¿Eres capaz de plantearte el trabajo como un “juego”? Los adultos también necesitamos jugar

1653947_10203239067608414_868458000_nPor Marga Gutiérrez del Arroyo.

Los adultos dedicamos al trabajo una media de cuarenta horas a la semana, un poco menos del tiempo que dedicamos a dormir (unas cincuenta horas semanales).

La Carta Magna de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 1946 define la Salud como “el estado completo de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Todo esto nos lleva a plantear que, con independencia de la crisis económica actual (y la crisis en el cuidado al trabajador), debemos apostar siempre por el bienestar laboral propio.

Existen muchos aspectos que median en la salud laboral: las condiciones de seguridad, el medioambiente físico, la carga y la organización del trabajo, los riesgos químicos y biológicos, etc. Sin embargo existe un aspecto mediador fundamental que depende exclusivamente del trabajador: su planteamiento lúdico.

El juego es la fuente de aprendizaje más importante con la que cuenta el niño. El juego existe en todas las culturas, y existe un juego típico para cada edad del niño, a partir de su desarrollo cognitivo, motor y social. Es una fuente de disfrute que permite explorar los recursos de uno mismo y poner en práctica lo observado alrededor.

Una de las numerosas aportaciones a la Psicología de Anna Freud fue el planteamiento de las líneas evolutivas por las que debe ir pasando el niño en su recorrido hacia la adolescencia y madurez. Hoy nos interesa destacar la línea que hace referencia al juego: Cómo el niño aprende y disfruta a partir del movimiento de su cuerpo como recién nacido y cómo más tarde, irá descubriendo el mundo y la diversión a partir de los objetos y juguetes (él solito al principio y después con los demás). Y es al final de este camino (cuando el niño se convierte en adulto), que olvida el juego y se inmersa en el trabajo. Anna Freud proponía pues que el trabajo debía ser una oportunidad para desarrollar la creatividad, el aprendizaje y el disfrute que nos proporcionaba el juego infantil.

Esa es la parcela de responsabilidad que tenemos en nuestra rutina laboral: Demos un paso atrás y tomemos distancia para descubrir la parte más lúdica que nos ofrecen las tareas más rutinarias y aparentemente menos excitantes.

¿Qué cambios podemos hacer para hacerlas más divertidas y disfrutables? ¿Cuáles dependen de nosotros y no de la autorización de un puesto superior?

Al fin y al cabo, dedicamos más tiempo al trabajo que al ocio, y casi el mismo tiempo que a dormir. No dejemos atrás los recursos que en el pasado, nos ayudaron a aprender y recrearnos: Adaptemos el juego a la edad adulta en los máximos ámbitos posibles.

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Marga Gutiérrez del Arroyo es una de las Psicólogas Infantiles del Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.

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