¿Te OCUPAS o te PRE-OCUPAS? El mal de las preocupaciones eternas

ana_iPor Ana Villarrubia Mendiola.

Preocuparse está bien visto. Nadie va a hablar mal de ti porque te preocupes por la salud de tu hija, el trabajo de tu esposo o los problemas de pareja de tu hermano. Muy al contrario, existe la idea generalizada de que quien se precopa por los demás es, en global, una buena persona. Pues bien, ni el que se preocupa es mejor persona ni la preocupación, tal y como la entendemos en el 90% de los casos, resulta útil.

Una de las claves de la inteligencia más práctica reside en atender al presente y resolverlo de manera eficaz. Del pasado aprendemos, cuanto más mejor, y en el futuro nos planificamos y nos proyectamos; pero si no resolvemos el presente arrastramos un sinfín de problemas que acaban generando ansiedad, desesperanza, pocas sensación de control y nula percepción de la valía personal.

La preocupación es útil única y exclusivamente en la medida en que nos sirve para pre-ocuparnos en el sentido literal de la expresión, es decir, en la medida en la que nos sirve para detectar un problema y anticipar su resolución, desplegar todos los recursos que estén a nuestra mano para poder resolverlo. La preocupación constante no solo no sirve para nada sino que además es contraproducente.

Me refiero a la preocupación de muchos hombres y mujeres que consideramos de naturaleza preocupona  porque eternamente podemos encontrarles anticipando todas las hipotéticas situaciones negativas que es posible que sucedan en el futuro y en base a eso tratan de evitar todos los riesgos posibles. ¿Conoces a alguien así?

Al final son personas que parece que “ni viven ni dejan vivir” porque la preocupación excesiva promueve le desarrollo de miedos aprendidos que a su vez se trasladan, por mero aprendizaje vicario, a las futuras generaciones.

Cuando la preocupación no es racional o resolutiva, cuando no responde ya a pruebas de realidad sino a pensamientos de tipo irracional que llevamos tiempo rumiando, entonces actúa y lucha contra esta nefasta tendencia que te acaba conduciendo a la evitación ansiosa y, en última instancia, al miedo y al aislamiento.

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid

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