Negociando con nuestros hijos

Pautas educativas: Negociando con nuestros hijos

Por Nuria Torres Marcos.

La negociación no ayuda solo a resolver conflictos entre padres e hijos y llegar a acuerdos entre ambos. Es importante porque les permite a los hijos “entrenarse” como personas adultas, porque se sienten valorados al respetarse su opinión. Porque les ayuda a ponerse en la piel de la otra persona, a ceder, a juzgar lo que es justo o no y a “aprender” del criterio razonado de los padres.

Desde muy pequeños los niños aprenden a negociar:

Mamá, si me como todo, ¿podré ver la tele diez minutos más?, Papá, si apruebo todo, ¿podré llegar a las dos de la mañana?, Si acepto ir con vosotros a casa de los abuelos, ¿podré luego pasar la noche fuera?

Es cierto que negociando se adquieren herramientas de comunicación, e incluso de persuasión, pero no todo se puede negociar. Y cuando algo es innegociable, también se desarrollan herramientas de fortaleza o de superación personal ante la frustración.

Captura de pantalla 2014-02-05 a la(s) 12.06.10En cada hogar se tendrá que decidir lo que se puede negociar y lo que no. Los padres deciden, según el criterio que consideren, incluso cambiando (no de forma caprichosa) lo que hoy es importante y mañana no. Y cualquiera que sea el método, los hijos tienen que saber con claridad lo que es negociable y, sobre todo, lo que no lo es.

Los hijos son capaces de cumplir a rajatabla algunas normas, incluso con la rebeldía de los adolescentes, que por lo general son aquellas que los padres han defendido sin bajar la guardia en ningún momento. Hay otras normas que no se defienden con tanto ahínco y suelen ser las primeras en “eliminarse”. Quizás es mejor que sea así, no todas se pueden defender de la misma manera, ni es bueno que todas estén al mismo nivel, o el hogar podría parecer un cuartel.

No tiene que haber discrepancias entre los padres, no hay nada peor que tener un padre negociador en todo y una madre que no negocia nada o cede a todo. Las cosas son las que deben ser negociables o no, no los adultos.

Desde la paga semanal hasta la hora a la que debe llegar a casa, tu hijo siempre ha intentado conseguir un poco más, y eso lo ha convertido en un experto negociador. Y Si bien es perfectamente aceptable negociar con tu hijo, no es recomendable que todas las discusiones se conviertan en una negociación.

Negociar cuando los hijos son pequeños es sencillo: “cuando acabes con los garbanzos podrás elegir el postre”. Pero cuando llega la adolescencia esta negociación es mucho más compleja.

Durante los años inciertos de la adolescencia (ni del todo niño ni del todo adulto) tu hijo está en un momento de transición hacia la toma de decisiones importantes que le llevarán a ser el dueño de su propia vida. Esta evolución supone ya una negociación en sí misma.

Como padre o madre tratas de protegerlo, aunque sabes que es imprescindible fomentar en él un cierto grado de independencia. El adolescente, por su parte parece estar luchando por alejarse, al mismo tiempo que se aferra a la seguridad de la familia. Sin duda es una época confusa para todos.

Los años de la adolescencia no tienen que ser sólo de enfrentamientos y conflictos. Durante estos años, todavía tienes una enorme influencia sobre tu hijo, que necesita aprender habilidades efectivas y pertinentes para conseguir sus objetivos. Él o ella tiene que entender el poder de la negociación y el sentido del compromiso.

La negociación es una habilidad de por vida. En el proceso, el adolescente aprende que a veces se gana y otras veces se pierde. Y la realidad es que se trata de un proceso en el que a largo plazo todos ganan.

Proceso de negociación

  • Esperar a que las dos partes estén serenas: sin prisas, sin nervios, sin tensión.
  • Invitar al hijo a que cuente su versión del problema. Es importantísimo en este punto que tu hijo se sienta escuchado. Si se siente así, es más fácil que también él te escuche. Utiliza frases como “me gustaría oír tu opinión, cual crees que es el problema, qué piensas de este asunto…”
  • Dejar muy claro cuál es tu punto de vista, explicándole tus razones.
  • Animar a tu hijo a buscar soluciones que contenten a ambas partes.
  • Escuchar las ideas que te diga tu hijo y aportar las tuyas propias. En este punto, lo más recomendable es que pongáis las ideas por escrito para luego leerlas en voz alta, ir eliminando las que no son válidas o reformulando en función de la negociación:
  • Elegir la que satisfaga a los dos, concretando cómo llevarla a cabo.
  • Una vez llegado a un acuerdo, demuéstrale que es importante para ti haber negociado con él y trasmítele tu confianza en la consecución del pacto.

La negociación exige que los adultos estén dispuestos a escuchar y observar a sus hijos, que sean capaces de comprender sus sentimientos; que exista una comunicación eficaz y que sepan ambas partes resolver los problemas empáticamente.

Y por supuesto exige que los padres, cuando los hijos no cumplen con su parte del compromiso, hagan cumplir las consecuencias. Sin este último requisito, la negociación no existe. Y la autoridad tampoco.

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Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en el Centro de Psicología Aprende a Escucharte’ en Madrid.

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