¿Qué es la depresión?

depresionPor Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Colegiada M-25022.

Estar unos días bajo de ánimo o sentirse ‘depre’ no es tener depresión. La depresión es mucho más que eso, más intenso, de otra naturaleza, más complejo. Algunas de las personas no lo han vivido nunca de cerca tienen muchas dificultades para comprender este trastorno, no pueden entender que la persona que lo padece se aleje de sus funciones argumentando que verdaderamente “no puede con ellas”.

Como emoción básica que es todos hemos experimentado tristeza alguna vez. No es agradable. Surge ante una pérdida objetiva o subjetiva y, pese a lo desagradable que nos resulta, cumple una función: nos permite elaborarla, nos aparta momentáneamente del camino para poder transitar adecuadamente a través de una nueva situación que hemos de aceptar.

En algunas personas estos sentimientos no son temporales, no solo no desaparecen sino que se instauran de modo permanente en la vida de la persona; acompañándose de otros síntomas que, en su conjunto, acaban por impedirle a la persona afrontar su día a día. La emoción deja de ser adptativa y bloquea de manera patológica a quien la sufre. En estos casos sí podemos estar hablando de depresión como tal.

De manera muy general los síntomas de este trastorno varían de una persona a otra pero algunas de sus manifestaciones más comunes son:

  • Bajo estado de ánimo, tristeza o sentimientos de desesperanza con respecto al futuro, que se prolongan durante un periodo de tiempo considerable (desde el punto de vista diagnóstico este umbral se coloca por encima de los 6 meses)
  • Pérdida de interés por la vida o por ciertos aspectos de ella, la persona no disfruta con cosas con la que en un pasado sí conseguía hacerlo y tiene muchas dificultades para experimentar sensaciones placenteras.
  • Existe apatía (falta de motivación y sensación de indiferencia o desgana con respecto a distintas tareas) y abulia (falta de voluntad para emprender ningún tipo de actividad que se acompaña de sensación de pérdida de energía) de manera generalizada.
  • Se pierde interés igualmente por la actividad sexual, disminuye o desaparece el apetito sexual.
  • Irritabilidad. No aparece siempre pero sí es común que deprimida la persona tienda a enfadarse más rápidamente de lo habitual o sea percibida por quienes la rodean como más irascible.
  • Llanto. La persona llora o siente ganas de llorar de manera muy recurrente, llegando a ser varas las veces que se siente así a lo largo del día.
  • Sensación de mayor cansancio o falta de energía. A la persona con depresión todo le cuesta más, incluso físicamente se sienta floja.
  • Problemas de sueño, ya sea para conciliarlo o mantenerlo a lo largo de una noche entera.
  • Pérdida de apetito (o cambios incluso en el extremo opuesto cuando además existe ansiedad), que pueden traducirse en cambios en el peso corporal.
  • Dificultades de concentración, atención y memoria. La persona vivie como ligeramente obnubilada para el que lo percibe desde fuera y tiene dificultad para concentrarse en las tareas cotidianas o recuperar información del pasado, lo que disminuye considerablemente su rendimiento. 
  • Sensación de inutilidad con respecto a sí misma y a todo cuanto le rodea.
  • Sentimientos de culpa sin causa justificada.
  • Pensamientos negativos con respecto a si misma, los demás y el mundo. La persona recurre en exceso a la autocrítica y pueden llegar a aparecer ideas o deseos de muerte así como preocupaciones constantes que alimentan la sensación de tristeza, desasosiego o ansiedad.

Si está experimentando un cuadro clínico similar o conoce a alguien a quien le esté sucediendo recurra de inmediato a un profesional.

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Ana Villarrubia Mendiola dirige el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid.

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