El valor de lo negativo: Nuestros ángulos ciegos

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Por Marga Gutiérrez del Arroyo.

Estamos dispuestos a ver lo más sombrío de una situación pero solo nos interesa su valor positivo. Lo negativo en nosotros tiene derecho a coexistir con lo positivo en nosotros. Sin embargo, casi siempre asumimos que tenemos un ángulo ciego y no deseamos ampliar nuestra visión hasta terminar con él. ¿Ignoramos estos ángulos ciegos para no sufrir por su existencia? A la larga ¿Eso nos ayuda o nos limita?

Algunas veces, las imposiciones externas de tipo negativo nos llevan a conclusiones poderosas: Al perder un trabajo, muchas personas aprovechan esta imposición externa para intentar acercarse a lo que siempre quisieron dedicarse. Personas que al pasar por una experiencia médica difícil y sobrevivir a ella, dicen apreciar la vida de otra manera, y saber priorizar lo verdaderamente importante.

Otras veces, sin embargo, no es una imposición externa: es el devenir de la Vida la que nos lleva a alimentar el deseo de los ángulos ciegos, el baúl del altillo que no queremos abrir, que sabemos dónde está y lo que contiene pero no queremos abrirlo.

Como dice Gregg M. Furth en su libro “El secreto mundo de los dibujos”:

Cuando nos esforzamos por ver solamente lo positivo, desvalorizamos los elementos negativos ¿Lo hacemos por temor a descubrir nuestro aspecto negativo? ¿Por qué no tratar de descubrir lo malo que hay en nosotros y dejar que siga siendo malo? Este intento absurdo de modificar o transformar lo negativo que hay en nuestro interior es una negación de la vida. Si solo nos interesa lo bueno, vivimos una vida incompleta. No se puede cambiar algo a menos que se lo acepte tal cual es, como es.

¿Para qué sirven determinadas emociones? ¿Para qué sirve la Ira con lo bien que se está relativizando lo desagradable y viviendo en amor y compañía? La Ira puede servir como toque de atención, como despertar ante algo que inconscientemente no nos gusta, como una máscara que pone en evidencia una tristeza subyacente, como una llamada de atención a los derechos de uno mismo… La ira no es agradable, no es positiva, y sin embargo, desencadena una suerte de oportunidades para mejorar la situación de uno mismo. Como dice Gregg M. Furth en el citado libro:

El negar su derecho a la existencia o rodearla con una valla como si fuera algo despreciable, frena nuestro desarrollo personal.

La información es poder, y para ser capaces de generar un cambio debemos ser capaces de mirarnos en un espejo que no distorsione lo que somos (ni amplificándolo ni minimizándolo) para desde esa información precisa y veraz, podamos tomar la dirección que deseemos. Este proceso es el que algunas personas viven a través de una situación drástica y difícil y otras a través de un análisis personal profundo. Os animamos a que busquéis un buen espejo como trampolín para vuestro propio crecimiento y beneficio.

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Marga Gutiérrez del Arroyo es Psicóloga Infantil en el Centro de Psicología ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.

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