Hijos únicos y celos infantiles: el Síndrome del Príncipe Destronado

Nuria TorresPor Nuria Torres Marcos.

Como ya comentábamos en post anteriores, la conducta de apego es un lazo afectivo fuerte que sentimos hacia personas especiales en nuestras vidas que nos lleva a sentir placer y alegría cuando interactuamos con ellos y nos alivia a ansiedad en momentos de estrés.

Según la Teoría Etológica de Bowlby, hacia la segunda mitad del primer año de vida, el niño establece un lazo emocional hacia un cuidador conocido (generalmente la madre) como una respuesta evolutiva que facilita su supervivencia. La calidad de este apego será de gran importancia para el desarrollo de la futura personalidad del niño.

Los celos infantiles surgen precisamente ante las amenazas, erróneas o no, que el niño percibe respecto de la vinculación afectiva con su madre. Cuando el niño ve peligrar esa relación especial que tiene con uno de sus progenitores, expresa su temor a ser abandonado o a perder para siempre la figura de apego que, justo hasta este momento, le había servido para su desarrollo personal y que todavía le resulta imprescindible.

El afecto de la madre es lo que hace que el niño se sienta valioso, por lo tanto, cuando el pequeño ve peligrar ese afecto no es extraño que piense “si ya no me quiere es porque voy a dejar de ser valioso”. Esta interpretación es la causante del sentimiento de inseguridad y de abandono en el niño. Todo esto puede desembocar en conductas regresivas, como volver a hacerse pipí en la cama, chuparse el dedo, etc., y en conductas que pueden llegar a volverse agresivas contra la propia madre y contra el nuevo miembro de la familia.

La llegada de un nuevo bebé siempre conlleva cambios en una familia, y cuando ya tienes otro hijo, los cambios no son solo para los padres. El niño mayor, que hasta el momento ha sido el rey de la casa ahora tiene otro papel y es inevitable que, tarde o temprano, acabe apareciendo el llamado Síndrome del príncipe Destronado o lo que es lo mismo, la aparición de los celos hacia el nuevo hermanito, que para él o ella es un auténtico extraño, un intruso que le ha robado la atención de su mamá.

Griffin y De la Torre (1985) consideran que los celos son normales y universales en la vida familiar:

Aunque los sentimientos de celos sean normales, pueden generar ansiedad en los niños y frustración en los padres.

No todas las conductas celosas que presentan los niños pueden considerarse patológicas. Los celos son un sentimiento muy frecuente, y en muchas ocasiones nos encontramos ante celos evolutivos, propios de la edad, que desaparecen espontáneamente. Son comunes los celos que presenta un niño pequeño ante la llegada de un hermanito, sin embargo, existen otras clases de celos, como los celos del hermano pequeño hacia el mayor, por atribuirle más y mejores capacidades o porque los padres delegan en él gran autoridad; los celos de un hijo hacia uno de los padres por verlo competición directa por el cariño del otro progenitor; los celos de un niño hacia otros niños de edades parecidas a los que sus padres también prestan atención, como primos, hijos pequeños de amigos cercanos, etc.

Para que los celos sean motivo de preocupación deben alterar la convivencia y el desarrollo normal del niño o ser persistentes. Si se perpetúan pueden conducir a un desarrollo anómalo de la personalidad, pudiendo aparecer agresividad, inseguridad, conductas regresivas y problemas en las relaciones sociales.

Algunos de los comportamientos que pueden reflejar la presencia de celos en los más pequeños son los siguientes:

  • Comportamientos correspondientes a etapas evolutivas superadas que tienen como objetivo  reconquistar la atención perdida (micción nocturna en la cama, deseo tomar leche en biberón, ser acunado, chuparse el dedo, rabietas, cambios en el sueño, lenguaje “de bebé”…)
  • Incremento de la desobediencia y oposición.
  • Más irritables, llorones y nerviosos.
  • Actitud de indiferencia. El niño parece desinteresado por cuanto le rodea, como ensimismado en un mundo que le es más satisfactorio.
  • Actitud retraída que le lleva a involucrarse en actividades solitarias, y en ocasiones, reacción hostil hacia el hermano.
  • La tensión podría llevar a desarrollar síntomas de trastorno estomacal, malestar indefinido, dolor de cabeza y/o vómito.  Estas quejas somáticas llevan a acaparar la atención de los padres.
  • Agresividad creciente dirigida al principio contra la madre y posteriormente contra el hermano.
  • Si bien las conductas indicadas se dan principalmente en el ambiente familiar, también se observan en relación con los iguales y en el colegio.
  • Afectuosidad excesiva hacia el bebé.

Los celos responden a un proceso de adaptación y maduración, normal dentro de la evolución de los más pequeños. A través de ellos expresa sus miedos: miedo a perder el cariño que hasta el momento ha recibido, miedo a dejar de tener protagonismo, miedo a quedar desplazado… Pero no hay que olvidar, que depende de los padres,  que se incrementen, cronifiquen o, por el contrario, sirvan de ayuda para que los niños aprendan a resolver sus sentimientos negativos, a expresarlos de forma correcta, y para que aprendan también, a afrontar las frustraciones de la vida (quizás esta sea su primera frustración de una larga cadena de ellas ) lo que ayudará en su desarrollo emocional.

El control de los factores que mantienen el problema en muchos casos es suficiente para eliminarlo. Hablaremos de ellos en el post de mañana.

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Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Colegida M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte.

 

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1 comentario


  1. Joan Viver

    Este tipo de publicaciones pueden ser de gran interés puesto que unifican la teoría con la praxis, es decir, no solo exponen el origen y la base científica de aquello que se narra, dando mayor credibilidad al contenido, sino que también pueden ser de ayuda a la hora de actuar con nuestros hijos, pacientes, usuarios, etc.
    Otro aspecto a destacar, es la relación necesaria entre las diferentes teorías del desarrollo, que no se aborda de forma directa pero sí es posible llegar a esta conclusión durante la lectura del post. Así pues, la autora cita la teoría etológica enlazándola al apego, recordando a los gansos del estudio de Konrad Lorenz. Pero también se menciona el entorno del infante, cuyas teorías más representativas son la ecológica y del aprendizaje. Del mismo modo, se aborda el afrontamiento de los celos como un aspecto de ayuda para aprender a conllevar las posibles futuras frustraciones y evitar las conductas regresivas, que puede hacernos pensar en el esquema de superación de etapas que plantea el psicoanálisis, o incluso las etapas de Piaget dentro de las teorías cognitivas. Dicho esto, parece necesaria una teoría ecléctica para poder aunar los aspectos más relevantes de cada una de las teorías para poder estudiar y trabajar mejor con los niños.