Sobrepasados por nuestras propias exigencias

828020.TIFAbrumados por nuestros “deberías”

Por Nuria Torres Marcos

En nuestro día a día nos enfrentamos con constantes obligaciones y cosas que hacer, decir o pensar: “debería ser puntual”, “debería ser más positivo”, “debería perder unos kilos”, “debería llamar a mi madre a ver cómo le ha ido el día”, “debería dar las gracias”… Pero estos “debería” pueden tomar fuerza y peso hasta convertirse en terribles leyes inquebrantables que rigen nuestra forma de vida, nuestra forma de pensar e, incluso nuestra propia felicidad: “debería tener el cuerpo perfecto”, “debería ser el mejor de la clase”, “debería ganar todos los premios”…

El verbo “deber” según la RAE, es el estar obligado a algo por ley divina, natural o positiva, tener una obligación de corresponder a alguien en lo moral o cumplir obligaciones nacidas de respeto, gratitud u otros motivos. Tenemos que pararnos a pensar el medio por el cual nos exigimos esa obligación presente en nuestra vida.

Normalmente, estos pensamientos se nos instauran de bien pequeñitos por lo que observamos en nuestro ambiente. Por supuesto, se nos habrán quedado más arraigados aquellas enseñanzas que hayan sido transmitidas por figuras de autoridad o de aprendizaje (padres, abuelos, hermanos, profesores,…). Aunque también pueden deberse a interacciones más sociales como el círculo de amigos (sobre todo en la adolescencia), los medios de comunicación, la sociedad, etc.

Para convivir en sociedad se han ido creando unas normas sociales para hacer más armoniosa la vida en común. El seguir estos dictámenes viene de muy atrás, remontándonos a la necesidad de vivir en grupo por primitiva supervivencia: el ser humano en solitario tiene menos posibilidades de salir adelante que si lo hace en grupo. Por este motivo, buscamos el seguir las reglas sociales para ser aceptados en la comunidad y así sentirnos seguros. Normalmente, estos “deberías” no suelen ser los que más perjudiciales, sino que simplemente son aquellos que nos limitan de llevar a cabo ciertas conductas o de decir ciertas cosas.

El miedo suele ser una emoción que mueve de forma imperiosa al ser humano, por no decir la que más. Este viene ligado con el punto anterior de las normas sociales: si tememos que al no realizar el “debería” podemos vernos afectados negativamente, llegando al punto de alcanzar aquello que nos da miedo, siempre tenderemos a preferir llevarlo a cabo aun privándonos de algunas cosas.

La culpa también es un aspecto puramente social que promueve los “debería”. De nuevo, está claramente influido por la convivencia humana en comunidad pues estos remordimientos se crean a través de ella. Si nos paramos a mirar en la naturaleza, ningún animal tiene sentimiento de culpa, solamente los humanos hemos desarrollado esta emoción, incluso llegando a inculcársela a algunos de nuestros animales de compañía. En otras, palabras, la culpa es de origen social, no natural. Además, la culpa suele ser una moneda de cambio o chantaje para conseguir cosas o hacer sentir mal a los demás: si realizamos el “debería” no nos sentiremos culpables.

Pocas veces encontraremos que esos “deberías” contribuyan a que seamos más felices, pues no dejan de ser obligaciones y cosas que realmente no nos gusta hacer. Paramos a pensar en el por qué hacemos lo que hacemos nos permitirá tener más consciencia de estos “deberías” insanos, para poder discutirlos y eliminarlos.

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Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Colegida M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘.

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