Trauma y estrés postraumático

AR3Por Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Colegiada M-25022.

Un suceso traumático es un acontecimiento negativo considerablemente intenso que aborda la vida da le persona que lo sufre de manera abrupta, brusca e incontrolable. Por su naturaleza, el suceso traumático pone en peligro la integridad física o psicológica de la víctima que lo padece, por lo que la persona es incapaz de afrontarlo, generando en ella sensaciones de intenso malestar, miedo e indefensión.

La vivencia de un suceso traumático quiebra a la víctima a partir de la profunda sensación de terror, indefensión y falta de todo control que implica. La persona se siente profundamente violentada y traicionada en su confianza tanto en sí misma como en los demás.

Las personas con trastorno por estrés postraumático, a raíz de la experimentación subjetiva de un suceso traumático, tienden a revivir de manera intensa las imágenes y emociones asociadas a dicho suceso. Pesadillas, flashbacks, recuerdos vívido y notablemente angustiosos son algunas de las formas que toman estos recordatorios involuntarios del trauma experimentado.

Es como si la experiencia traumática se tatuara en la memoria de la víctima y su rememoración, que aparece ante cualquier tipo de estímulo (una palabra, una imagen, un sonido…) escapase a su control y le llenara de intensas sensaciones de agobio. En palabras de dos expertos en esta materia (Echeburúa y Corral, 1995):

Es como si la memoria se encasquillase y no pudiera dar una salida normal a las experiencias vividas.

Ante el carácter incontrolable de esta sucesión de imágenes y sensaciones que de manera reiterada se traen al presente la persona acaba por sentirse de manera casi permanente en estado de alerta, fuertemente activadas y con elevados niveles de ansiedad. Todo ello obstaculiza el desarrollo normal de las actividades cotidianas, impidiendo la concentración e interrumpiendo el sueño, entre otras muchas desagradables implicaciones.

Es habitual que las personas con este tipo de sintomatología traten de “protegerse” mediante conductas de evitación y de cualquier estímulo que anticipen que les puede recordar el acontecimiento traumático. Por ello cambian rutinas y modifican actividades con el único objetivo de evitar lugares, personas, actividades, conversaciones e incluso pensamientos relacionados con el trauma.

Existe tanto temor a experimentar de nuevo cualquier elemento del trauma que se evitan hasta las relaciones más íntimas, algo que a medio y largo plazo aísla aún más a la persona y la hace más vulnerable. Si bien de manera inmediata la persona tiene la sensación de protegerse bajo su coraza, lo cierto es que acaba cultivando un embotamiento afectivo muy característico del estrés postraumático y que es necesario trabajar terapéuticamente para ayudar a la víctima a que se reincorpore progresivamente y con ayuda a su vida de manera activa.

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Ana Villarrubia Mendiola dirige el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid.

Bibliografía

  • Echeburúa, E. Corral, P., Amor, J. (2011) La resistencia humana ante los traumas y el duelo.
Adultos, Infancia y adolescencia, Salud Mental, Trauma , , , , , , , ,

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