Preocupaciones e intolerancia a la ansiedad: la pescadilla que se muerde la cola

Por Ana Villarrubia Mendiola.

La ansiedad es una de las manifestaciones psicofisiológicas por las que más personas acuden a consultar a un centro de psicología. Se trata, efectivamente, de una emoción tan primitiva como incómoda y desagradable que, mantenida en el tiempo, no solo genera un enorme malestar psicológico sino que puede acabe generando otro tipo de somatizaciones o consecuencias físicas.

Muchas de las cosas que nos decimos a nosotros mismos, nuestra propia manera de entender el mundo e interpretar lo que nos sucede, son pensamientos que en sí mismos generan ansiedad, por el nivel de preocupación y/o anticipación de sucesos negativos que conllevan. Nos hablamos a nosotros mismos, se nos pasan incluso a veces cosas tremendas por la cabeza, y nos intranquilizamos.

Muchas veces es necesario romper ese círculo vicioso de la preocupación para que la persona comience a sentirse mejor y sus niveles de ansiedad se alivien.

No obstante, n otras ocasiones o incluso de manera paralela, lo que es necesario es enseñar a la persona a convivir con la ansiedad que, por muy incómoda que resulte, es una emoción cuya función puede llegar a resultar adaptativa en algunas circunstancias (por ejemplo, la ansiedad nos prepara para la acción en situaciones en las que peligra nuestra supervivencia y al huida aparece como única escapatoria).

Creencias básicas como las siguientes nos hacen intolerantes a la ansiedad de manera que el simple hecho de experimentarla la acentúa y la potencia de manera insoportable:

La ansiedad es peligrosa

No puedo vivir tranquilo nunca.

No soporto esto, tiene que parar.

Si no estoy tranquilo todo el tiempo no puedo vivir en paz.

Es fácil detectar que se trata de pensamientos que distorsionan la realidad: sobregeneralizan nuestras sensaciones físicas, exageran la realidad, generan más inquietud, anticipan el futuro, sentencian de manera irremediable para el resto de nuestra vida.

Combatir estos pensamientos con la ayuda de un profesional y trabajar a nivel psicológico la intolerancia a la ansiedad tiene consecuencias muy beneficiosas para personas que tienen la sensación de no descansar nunca.

Ana Villarrubia Mendiola dirige desde 2012 el Gabinete Psicológico Aprende a Escucharte en Madrid.

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