¿Qué cambios en nuestro cuerpo genera la ansiedad?

Ana Villarrubia

Por Ana Villarrubia Mendiola.

El estrés está a la orden del día en los tiempos que vivimos en los que la crisis y lo acelerado de los ritmos diarios nos someten a periodos críticos de estrés físico y psicológico. La ansiedad es su resultado psicofisiológico más inmediato.

Sabemos que es una emoción incómoda y molesta, que no puede llevar incluso a bloqueamos y hacernos sentir mal hasta el punto de torpedear nuestras actividades cotidianas. ¿Por qué ocurre esto?

¿Cómo se manifiesta la ansiedad en nuestro organismo y por qué sucede esto?

Cuando dices sentir ansiedad tu cuerpo está liberando adrenalina para “ayudarte” a resolver una situación difícil o de estrés. Tu cuerpo te prepara así para la lucha o ante un estímulo que has interpretado como una amenaza. El problema es que nuestras amenazas son emocionales, sociales, laborales… Rara vez son potencialmente dañinas para nuestra supervivencia y rara vez esa adrenalina es útil como lo ha sido para la defensa o la huida de un potencial depredador desde el punto de vista evolutivo. Los tiempos han cambiado pero nuestro organismo lo ha hecho más despacio.

En momentos de ansiedad su ritmo respiratorio se acelera, la respiración se vuelve más superficial y menos profunda, hiperventilamos para hacer llegar la mayor cantidad posible de oxígeno a los grupos de músculos que nos permiten huir. Nos preparamos para  quemar una gran cantidad de energía, nos activamos muy por encima de lo que deseamos.

La boca se nos seca y podemos llegar a notar molestias en el estómago: la función digestiva puede llegar a obstaculizarse pues despilfarra los recursos que queremos dedicar  a la defensa o la huida.

El corazón late más rápido también, para hacer llegar un mayor aporte de sangre a los órganos que nos van a a permitir la huida. Se produce toda una concatenación de efectos químico y neurobiológicos que nos hacen sentir desagradables sensaciones. Es la respuesta de lucha o huida.

Si efectivamente nos damos cuenta de que la reacción es desproporcionada y que el “atacante” (el problema) no supone una amenaza hasta el punto de afectar a nuestra supervivencia entonces relajamos toda esa estimulación interna pero quedamos posiblemente exhaustos.

Pues bien, imagina ahora que todo esto se pone en marcha más de una vez al día a lo largo de un periodo de tiempo estrenaste. y que esos desencadenantes son una crítica, una desaire de un compañero de trabajo, un malentendido con una amiga, unas malas palabras de tu pareja, un problema de ajuste económico…

Nuestro cuerpo no puede vivir constantemente en alerta sin sufrir las consecuencias. Aparecen entonces importantes síntomas físicos y psicológicos de ansiedad que será necesario trabajar con la ayuda de un profesional de la psicología clínica.

Para los peligros de la vida salvaje esta respuesta resulta muy adaptativa. Hoy en día huir de los problemas o enfrentarnos a ellos de con agresividad probablemente los agrande en la mayor parte de situaciones, rara vez los hará desaparecer. Al contrario, tanta reacción física incómoda nos pone incluso más nerviosos, nos impide pensar con claridad, nos impide resolver y nos hace vulnerables.

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid.

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