Halloween y los difuntos – ¿Por qué necesitamos acordarnos de los muertos?

 

 

AnaVillarubiaLos rituales entorno a la muerte, una necesidad psicológica

Este fin de semana se celebra la noche  de Halloween, el Día de los Difuntos, el Día de Todos los Santos o el Día de los Muertos. No importa en qué cultura nos fijemos o cómo lo llamemos, lo cierto es que en cada rincón del mundo se suceden rituales periódicos cuyo fin no es otro que honrar el recuerdo de los que ya han fallecido. Tendemos a evitar las emocione negativas y, con ello, estigmatizamos la tristeza. Sin embargo, durante unos días o unos instantes, ésta es la única emoción que somos capaces de experimentar.

Y es que la tristeza forma parte indisociable de la vida y, como emoción básica que es, no se apodera de nosotros aleatoriamente sino que nos asalta siempre con un objetivo, cumple una función. La tristeza es la emoción que subyace a la pérdida y, gracias a ella, se hace posible integrar la pérdida como parte de la vida. A través de la tristeza le decimos al mundo que necesitamos un tiempo para nosotros, que nos ha sucedido algo de lo que no podemos huir y cuyo impacto es necesario elaborar con detenimiento. Todo proceso de duelo conlleva una importante dosis de esa tristeza “saludable” y necesaria que nos invita a la reflexión y nos facilita la introspección. La tristeza viene de la mano de la ausencia; esa ausencia con la que, poco a poco, no tendremos más remedio que convivir.

Porque, además, son muchas las pérdidas que acumulamos con el paso del tiempo. Dejamos atrás toda una serie de procesos vitales, dejamos años, dejamos etapas, dejamos momentos, rutinas, relaciones de amistad, vínculos afectivos, profesiones, casas, roles… Las pérdidas más obvias suelen ser también las más dolorosas pero no son las únicas para cuya elaboración necesitamos del duelo, con todas las etapas y las emociones que éste conlleva. Con todo lo que vamos dejando atrás dejamos también una pequeña gran parte de nosotros mismos. Vamos dejando atrás parcelas de nuestra propia identidad que, sabemos con certeza, es posible que no volvamos a recuperar nunca.

En el contexto de las pérdidas más duras, las de los seres queridos que nos han acompañado a lo largo de la vida y han contribuido a construir la persona en la que hoy nos hemos convertido, todo ritual entorno a la muerte favorece la elaboración de la pérdida. Lejos de ser un escenario forzado, como a primera vista puede parecer, los rituales entorno a los difuntos (o, por extensión, entorno a la celebración de la vida también) representan un escenario para el recuerdo y la integración de la ausencia en el momento presente. La familia reunida entorno a unos buñuelos de viento, la misa, las flores en el cementerio, el culto a las vacas (que transportan el espíritu de los difuntos desde la cultura hindú) o incluso la limpieza de las tumbas u otros rituales entorno a la conmemoración de la vida (en culturas asiáticas y budistas), son escenarios para el recogimiento y para el recuerdo, escenarios en los que la pérdida se hace presente al tiempo que nos permitimos convivir con la ausencia.

Por eso, de una manera o de otra, desde un culto o desde ninguno, nos reunimos en algún  momento del año entorno al recuerdo de quienes ya no están. Permítete estar triste, permítete recordar con añoranza, permítete vivir sin su presencia.

 

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Centro de Psicología ’Aprende a Escucharte en Madrid.

 

 

 

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