cambiar a nadie, tan solo tener la fiesta en paz. No puede sorprendernos lo que el otro hace si es lo que siempre tiende a hacer.

En segundo lugar es necesario hacer todo un trabajo personal de preparación, librándonos de mensajes internos que disparan el malestar y avivan los nervios. Es necesario rebatir pensamientos negativos asociados los demás y a la situación. Nos condicionamos a nosotros mismos con los mensajes que nos autoenviamos: “esto no lo aguanto“, “no lo soporto más“, “por qué tengo yo que dedicar tiempo de mi vida a esta gente que no siento como familia mía“, “mi familia es mucho más cariñosa“, etc.

Cambiar todo eso por un discurso del estilo: “es una decisión que ya he tomado, ya he decidido venir, así lo hemos acordado, y por tanto lo mínimo que puedo hacer es tratar de no amargarme la noche a mi mismo más de lo necesario” nos ayuda a soportar mejor las situaciones y nos elimina el factor ansiógeno que nos imponemos a nosotros mismos. Fuera mensajes negativos (que sí somos capaces de controlar aunque no lo creamos), es decir, fuera calentamientos innecesarios. Entrenarnos en el control de nuestros propios pensamientos y sustituir pensamientos negativos por otros más adaptativos es un trabajo de autorregulación y tiene un poder terapéutico enorme:  nos proporciona una mayor sensación de control sobre las situaciones difíciles.

De manera paralela, podemos hasta ponernos una hora de salida mental, es decir, pensar una hora mínima, razonable y consensuada con la pareja hasta la que es educado quedarse y a partir de ahí considerarse libre para abandonar la reunión y dar por terminada la experiencia. Cuando la gente hace esto se sorprende al ver que siempre se queda más tiempo del que había pensado y que las cosas al final no habían estado tan mal. Darnos una prórroga y planificar el tiempo nos ayuda a sentir que no estamos perdiendo el tiempo, nos da una vez más la valiosa sensación de control sobre lo que hacemos.

La planificación es un elemento clave. Planificar las reuniones familiares tiempo antes de las navidades es de gran utilidad, y no con la presión del tiempo que se nos echa encima y la invitación que tenemos que aceptar o declinar con fecha límite muy cercana. Desde ya, con unas semanas de por medio, os recomiendo organizar una cena o tener una conversación tranquila  con el objetivo de planificar. Ahora que aún hay tiempo y el calendario no presiona es un buen momento para organizar el mundo Navidades y llegar a un acuerdo de pareja, es decir, desde nuestra familia creada. Un acuerdo nuestro y no sujeto a manipulaciones de ninguna de las dos familias, dividiendo el tiempo entre las obligaciones de una y otra familia de manera razonable, sin olvidarnos de dejarnos algo de tiempo para disfrutar en pareja o con los hijos.

Si se tiene la mala experiencia de otros años, recomiendo a la parejas que firmen este acuerdo por escrito, normalmente delante de mi cuando se trata de una pareja en consulta. Esto luego elimina la posibilidad de sentirse presionado, de arrepentiste, de sentir que se ha hecho o accedido a hacer algo que no se quería. se trata, en definitiva, de tomar una decisión razonada en un contexto seguro y tranquilo en el que uno es responsable de lo que acuerda y luego se compromete a ello, como un compromiso más pero sin el enfado añadido porque se es consciente de que se ha decidido libre y voluntariamente. Si uno se arrepiente que lo utilice para negociar de manera diferente el acuerdo siguiente: las siguientes vacaciones, las siguientes lo que sea. Pero ese ya está firmado.

Feliz noche y feliz día de Navidad a todos.

 

Ana Villarrubia Mendiola dirige la consulta de psicología ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.

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