Cómo pensamos sobre el mundo determina cómo nos sentimos

Cambio cognitivo como herramienta para alcanzar un mayor bienestar emocional

Las personas necesitamos explicarnos el mundo en el que vivimos. Necesitamos entender tanto las cosas que ocurren a nuestro alrededor, como las cosas que les ocurren a las personas cercanas o las que nos ocurren a nosotros mismos. Necesitamos dotar de sentido a nuestro mundo.

Constantemente se nos disparan pensamientos automáticos que nos van guiando y nos van dando la clave de qué es lo que cada cosa significa para nosotros. Ante una situación determinada, la forma en que la interpretemos y, por tanto, la forma en que la experimentemos, dependerá de nuestro sistema de creencias, de nuestra autoestima y nuestro estado emocional.

Pongamos algunos ejemplos:

  • A un nivel muy superficial y cotidiano, pensemos en el plantón de un sábado por la noche a última hora: no es lo mismo interpretar que nos han plantado porque “soy un horror y nadie quiere quedar conmigo” (así que voy a meterme en la cama a lamentarme) o porque “lógico, tenía mucho trabajo pero ha tratado de quedar conmigo hasta el último momento porque verdaderamente le apetecía” (así que voy a aprovechar que ya estoy arreglada y voy a ver quien está libre para un plan improvisado”.
  • A otros niveles más profundo pero igualmente vinculado con nuestra autoestima: no es lo mismo interpretar que somos capaces de conseguir cualquier cosa que nos propongamos, que los errores no son catastróficos y que representan una oportunidad para aprender además de una circunstancia que a veces no depende de nosotros (idea que habremos desarrollado en base a  nuestras experiencias previas, a los reforzadores experimentados y a los mensajes externos interiorizados) o pensar de nosotros mismos que estamos muy limitados y que no es recomendable que nos salgamos demasiado a menudo de nuestra zona de confort. La persona que piense lo primero será más ambiciosa, emprenderá nuevos retos y aceptará el error como parte del proceso de desarrollo personal. En contraposición, la persona que piense más en lo segundo tenderá a ser menos arriesgada y más prudente en sus decisiones y acciones.
  • A un nivel más estable y global: no es lo mismo pensar que nos movemos en un entorno hostil en el que es necesario protegerse de todo y de todos porque estamos rodeados de potenciales agresores (lo que generará comportamientos de suspicacias y desconfianza que serán apreciables en cada una de nuestras acciones cotidianas) que interpretar que vivimos en una ciudad absolutamente segura en la que, cuando ocurren cosas malas, son producto del azar o de la mala suerte.

Así, la interpretación de una misma realidad aparente puede adoptar tantas formas como mentes, biografías, experiencias y estructuras de pensamientos entren en juego.

El papel fundamental de los pensamientos en la interpretación de la realidad y en la determinación de nuestra experiencia nos abre la puerta al cambio cognitivo y nos proporciona interesantes herramientas para influir positivamente sobre nuestros estamos emocionales y pulir una autoestima posiblemente dañada.

 

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