Niños: su tiempo libre es su derecho, no un privilegio

13_margaPor Marga Gutiérrez del Arroyo.

Los niños, vivan donde vivan, tengan la edad que tengan, disfrutan jugando. Disfrutan, pero también aprenden (y mucho) a través del juego. El juego se convierte así en uno de los hábitos básicos que debe aprender el niño durante su desarrollo, junto con los hábitos de descanso, comida, higiene, estudio, vida con el otro y responsabilidad. Tan importante es, que el juego es un derecho (recogido en el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño de la Organización de Naciones Unidas (ONU, 1989) y un día oficial: el 28 de Mayo.

El juego es la fuente de aprendizaje más importante con la que cuenta el niño: es su oportunidad para practicar lo aprendido y observado en el colegio durante el día, en casa y en la vida cotidiana. Es un impulso primario que nos empuja desde la infancia a descubrir, explorar, dominar y querer el mundo que nos rodea, descubriendo poco a poco los valores y reglas que lo rigen, e influyendo en ellos.

En el juego, además, casi todo es posible, y la realidad no impone sus reglas limitantes. El niño tiene así tiempo y lugar para explorar sin las consecuencias que tendría hacerlo en la vida real. Elige quién quiere ser, se atribuye características de otras persona (algo muy importante para reafirmar sus propia identidad) y en muchos casos, expresa sus sentimientos y deseos acerca de la realidad en la que vive. Esto es muy importante, dado que demuestra cómo el juego, además de tener una función lúdica y de puro aprendizaje, tiene también una función terapéutica: el niño puede actuar simbólicamente sobre los conflictos que percibe en su vida, resolviéndolos creativamente y emocionalmente.

El sendentarismo como estilo de vida actual, ha desencadenado un índice de sobrepeso alarmante entre la población infantil. Esto, unido a la carga creciente de actividades extraescolares diarias, ha hecho saltar las alarmas del Observatorio del Juego Infantil (OJI), que recomienda a padres y familiares a ceder más tiempo y espacio al juego (y no abandonarlo a partir de los 9 años, cuando los padres consideran que sus hijos son mayores para jugar). Y es que según el estudio Juegorama 2011:

Si bien las madres perciben que sus hijos se pasan todo el día jugando, en realidad los niños reparten el tiempo que les resta tras pasar el 50% durmiendo y el 30% en el cole,  entre alimentación, juego, extraescolares, TV y otros, para lo que disponen del 20% de su tiempo.

Conclusión: el juego es una necesidad del niño, una fuente de disfrute, una oportunidad para explorar los recursos que tiene y para poner en práctica lo observado alrededor, pero también es un derecho universal. Invirtamos en el juego con la misma constancia que dirigimos a la alimentación y otros aspectos del cuidado del niño.

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Marga Gutiérrez del Arroyo es una de las Psicólogas Infantiles del Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.

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