Final de agosto: Combate el síndrome postvacacional, prepara la vuelta y no cedas ante el estrés

AR3Por Ana Villarrubia Mendiola.

Cuando las demandas a las que nos vemos sometidos desde cualquiera de los ámbitos de nuestro entorno empiezan a superan nuestras capacidades de afrontamiento es cuando experimentamos el famoso estrés. La vuelta al trabajo nos desborda, no porque nos demande demasiado sino más bien porque nos supera, nos pilla con la guardia baja y el cuerpo desentrenado…

Dentro de las respuestas más frecuentemente asociadas al estrés y a los problemas de adaptación típicos de la readaptación postvacacional se encuentran las respuestas de ansiedad que, tanto a nivel cognitivo como físco y emocional nos pueden llevar a experimentar una gran sensación de malestar.

De manera general, el estrés nos distrae de nuestras  actividades cotidianas, afecta nuestro rendimiento, nos hace sentir ansiosos, desbordados o frustrados y, como ya hemos tenido ocasión de comentar en este blog, a medio y largo plazo, su acción sobre nuestro organismo (mediante la liberación de glucocorticoides, las denominadas ‘hormonas del estrés’) es seriamente perjudicial para nuestro estado de salud física y mental.

Entre otras cosas, reducir el estrés en nuestro día a día implica centrarnos en las cosas que verdaderamente nos importan y afrontarlas con mayor seguridad, sin que otros distractores acudan a nublarnos la mente de manera continua.

Estas son algunas de las estrategias que podemos entrenar, aquí van mis recomendaciones:

  • Recuérdate tus objetivos, de manera que cada esfuerzo diario tenga sentido y no vaya a parara a un saco roto. Unas horas extra en el trabajo cobran otra dimensión si se encuadra dentro de la consecución de unos objetivos claros y concretos. Para poder tener bien claras nuestras metas, desde mi punto de vista, es necesario comenzar por algo tan aparentemente obvio como definirlas. Es común el caso de la persona que en terapia se queja de no llegar a obtener jamás aquello que desea pero que ni siquiera ha llegado nunca a verbalizar ni concretar sus objetivos. Sin saber qué perseguimos difícilmente seguiremos los pasos adecuados o llegaremos a tener la sensación de haberlo obtenido.
  • Ponte metas. Además, a partir de nuestros objetivos bien definidos podremos elaborar metas asequibles, menos ambiciosas y de consecución posible a corto y medio plazo. Estas nos permitirán llegar allí donde queremos peldaño a peldaño y gracias a ello iremos valorando nuestra progresión de manera realista.
  • Confía en las rutinas y mantenlas, sin que sean una parte rígida de tu vida. La planificación y la organización de tiempos, actividades y espacios es una herramienta muy potente para maximizar el tiempo y aprovechar al máximo cada segundo. Toda tarea que requiera ser hecha día a día es recomendable que sea realizada a la misma hora y en el mismo orden, de modo que nos consuma otros recursos ni interfiera en otras áreas de la vida. El mismo presidente Obama afirmó recientemente en una entrevista concedida a la revista Vanity Fair que, para él, la realización de rutinas diarias le servía para tener la mente más despejada y, por extensión, le facilitaba los procesos de toma de decisiones más complejas.
  • Planifica el qué pero también el cuándo y el dónde. Cerca de 200 estudios realizados a este respecto demuestran que, cuando en nuestra lista de tareas por hacer (¡Empieza a hacerla si aún no la utilizas como herramienta de trabajo!) incluimos la previsión de cuándo y dónde lo vamos a hacer, la probabilidad de que en efecto se realicen a tiempo nuestras tareas se multiplica por tres. En esa necesidad de planificación de la que hablábamos antes esta sencilla estrategia puede facilitarnos mucho la organización de nuestras tareas y actividades pendientes.
  • No olvides tomar todos los días un tiempo para ti, para hacer algo que te interese verdaderamente. Rutinas, obligaciones laborales (o necesidad de buscar empleo), compromisos familiares, imprevistos… Todo ello llena nuestra agenda y, si lo permitimos, llena nuestra agenda y unas cuantas más. Dedicar un tiempo diario a algo que nos interesa de forma genuina o a cultivar esa faceta de nosotros mismos que queremos explotar no implica perder el tiempo sino renovar nuestras energías. Los estudios demuestran que los efectos beneficiosos del ocio y de la realización de actividades agradables se potencian si ese ocio, además de ser apetecible, nos despierta un interés particular.
  • Valora tu trabajo en términos de progreso, no de grado de perfección alcanzado. La perfección no existe y por tanto el camino hacia su obtención está lleno de frustraciones. El estrés y la ansiedad que ello genera no nos hace más fuertes sino más vulnerables. Cuando nos dé por pensar sobre nuestra situación actual hagámoslo en términos de lo que hemos mejorado, lo que hemos aprendido, lo que hemos progresado… Y siempre con respecto a nosotros mismos en el pasado, nunca con respecto a otros.

El fin de semana y las vacaciones, con menos obligaciones por delante, son un buen momento para comenzar a entrenar estrategias como estas que sería recomendable integrar de manera permanente en nuestro repertorio conductual. Prepárate para la vuelta a la rutina.

Tienes, desde hoy, toda la última semana de agosto para entrenarte.

¡Feliz semana!

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid

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