Celos en la pareja: una difícil combinación

Por Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Colegiada M-25022.

Existen muchos mitos sobre la pareja que no necesariamente nos benefician en la práctica. Empezando por una de las ideas más falsamente románticas y artificiales de la pareja, la que nos venden en las películas, “si tiene celos es porque está enamorado de verdad”.

El hombre celoso es romántico en un principio, te ablanda el corazón y te conquista porque existe una cantinela en el fondo de nuestras inseguridades que nos lleva a pensar que “si es celoso y se comporta como un celoso es precisamente porque le importo”. ¡Nada más alejado de la realidad!

Amar implica un punto de entrega hacia el otro y, por tanto, implica también asumir ciertos riesgos. Amar implica entregarse pero ofreciendo al mismo tiempo lo mejor de ti misma. Lo mejor de ti no es el miedo ni el control despiadado y obsesivo del otro.

Cuando le decimos que le queremos obviamente le queremos en exclusividad, pero también le queremos a él, siendo como es (más allá de los ajustes puntuales que se puedan ir estableciendo). No juegas el mismo juego si resulta que le quieres a él pero sin que hable con esta persona (algo que no es propio de él), sin que le guste salir con estos amigos a ver el fútbol (algo que siempre ha hecho y forma parte de su rutina desde mucho antes de que tú le conocieras) o sin que pueda ser dueño de su propia vida, en definitiva.

Todas las renuncias que la vida en pareja implica (que implica muchas, no nos engañemos) han de ser consentidas, negociadas o, en cualquier caso, queridas y decididas de manera autónoma. El control de la vida de la persona querida alivia la ansiedad que generan los celos pero solo a corto plazo, a largo plazo promueve que el otro no nos sea sincero (quizá por miedo a nuestra reacción o ya porque la desconfianza se instaura como regla del juego), agrava el problema y nos somete a una tensión constante. Los celos producen agotamiento en el que los siente y en el que los padece, y cuando no se los consigue poner límite acaban en crisis.

Amar lleva consigo aceptar los riesgos de la propia relación, de compartir intimidad. Por eso es un proceso paulatino, de conocimiento mutuo, y normalmente nadie se casa o se va a vivir con el otro al día siguiente de haberse conocido.

Amar de forma sana y saludable es amar sin fijaciones y sin dependencias, con libertad para decidir en todo momento.

Ana Villarrubia Mendiola dirige el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid

Cabecera Blog - Teléfono

Adultos, Sexualidad , , , , ,

1 comentario


  1. Jorge

    Hola Ana,

    Me ha gustado mucho tu artículo. Hay una cosa que admiro de las mujeres, y es que la experiencia te va demostrando que las mujeres son bastante menos posesivas que nosotros los hombres. Las chicas jóvenes son más o menos igual de celosas y posesivas que los chicos, pero conforme la mujer va madurando, se van volviendo más independientes y seguras de si mismas, supongo que son las mujeres modernas de hoy en dia. Mi esposa por ejemplo era bastante celosa y posesiva cuando éramos novios, pero a lo largo de los años y ahora que tiene 42 se ha transformado en una mujer moderna, independiente y muy segura de si misma, me encanta que sea así. Ahora no es nada posesiva y celosa. Yo en cambio sigo igual de celoso y posesivo que cuando nos conocimos, o incluso más. Me siguen dando los mismos celos, o bastantes más, cuando se arregla y se pone una minifalda para ir a trabajar o para salir con las amigas, tal vez sea la naturaleza de los hombres. Mi mujer cree que las mujeres son menos posesivas y celosas que los hombres porque ellas son más inteligentes, y la verdad es que esto juega muy a favor de las mujeres: Más inteligentes y si además le sumas la experiencia de los años, resultado: mujeres maduras y muy seguras de si mismas.