Cuando las palabras no bastan para resolver los conflictos

ana_nuriPor Nuria Torres Marcos y Ana Villarrubia Mendiola.

Defendíamos ayer que el niño más adaptado a su entorno es el que más recursos tiene para enfrentarse a todo lo que pueda acontecer, sea del tipo que sea..

Por tanto creemos que enseñar a un niño a defenderse no es negativo.

Muchas veces, antes de que un adulto medie entre dos niños, es preferible que el niño poco asertivo busque entre las estrategias de las que dispone, aunque el lenguaje no esté entre ellas, y las utilice de manera autónoma. Desde el punto de vista del desarrollo madurativo es positivo que el niño defienda lo que cree que es suyo, haga fuerza cuando le vayan a quitar eso que tanto quiere, y que experimente qué se siente tanto de un lado como del otro lado en un conflicto de este tipo. Esto no significa que vaya a pasarse al lado oscuro y vaya a ser necesariamente agresivo.

Ensayando y experimentando aprenderá qué tipo de actuaciones traen unas consecuencias u otras. Buscará y encontrara progresivamente un equilibrio. Le ayudará a desarrollar una mayor habilidad social, entendiendo cómo reaccionan otros cuando están en su misma situación. Aprenderán que no puede complacerse a todo el mundo, que es lógico enfadarse a veces, decir “no” otras veces o, incluso, en contadas ocasiones ejercer una mínima fuerza.

Que un niño pegue por primera vez cuando acude a la guardería o al colegio, es algo normal dentro de su desarrollo. Generalmente este comportamiento suele darse entre los dos y los cuatro años siendo su pico más alto entre los dos años y medio y los tres años y medio.

Hay que tener en cuenta que, para el niño, esta situación es estresante ya que acude a un lugar para él desconocido y separado de las personas que hasta ahora han sido su referencia en el mundo, por lo que está viviendo un cambio y puede reaccionar de diferentes maneras, entre ellas la agresividad. A esto también hay que añadirle que los niños, de entre 12 meses y 3 años todavía están desarrollando su lenguaje por lo que, una de las maneras para comunicarse y expresar lo que les sucede, es a través de golpes o mordiscos.

Hay que tener en cuenta que “no nacemos sabiendo” por lo que es necesario enseñar a los niños a defenderse con otras estrategias o alternativas, siempre que esto sea posible. Asimismo, cuando nos encontramos ante situaciones de agresividad o violencia entre niños, es esencial que el adulto intervenga para enseñar al niño a manejar esta complicada situación.

Por ello, es importantísimo proteger al niño cuando otros niños le agredan (le peguen o le insulten). Aunque la tendencia social es dejar a los niños que resuelvan sus conflictos entre ellos, sin ayuda ni guía del adulto, esto no es adecuado.

¿Intervendrías si vieses que otro adulto está agrediendo a tu marido, a tu madre o a una amiga tuya? Indudablemente, la respuesta es SÍ. Entonces, ¿por qué dudamos sobre si intervenir o no cuando se trata de niños?

  • Los niños no poseen las habilidades necesarias para resolver conflictos de manera adecuada y positiva. Necesitan que el adulto les acompañe, les oriente y ejerza de modelo a seguir para aprender a resolver conflictos con otros niños. Por esto, pretender que sean los niños los que resuelvan sus conflictos ellos solos es pedirles que realicen algo que todavía no son capaces.
  • Cuando se permite que agredan a un niño (aunque sean otros niños los que lo hagan), se está dejando a ese niño desamparado, indefenso; se le está transmitiendo que está solo, que no tiene apoyo, ni seguridad.
  • Además, cuando no intervenimos en casos de agresión entre niños estamos permitiendo y legitimando la violencia. Aunque sean conflictos infantiles, las agresiones físicas y verbales no son permisibles.
  • Por todo esto resulta esencial intervenir ante el conflicto, ofreciendo amparo y protección y transmitiendo herramientas que le servirán para resolver conflictos en el futuro: el diálogo y la retirada.
  • Pero, sobre todo, le estamos transmitiendo algo de importancia vital: que no debe soportar que ejerzan violencia contra ellos, que la violencia no es permisible ni legítima y que estamos para apoyarles, protegerles, ayudarles y acompañarles.
  • Es importante trasmitir estrategias de resolución de conflictos adecuadas. Pedir ayuda, expresar verbalmente su desacuerdo o disgusto y retirarse de escenarios agresivos son algunas de ellas. De este modo, estaremos enseñando al niño a gestionar estos conflictos de una manera positiva, adecuada y no violenta.

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