Menos PROZAC y más PSICOLOGÍA…

AR3La sociedad medicalizada y los tratamientos psicológicos

Por Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Sanitaria Colegiada M-25022.

Los trastornos y enfermedades mentales existen y algunos requieren de una necesaria medicación para que la persona que los sufre pueda alcanzar un nivel de desempeño óptimo en su vida cotidiana. Esto es una realidad innegable. Trastornos depresivos graves, esquizofrenias, demencias y una larga lista de patologías requieren, además de una intervención psicológica, de una serie de fármacos que ayuden a paliar los síntomas para proporcionar a la persona el mayor alivio sintomático posible y permitirle así la integración en una sociedad que sigue, por cierto, sin estar muy preparada para acoger a personas con dificultades de tipo psiquiátrico o psicológico.

Pero la medicalización de las enfermedades mentales no queda aquí y creo, de hecho, que no está llevando a caer en la trampa de la ley del mínimo esfuerzo. La inmensa mayoría de los trastornos mentales requieren, para ser superados o para el alivio de sus síntomas más relevantes, de un trabajo personal. No conozco aún una intervención psicológica que no requiera de esfuerzos activos por parte del interesado. Elaborar y aceptar ciertas realidades, modificar otras, cambiar ciertos hábitos que llevan años reproduciéndose, adquirir habilidades, entrenar nuevas estrategias de afrontamiento, reeducar las formas de acercarse a los demás, superar ciertos miedos o identificar y trabajar problemas de autoestima… Todas ellas podrían ser fases habituales de algunos de los programas de intervención psicológica que diariamente se aplican en los gabinetes de psicología clínica de todo el país. Ninguna de ellas puede llevarse a cabo sin la motivación y la implicación adecuadas por parte del consultante.

Las personas no somos todas idiotas. Me gusta partir siempre de esta base de donde se deduce que, si realizamos conductas que a la largo nos resultan problemáticas, es por que en algún momento de nuestra vida o simplemente en el corto plazo esas conductas se han reforzado, es decir, alguna de sus consecuencias nos ha sido gratificante o nos ha venido bien de alguna manera. Cambiar eso, por tanto, cuesta, y cuesta mucho.

¿Y no habría unas pastillita que me ayudara a superar esto con menos dificultades y esfuerzo?

Muchas veces la hay, por desgracia cada vez más. Mismamente el ansiolítico aliviaría a muchos de mucha intranquilidad. La tentación de la pastillita es enorme. Pero, ¿y después de la pastilla qué? Porque si solo nos quedamos en la pastilla caemos en el más puro de los hedonismos. Ese que las farmacéuticas tienen por objetivo vendernos y que las sociedades occidentales abrazamos con entusiasmo. También me gustaría aprender inglés enchufada a una máquina como ya nos enseñara la película Matrix en los años 90 que podrían asimilarse los aprendizajes en una realidad paralela, Pero no estamos en esas. Si todos estamos de acuerdo en que no vale para aprender ingles (que implica horas, dedicación, entrenamiento, esfuerzo, repetición…) no vale para superar un trastorno de ansiedad generalizada tampoco (que implica aún más de todas esas cosas).

Si superar un conflicto psicológico, del tipo que sea, pasa de manera sistemática por asumir la responsabilidad que hemos tenido en el proceso y, desde el punto al que hemos llegado, trabajar con motivación y compromiso… ¿En qué lugar nos deja la pastilla? ¿Qué responsabilidad nos permite asumir? Y, lo que es igual de importante, ¿qué nivel de control sobre nuestra propia vida nos proporciona si la solución siempre es externa, siempre se paga, y nunca se afronta?

Cabecera Blog - Teléfono

Ana Villarrubia Mendiola dirige el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid.

Adultos, Divulgación , , , , ,