Por qué el agresivo y el sumiso suelen fracasar

ana_fPor Ana Villarrubia Mendiola.

Desde este blog hemos insistido en más de una ocasión en que la conducta asertiva, frente a estilos de comunicación con tendencias hacia la agresividad o la pasividad, es la que reporta mayores beneficios y menos costes personales, sea cual sea la situación en la que se manifieste. ¿En qué nos basamos para ello?

Un acto tan obvio como comunicarnos con los demás no siempre es tan sencillo como  parece. ¿Quien no se ha marchado a casa después de una reunión entre amigos o después de haber mantenido una conversación importante con la destructiva sensación de no haber dicho lo que quería decir?, ¿Quién no ha sentido que los nervios le hacían bloquerarse en determinadas situaciones y luego se arrepiente y sufre analizando lo ocurrido durante horas?  O, por el contrario, ¿Quién no se ha reprochado a sí mismo una sorprendente falta de modales que le ha llevado a “decir demasiado” y de “demasiadas malas maneras”?

Esto, como quien dice, “nos puede pasar a  todos” pero no debe pasarnos por norma. Ser o no ser capaz de comunicarse de manera eficaz y satisfactoria con los demás no es el resultado de una única conversación sino una tendencia que la persona ha de esforzarse por entrenar y mantener. Casi como el conducir, es algo que se aprende.

¿Por qué adoptamos estilos de comunicarnos que resultan intimidatorios para los demás (agresivos) o que nos impiden expresarnos con claridad (pasivos)?

No nos fustiguemos, es muy probable que nadie nos haya enseñado otra forma de proceder. Por ello, entrenar la asertividad pasa por reconocernos a nosotros mismos en el momento en el que adoptamos un estilo u otro, pasa por identificar nuestros errores y sus consecuencias. Normalmente, las consecuencias de un estilo comunicativo no adecuado es el deterioro de las relaciones sociales, la insatisfacción o el conflicto constante.

Como ya hemos revisado en este blog, distinguimos habitualmente tres estilos comunicativos, es decir, tres modos generales de comunicarnos con los demás: el estilo pasivoel estilo agresivo y el estilo asertivo.

Siguiendo la frustrante sensación de haber fracasado en la gestión de una determinada conversación con la que abríamos este post, este es el que siente haber callado demasiado:

  • Es aquél que no ha sabido expresarse, el que no ha sabido plantear su punto de vista propio en ningún momento, el que no ha podido rebatir ni un solo argumento del contrario pese a estar convencido de que el otro estaba equivocado, el que ha asumido una responsabilidad que no le correspondía o se ha comprometido con un favor que no quiere hacer. ¿Te reconoces?

En casos como este probablemente te hayas sentido inseguro o quizá hayas visto cómo la timidez se ha apoderado de ti, no has podido defender tus ideas o has considerado que éstas no merecían la pena. Todo ello se manifiesta tanto en la postura corporal como en la conducta verbal: la persona pasiva se “arruga” ante los demás, no busca el contacto ocular, habla en un tono bajo, etc.

En el otro extremo, el que lamenta haber dicho demasiado sería el siguiente:

  • El que cree que ha perdido la razón por perder las formas, el que ha terminado gritando por algo que no era el objeto inicial de la conversación, el que sabe que se ha impuesto en base a la fuerza o la manipulación, el que se ha sentido superior, el que ha perdido los estribos, el que se ha traicionado a sí mismo por faltar el respeto de quien lo exigía, etc. ¿No te ha pasado nunca nada de esto?

En este otro extremo probablemente hayas tenido un desagradable arrebato de ira, a lo mejor te has comportado de modo arrogante o quizá te hayas sentido muy enfadado y eso te ha desviado de tu camino inicial, te ha hecho no atender a razones y ha bloqueado  tu capacidad para escuchar al otro.

Cuando nos comportamos de manera agresiva nuestro cuerpo se tensa, levantamos en exceso el tono de voz, adoptamos una postura intimidatoria hacia el otro y amenazamos con gestos y palabras que desafían los nervios de nuestro abrumado interlocutor.

Si bien existen personas con tendencias de acción muy definida hacia uno de estos dos extremos, probablemente me dirán ustedes que ni son siempre agresivos ni son siempre pasivos. Desde aquí, defendemos una postura intermedia entre ambos extremos, respetuosa con uno mismo pero también con el otro: la asertividad.

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Ana Villarrubia Mendiola (Psicóloga Col. M-25022) dirige la  Consulta de Psicología en Madrid  ‘Aprende a Escucharte’

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