Dependencia emocional en la pareja: de lo “saludable” a lo “tóxico”

dependencia-emocionalPor Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Colegiada M-25022.

Una pareja “sana” es aquella que, basándose en el respeto y la colaboración mutua, permite también el desarrollo personal de cada uno de sus miembros. Por  tanto, la pareja idealmente saludable estaría necesariamente formada por dos personas emocionalmente competentes e independientes que se apoyan y enriquecen mutuamente, sin necesidad de renunciar a las epecificidades propias de sus respectivas identidades.

Independencia emocional no significa que las dos personas no se quieran y no deseen estar juntas, no significa que la idea de no compartir una vida en común no les genere dolor. Lo que implica la independencia emocional es que los pilares básicos de la persona (su identidad, su autoestima, su estabilidad emocional, su bienestar personal…) no están exclusivamente ligados a la presencia del otro. La persona se complementa con el otro desde la libertad personal que le permite elegirle como compañero de vida, no desde la necesidad imperiosa de sobrevivir afectivamente.

Las parejas saludables no están exentas de desacuerdos y conflictos, ni muchísimos menos, pero lo cierto es que pueden resolverlos desde la negociación, el consenso y la aceptación de sus diferencias individuales. Que el otro apruebe o desapruebe una decisión personal no implica renunciar a los valores propios para adaptarme al otro porque en este tipo de parejas que hemos denominado saludables se entiende que la otra persona “me aprueba, me quiere y me acepta con independencia de que estemos o no de acuerdo en todo”. El compromiso y el tejido afectivo entre ambos trasciende la cotidianidad.

La dependencia emocional es normalmente cosa de dos. Si bien es necesario que uno de los dos miembros de la relación de dependencia deposite sobre el otro de manera subjetiva todas sus carencias afectivas para que sean compensadas (necesidad de ser querido, admirado, valorado, aceptado…) lo cierto es que la otra persona también necesita de la primera para ejercer una influencia sin la cual no sabe relacionarse íntimamente. Tanto el aparentemente débil como el aparentemente fuerte sacian necesidades en el otro y viven una realidad que solo ellos perciben en la que el otro es necesario para sobrevivir.

En este tipo de relaciones los conflictos se acompañan de chantajes, manipulaciones, reproches y profundos sentimientos de culpa que generan una enorme infelicidad. Los dos miembros de la pareja viven implícitamente ligados a los deseos, necesidades y expectativas del otro de tal manera que un desacuerdo resulta psicológicamente inadmisible.

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Ana Villarrubia Mendiola dirige el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid

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1 comentario


  1. Siempre es bueno ser algo reservado en algunos momentos pero la vida en pareja también requiere de tener que escuchar muchas cosas y así poco a poco ir teniendo una relación más sana, muy interesante el artículo