Disciplina: ¿Mejor pasarse o quedarse corto?

Por Ana Villarrubia Mendiola.

Lo difícil es saber gestionar la educación de los hijos de acuerdo a un punto de equilibrio: entre ser apoyo y ayuda, por un lado, pero ser a la vez figura de autoridad, por el otro. Quizá veníamos de un modelo educativo excesivamente rígido pero la solución no es adoptar la vía exactamente opuesta.

El padre y la madre como figura de autoridad dotan de seguridad al niño siendo un soporte emocional constante y mostrando aceptación incondicional. Al mismo tiempo, son también ellos quienes han de imponer límites firmes en determinados campos que son los que en definitiva al niño le dotan de valores y le guían. Los límites, que tanto cuesta a veces poner, es en el fondo lo que los hijos más necesitan y en el futuro más agradecen.

No sobreproteger no es desproteger…

Es difícil recomendarle a un padre o a una madre que deje a su hijo equivocarse y que le permita experimentar las consecuencias negativas de ello. Ayudar a un hijo en todo lo posible parece que es la tendencia natural y esto no es criticable en sí mismo de ninguna de las maneras.

Lo que sí es necesario es prevenir daños mayores a largo plazo y por eso es imprescindible encontrar un punto de equilibrio entre la sobreprotección y la desprotección. Ambas, en exceso, resultan ser igualmente perniciosas en el desarrollo psicológico del niño y futuro adulto.

Una cosa es ayudar y otra muy distinta es no permitirle al niño que de manera genuina resuelva a su modo nada en absoluto. El niño, siempre de manera coherente con su nivel de desarrollo y sus capacidades, debe de ir resolviendo los problemas en los que se mete y asumiendo responsabilidades de manera progresiva en las que él sea y se sienta autónomo,

Entonces, ¿cuáles son los límites de la disciplina en la educación?

El problema ha estado en pasar de “la letra con sangre entra” a sentir casi lástima por el hijo o no saber enfrentarse a él y por tanto recurrir a la más laxa de las actitudes. Al final las consecuencias psicológicas de un modelo educativo excesivamente autoritario y las consecuencias de un modelo educativo excesivamente permisivo tienen muchas similitudes: no promueven la asunción de responsabilidades, no permiten construir una autoestima sana, no transmiten seguridad, no fomentan la autonomía, no facilitan un proceso madurativo adecuado…

La más absoluta libertad sin límites es falsa y al final te hace inútil en la toma de decisiones y en el manejo de las responsabilidades que el desarrollo vital conlleva. Pero si me lo dan todo hecho y las reglas son tan rígidas que nada es negociable y ante nada puedo actuar par cambiar las cosas, paradójicamente acaban produciéndose mecanismos similares: no existe motivación ninguna y no pongo en marcha ni desarrollo ninguna estrategia de afrontamiento porque no me hace falta. Una vez más, todo es cuestión de equilibrio.

El estilo más democrático en el que se van concediendo libertados en función de su capacidad para ser gestionadas con autonomía es el modelo que mejor asegura la salud psicológica del futuro adulto.

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid

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