Tengo un tic nervioso, ¿puedo tratarlo? ¿se “cura”?

Por Ana Villarrubia Mendiola.

Los tics nerviosos, pese a su carácter automático y aparentemente ajeno al control de quien lo realiza, se consideran de carácter voluntario. Esto es así porque tanto desde el punto de vista cognitivo como desde el punto de vista conductual, la persona puede llevar a cabo distintas acciones (como por ejemplo, tareas distractoras) para inhibir su aparición. En definitiva, no es tarea sencilla pero los tics nerviosos se tratan y pueden eliminarse con éxito; para alivio de quienes los “padecen y sufren”.

UnknownSi pueden extinguirse mediante una intervención conductual entonces los tics nerviosos también pueden aprenderse. Efectivamente este es el origen de su aparición. El tic aparece ante una determinada situación que genera ansiedad (al ante una audiencia, al defender una opinión frente a otros, al sentirse evaluado…) y supone para quien lo realiza una liberación de esa tensión. Supone, por tanto, un pequeño alivio de la ansiedad. Aunque muy escaso, este alivio es positivo para la persona que automatiza el tic nervioso y canaliza a través de éste su malestar ante determinadas situaciones. El tic se “ancla” así y pasa a formar parte del repertorio de respuestas habituales de las que la persona dispone.

Si todo quedara aquí el tic nunca llegaría a ser problemáticos para la persona…

Lo malo es que con el paso del tiempo el tic deja de ser útil como canalizador de la ansiedad. No solo porque es insuficiente como estrategia de afrontamiento (que en sí misma no es resolutiva) sino porque se asocia con las situaciones aversivas en las que aparece (por condicionamiento clásico, el que le debemos a Pavlov y su perro) y porque además es muy visible para los demás, y genera emociones paralelas de vergüenza y malestar ligados a su propia aparición.

Acaba siendo peor el remedio que la enfermedad, nunca mejor dicho…

Así pues, para eliminar un tic es necesario realizar un buen análisis funcional de su aparición, es decir, determinar las condiciones en las que aparece y las funciones que cumple para la persona, descubriendo así cuándo aparece, cómo aparece, cuánto se manifiesta, en qué medida le ayuda (en ese primer momento del que hablábamos antes) y para qué le sirve a la persona que lo emite.

En esta primera fase y en las siguientes, para no desesperar ante los intentos reiterados de eliminar un tic, es recomendable buscar ayuda de un psicólogo cognitivo-conductual. Una vez realizado este análisis ya puede comenzarse la intervención, propiamente dicha, para eliminar el tic. El psicólogo dotará a la persona del uso de técnicas de relajación progresiva (para controlar la ansiedad de manera alternativa y más eficaz a la emisión de conductas repetitivas como los tics), enseñará a la persona a controlar los tics antes de emitirlos (para dotar a esta conducta de un control voluntario más explícito), propondrá y entrenará conductas incompatibles con la emisión del tic (para impedir su aparición), recalcará los inconvenientes de la emisión del tic (a modo de castigo) y, cuando sea necesario, entrenará otras respuestas alternativasante el mismo tipo de situaciones que puedan ser útiles y no desadaptativas para la persona.

Por tanto, aunque lleves mucho tiempo con un tic y te desespere su aparición, ponte en manos de un profesional y trata de extinguirlo. La eficacia está asegurada.

Antes de terminar considero necesario puntualizar que cuando hablamos aquí de tics nerviosos no nos referimos ni a espasmos ni a temblores de causa orgánica pues estos son involuntarios, suelen llevar aparejado un cierto grado de dolor y pueden conllevar también la atrofia progresiva de la musculatura implicada.

Ana Villarrubia Mendiola dirige el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid.

 

 

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