¿Te cuesta tomar decisiones o solucionar problemas?

_MG_4093Por Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Colegiada M-25022.

La destreza en los procesos de toma de decisiones y la capacidad para resolver problemas son habilidades sociales y, como tales, pueden adquirirse y entrenarse en cualquier momento de la vida. Dificultades en estas habilidades pueden llegar a ser tremendamente incómodas e incluso incapacitantes pues pueden bloquear a una persona en cualquier área de su vida, impidiendo su progreso. Por no hablar de la sensación de frustración que conlleva darse cuenta de que uno se queda paralizado “hasta por una tontería” y se ve superado por situaciones o decisiones cotidianas.

Muchos adultos que acuden a consulta lo hacen motivados por un cuadro de ansiedad que se ha vuelto ingobernable y que, analizado de cerca, se deriva de dificultades en una o más de una de estas llamadas habilidades sociales que tanta trascendencia acaban teniendo en el transcurrir de nuestro día a día. En concreto, el entrenamiento para al adquisición de habilidades para tomar decisiones y solucionar problemas es relativamente sencillo y puede llevarse  a cabo con éxito en cualquier momento de la mano de un profesional que no solo te expone y explica el proceso que en teoría has de seguir sino que te guía de acuerdo a tus propias dificultades en cada uno de los pasos que es necesario que des.

Este sería el esquema global:

  1. Lo primero que hemos de hacer es identificar con claridad el problema al que nos enfrentamos y asegurarnos de que está en nuestra mano resolverlo. Muchas veces no sabemos resolver problemas porque ni siquiera hemos definido de manera concreta qué es lo que queremos solucionar ni nos hemos asegurado de si aquello que queremos solucionar escapa a nuestro dominio de actuación o no.
  2. Después haz una lluvia de ideas con todas las alternativas de soluciones posibles que se te ocurran y apúntalas en un papel. Cuantas más mejor, aunque alguna te parezcan extrañas.
  3. A continuación es necesario evaluar las alternativas de las que disponemos, y podemos hacerlo respondiendo a las siguientes preguntas para cada una de ellas: ¿Es factible?, ¿Es práctico llevarla a cabo?, ¿Cuáles serían sus consecuencias?, ¿Qué nivel de eficacia podemos anticipar?
  4. Elegir una alternativa es el siguiente paso. En función de la evaluación realizada se optará por la que más se adecúe a nuestras necesidades. A veces se hace posible combinar dos o incluso más de las alternativas que hemos evaluado.
  5. Posteriormente es imprescindible aplicar la solución escogida. Debemos especificar todos los detalles de su aplicación para después ponerla en práctica: cuándo, cómo, con quién, bajo qué circunstancias, a qué ritmo, etc.
  6. Y, por último, es necesario hacer una evaluación final: ¿Hemos alcanzado lo que queríamos alcanzar? ¿Hemos resuelto el problema? De no ser así tendríamos que volver a nuestra lluvia de ideas para, a partir de ahí, seleccionar o generar otra alternativa diferente con la nueva información de la que disponemos.

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Ana Villarrubia Mendiola dirige el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid.

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