RESILIENCIA: Qué es y cómo ser más resiliente

ana_JPor Ana Villarrubia Mendiola.

La resiliencia, un término que la psicología clínica le ha robado a la física o la ingeniería, hace originalmente referencia a la capacidad de ciertos materiales para reponerse con flexibilidad y retomar su forma original una vez ha cesado una estimulación que forzaba su deformación. Como puede deducirse, el concepto es tremendamente representativo y muy útil para referirse, ya en el campo de la psicología, a la capacidad del ser humano para reaccionar y sobreponerse psicológicamente tras un periodo de intenso dolor emocional o tras una vivencia adversa de graves consecuencias.

Las personas experimentan diferentes grados de resiliencia y, por tanto, distinta facilidad para reponerse ante la adversidad o incluso para resistir ante la misma. La flexibilidad es una clave fundamental para que exista resiliencia pero, como e ilógica, esta va ligada también al aprendizaje, las experiencias previas, la autoestima, etc.

Las personas mas resilientes son más capaces de reponerse emocionalmente a suceso traumáticos, situaciones difíciles o periodos de incertidumbre y desasosiego. Si bien las personas somos más o menos resilientes, la resiliencia no es una capacidad innata y también podemos esforzarnos por entrenarla. Aquí van una serie de habilidades que es fundamental entrenar si queremos ser personas más resilientes:

  • Entrenar la aceptación. Aceptación no es sinónimo de resignación. Ante un problema es posible que algunos de sus factores sean susceptibles de nuestra intervención pero es muy probable que no podamos conseguir todo lo que queramos y que haya parte del problema que sean irresolubles en sí mismas y que representen una realidad que es necesario asumir  y a partir de la cual actuar.
  • Entrenar la capacidad de análisis. Los problemas difícilmente son abordables en su conjunto sino que suele ser necesario diseccionar varios hechos y diferentes partes para poder hacerles frente de manera paralela o consecutiva.
  • Entrena una mentalidad positiva y orientada hacia el futuro. Los patrones de pensamiento también son aprendidos y del mismo modo que hay perosnas que reiteradamente se encallan en lo negativo, hay otras personas que buscan el lado manejable, el lado positivo, de cada situación a la que se enfrentan. Desde esta mentalidad lo incierto o lo desconocido se afronta con curiosidad y con un plan de acción que ha de ser flexible y sujeto a modificaciones en caso de ensayo-error. desde esta mentalidad la auto-sieracion de las propias barreras es posible y la búsqueda de soluciones prácticas está a la orden del día.
  • Entrena la resolución de conflictos y la búsqueda activa de soluciones. Un problema no puede desviarnos automáticamente de nuestros objetivos sino que representa una señal que nos indica que es necesario detenernos, analizar la situación y diseñar un plan de acción pasado en la generación de múltiples alternativas que podamos ir probando en función de su adecuación. Si los problemas nos vienen resueltos o delegamos constantemente en los demás para que “nos saquen las castañas del fuego” difícilmente aprenderemos a generar soluciones alternativas antes las encrucijadas que nos plantee la vida.
  • Interpreta cada situación novedosa como una oportunidad. Que las cosas no salgan como esperábamos es una nueva oportunidad para el aprendizaje y el desarrollo de estrategias de afrontamiento. No dramatices, actúa.
  • Céntrate en las soluciones. Si no nos planteamos la búsqueda activa de soluciones acabamos por instalarnos en la queja, el victimismo o la desesperanza. Hemos de saber a dónde queremos llegar y centrarnos en conseguirlo.

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid.

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