Cómo educar niños resistentes a la frustración y más resilientes

¿Cómo ayudo a mi hijo a que resista mejor la frustración?

Por Ana Villarrubia Mendiola

Foto artículo límitesSi a los niños es cuesta resistir la frustración y tolerar a incertidumbres el principal error de los padres es que ellos no toleran en ninguna medida el sufrimiento del niño. Igual que la fiebre o el dolor físico son necesarios como síntoma de que algo no funciona bien en el organismo, el dolor emocional es también algo con lo que debemos convivir pues nos indica que algo de nuestra esfera cognitiva, social, emocional o conductual no está funcionando y merece nuestra atención, merece ser resuelto. Para cambiar, para mejorar, para desarrollarnos a cualquier nivel, no podemos obviar el dolor como parte de la vida y debemos permitir que los niños aprendan también cual es su función y, por supuesto, cómo enfrentarse a él de manera adaptativa para ellos.

Los padres antes que padres de sus hijos son personas que se mueven en contextos cambiantes que a ellos también les plantean retos y para cuyo afrontamiento pueden tener dificultades. Por ello es necesario que los padres no se fusionen con los hijos y les dejen ensayar sus propias estrategias y desplegar sus propias respuestas: ni todos los éxitos del hijo sin atribuibles la padre ni todos los fracasos lo son tampoco.

Desde que el niño deja de guiarse por sus reflejos mas primitivos y sus necesidades más primarias y pone la mirada en el otro los padres adquieren un papel incuestionable en su desarrollo. Desde muy temprano el niño empieza a expresar sus deseos y su voluntad empieza a imponerse, a pedir, a exigir y a decir no.

DESDE ESTE MOMENTO SE HACE NECESARIO EMPEZAR A GESTIONAR EL ‘NO’ Y LA FRUSTRACIÓN SUBYACENTE.

¿Qué cosas pueden hacer los padres?

Si dirigimos la mirada al mundo de los adultos no hay mas que observar cómo nos compartamos a veces al volante, en la cola del supermercado, en una comida familiar o ante una disputa en pareja. Todo lo que hacemos en situaciones conflictivas no siempre es lo más adecuado: hay mucha situaciones en las que mostramos todas nuestras debilidades y por supuesto no somos el mejor ejemplo. por aquí deberíamos empezar: por ser ejemplo de tolerancia, ejemplo de capacidad para demorar los refuerzos, ejemplo de paciencia, modelo de búsqueda de soluciones alternativas, y ejemplo de aceptación de las limitaciones y de las circunstancias.

La sobreprotección del niño y la resolución d todos su problemas es un impulso incorregible pero no beneficia en absoluto al niño. Se pueden dar soluciones pero no LA SOLUCIÓN, esto es, la única solución posible sin margen de error ni posibilidad de elección. Aunque cueste verle equivocarse, también se puede y se debe exponer al niño a la toma de decisiones en situaciones cotidianas que él sea capaz de manejar.

Podemos enseñarle al niño que el refuerzo no es solo “aquí y ahora”. Se puede manejar el refuerzo de manera demorada, no inmediata, y además no vinculada siempre a lo material. Es una realidad que los refuerzos sociales y afectivos contribuyen al desarrollo de una autoestima más sana y por tanto a la construcción de una persona más resiliente y resistente ante las adversidades.

Sin embargo, no toda la responsabilidad es de los padres….

No olvidemos la importancia del contexto social en el que nos desarrollamos. Y no olvidemos tampoco que, por desgracia,  los niños de hoy se educan en la sociedad de la inmediatez.

Este es uno de los mayores enemigos de la resistencia a la frustración: la responsabilidad de padres y educadores aquí es enseñar que los refuerzos que se esperan ante una determinada conducta pueden no llegar, pueden ser distintos de los esperados o pueden llegar de forma demorada.

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid

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