Divide y vencerás: Divorcio y adolescencia

Cuando los padres se divorcian… 

Por Marga Gutiérrez del Arroyo.

Como ya hemos comentado en anteriores publicaciones, la separación de los padres es, para los hijos, un miedo evolutivo que representa un riesgo para su seguridad y supervivencia. Este miedo surge a partir de los 4 ó 5 años, en plena etapa simbólica y de pensamiento mágico, cuando el niño tiene un desarrollo cognitivo tal que puede entender que la relación de sus padres (y de las demás personas que le rodean) es independiente de su relación con ellos. “Quedarse solo” es así, uno de los miedos evolutivos más generalizados en la infancia.

Pero a veces este miedo se convierte en realidad, y los niños deben gestionar la información a partir de los recursos cognitivos (que le ofrece su etapa evolutiva), la cantidad y calidad de la información y la competencia emocional que ha ido construyendo hasta este momento. De ahí que los padres tengan un papel protagonista en cómo se desencadenará este proceso, pero también el propio niño.

Durante la adolescencia, el niño ha alcanzado un pensamiento más sofisticado y ya ha empezado a poner en práctica lo que ha observado a nivel social: las reglas de la amistad, del amor, del compañerismo, etc. Está poniendo la guinda final a la carrera de la identidad, que comenzó hace muchos años y para ello irá probando lo que funciona para él y cuáles son los valores por los que se mueve.

Este panorama es el que lleva a algunos adolescentes a probar una estrategia de “Divide y vencerás”: Divide a tus padres separados y vencerás en tu objetivo (salir hasta más tarde por la noche, eludir una obligación, no informar sobre resultados académicos, etc.). La comunicación pobre o la ausencia de la misma es el talón de Aquiles de los padres separados con niños adolescentes.

La adolescencia, una vez más, pone en entredicho lo que hasta ahora ha sido considerado válido: la relación entre los padres, los roles adquiridos, los valores transmitidos, las expectativas, etc. Y vuelve a convertirse en una oportunidad para realizar cambios más adaptativos: Es hora de convertirse de nuevo en un equipo, y no como pareja, sino como padres.

Recuerden que a los hijos no hay que darles solo lo que desean (en este caso, libertad de maniobra sin ningún tipo de control), sino lo que necesitan: un espacio seguro al que pueden volver cada vez que se equivoquen en el juego de la vida.

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Marga Gutiérrez del Arroyo es una de las Psicólogas Infantiles del Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.

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