Mujeres y hombres: diferentes códigos eróticos.

DSC_0236Mujeres y hombres: diferentes códigos eróticos.

 Por Nuria Torres Marcos

Como ya hemos comentado en post anteriores nuestra sociedad ha determinado en gran medida nuestra manera de vivir la sexualidad, educándonos de manera distinta a hombres y mujeres y dando una mayor prioridad a los intereses y necesidades de la figura masculina. En materia sexual se diferencian dos grandes formas de percibir las sensaciones, de manifestar el erotismo, de desear y de comportarse sexualmente

En la erótica de la mujer, según comenta Fina Sanz, doctora en sexología, destaca lo que la autora llama globalidad, que es la capacidad de disfrutar del cuerpo en su totalidad. El cuerpo produce placer porque es algo que han desarrollado durante el proceso evolutivo con otras mujeres (hacerse cosquillitas, tocarse el pelo…). Por otro lado, la sexualidad del hombre es básicamente genitalista porque los mensajes recibidos han centrado su atención en esa parte del cuerpo. Esto implica que en muchos de los casos esas ganas de tener relaciones sexuales se traduzcan en querer penetración, en querer un orgasmo como forma de descarga y liberación de tensiones lo cual puede chocar con la persona que tenemos en frente que busca una forma más general de disfrutar de su erótica, derivando así “problemas sexuales en la pareja”.

¿Querer romper con la rutina sexual centrada en los genitales y dejar de hacer lo de siempre porque “esto ya me lo sé” no es desear? ¿Querer conquistar otro cuerpo desde la exploración sin mapa ni lugar al que llegar, tampoco lo es? Todas las personas necesitamos recibir y dar afecto, sentirnos deseados, desear, jugar, experimentar… Pero a unos y a otras se nos educa para que sintamos que somos intrínsecamente diferentes y con necesidades dispares. Desde ese rol que se nos atribuye, en el que ya viene determinado cómo debemos comportarnos y sentirnos, tanto dentro como fuera de la cama, se hace difícil reclamar sentir lo que no es propio de la condición que nos ha sido dada ya que si es así podríamos estar sufriendo “Deseo sexual inhibido”.

Debido a estos aprendizajes culturales y psicosociales muchos son los hombres que desconocen esta otra forma de vivir sus relaciones contribuyendo al deterioro general de la relación. Productos culturales como el porno, las novelas o el cine pueden influir en el deseo sexual físico y emocional por dotar de mayor importancia al coito, a un ideal de belleza intima poco realista, a reacciones desmesuradas y exageradas y a comportamientos masculinos carentes de caricias.

De esta manera, la falta de preámbulo y de caricias se continúa con una posición de coito tradicional casi mecanizada que pueden acabar concluyendo con el fingimiento del orgasmo. Naturalmente esta cultura impuesta también afecta a la mujer, que vive un rol en el que tiene que cumplir con “una obligación inapetente”, que no hace otra cosa que mantener la monotonía de la sexualidad. Esto a su vez dificulta el acercamiento necesario para mejorar la comunicación y para que cada uno se enriquezca con las diferencias del otro. El desconocimiento de los gustos, apetencias y necesidades del otro impide conseguir la complicidad que nos hace sentirnos pertenecientes a un mismo equipo.

 

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Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Colegida M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘.

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