Lo que nos dice de Pablo Iglesias su comunicación no verbal

Por Ana Villarrubia Mendiola.

Su facilidad discursiva y la convicción ideológica que le valió el fichaje inicial por LaSexta, el que iniciaría su trayectoria pública en este país, chocan con su notable ausencia en los medios de comunicación y debates políticos televisados de los últimos meses. Las arenas en las que en un principio se atrevió a torear se volvieron movedizas para alguien que, pese a las apariencias, no pierde nunca el control de sí mismo, no gusta de enfrentarse a la incertidumbre (a quien sí…) y que se muestra irritado frente a las improvisaciones fuera de guión.

Incluso teniendo argumentos ideológicos para rebatirla, la crítica parece descolocarle pues la devuelve a veces con más torpeza de la que sería esperable para un orador de su talla. Aborda los mítines en el mismo registro que el debate a dos, con expresión facial siempre controlada, rictus serio y tenso, y ceño ligeramente fruncido. Pese a las apariencias de enfado, esta puesta en escena es más típica del control sobre el mensaje que quiere transmitir y de la concentración que todo mecanismo de control requiere que de una reacción visceral de enojo.

Por eso, quizá, no deja nunca lugar a la improvisación o a la auto revelación más relajada.

En este sentido, su postura estática y sus movimientos de manos igualmente rígidos, apoyan un discurso convencido pero no por ello menos controlado.

Tan solo se le ha visto más flexible y distendido hablando de cine, lo que para él no supone ni ligereza ni auto exposición alguna, pues se trata de un campo que controla ampliamente y en el que juega también sobre seguro.

Denota también autocontrol cuando se le rebate una idea y espera con expresión tensa e inamovible para rebatirla, con la mirada vacía de quien está pensando más en su discurso que en escuchar el argumento del adversario; a quien, por cierto, con su gesto de asco o repugnancia (con el labio superior tenso y haca arriba, y la mandíbula ligeramente caída) desacredita.

La sonrisa también es controlada, y más se asemeja a la sonrisa de alivio (más tensa y comedida) que a la verdadera expresión de una emoción grata.

Se muestra habitualmente seguro de sí mismo, lo que nunca es negativo hasta que se convierte en apariencia autoritaria (manos tensas, hombros hacia delante, dedo señalador) y puede llegar a generar desconfianza.

Todo un dominio controlado y ágil de la retórica que valdría la pena poder examinar sin el nivel de alerta que le supone la cámara siempre delante.

firma grande

Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid

Artículo originalmente publicado en La Razón el sábado 28 de marzo de 2015.

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