El controvertido uso de recompensas en el aula para reforzar y extinguir conductas

Nuria TorresPor Nuria Torres Marcos.

Hablábamos ayer del manejo de las consecuencias de las conductas de los más pequeños en el aula para instaurar nuevas conductas o extinguir otras. También se usan frecuentemente las recompensas tangibles en forma de objetos, actividades o privilegios para dar reconocimiento a las conductas prosociales o a la ausencia de agresión. Se ha demostrado a menudo que este tipo de consecuencias positivas son eficaces para producir cambios de conductas, tanto a nivel experimental como en la práctica en el aula de clase (Hopkins & Mawhinney 1992). Sin embargo, muchos maestros de niños pequeños se oponen al uso de recordatorios tangibles (calcomanías, pegatinas, pequeños objetos, etc.) o recompensas materiales para estimular conductas sociales positivas en el ambiente típico del preescolar o del jardín infantil.

Un problema previsto al proporcionar recordatorios o recompensas tangibles, es que después de que los niños aprenden cómo funciona el sistema, pueden empezar a actuar cooperativamente sólo para recibir su premio. La preocupación es que al enfocarse en el premio, los niños pueden no prestar suficiente atención a las recompensas intrínsecas de las conductas cooperativas y no violentas y pueden, en cambio, volverse dependientes, de las recompensas tangibles. Se ha hablado ampliamente sobre los efectos perjudiciales potenciales de las recompensas en el desarrollo de la confianza en sí mismos y la motivación interna de los niños (Schwartz 1990; Sutherland 1993).

Aunque es importante considerar estos puntos, las preocupaciones planteadas sobre el uso de recompensas tangibles parecen exageradas y generalmente no se apoyan en el cúmulo de evidencia de las investigaciones.

No recomendamos el uso rutinario o casual de recordatorios o recompensas tangibles para las conductas sociales, sino que más bien sugerimos que los maestros confíen principalmente en los tipos de “recompensas”, o consecuencias positivas que ocurren de manera natural (espontánea) en las “interacciones de los niños con los otros”.

Sin embargo, a la luz de las investigaciones, creemos que hay circunstancias dentro del aula de clase en la niñez temprana para las que el maestro podría tener en cuenta el uso de incentivos o recordatorios tangibles a corto plazo, como parte de un plan individualizado para romper un ciclo peligroso de agresión.

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Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Colegida M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte.

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