Cómo motivar a mi hijo para que estudie sin desesperar en el intento

Por Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Colegiada M-25022

1213207011017_fEl equilibrio es difícil de alcanzar y mucho más difícil de mantener.

Quiero que me hijo estudie pero cada conversación relativa a este tema acaba en regañona, sermón o desesperación.

¿Te suena esta situación?

La clave de ese equilibrio está en darle al niño / adolescente ese ‘empujón‘ que necesita sin que se sienta presionado. Si es pequeño todavía sirven de algo nuestras palabras pero a partir de los 10-12 años, una vez entrada la pre-adolescncia, los mensajes de los padres en el terreno escolar a menudo se interpretan como consignas para comportarse en la dirección opuesta a la indicada. Cualquier intento de influencia puede ser interpretado como un ataque y acabar resultando ser contraproducente.

Para que nuestro hijo/a se sienta motivado en el ámbito académico es imprescindible que él mismo experimente una avance y, en este sentido, es necesario que desde fuera su esfuerzo sea valorado e incluso, si procede y es significativo, también recompensado. Por eso el esfuerzo ha de ser observado, explicitado y valorado incluso por encima de lo resultados que, sobre todo en un primer momento, no tienen por qué acompañar en el mismo sentido.

De esta manera es necesario que la persona se sienta valorada por sus habilidades, por sus capacidades y por su esfuerzo, por encima de los resultados en sí mismos. La nota no puede ser la única medida, existen también otras como el tiempo dedicado al estudio, los recursos dedicados, las observaciones cualitativas de los profesores, sus comentarios, nuestra propia observación del cambio…

Cuando una persona se esfuerza más progresa de manera más o menso rápida en una tarea. Es recomendable valorar su progreso, aunque sea más lento o menos espectacular de lo esperado. No dejes que tus expectativas acaben en prejuicio.

La identificación de pequeños éxitos en el camino, sin necesidad de esperar a las notas finales, es determinante para que la persona a se sienta motivada y se enganche a la tarea. Esta motivación es la clave del esfuerzo mantenido que lleva al éxito.

Por eso debemos fijar con nuestros hijos metas a corto y medio plazo que puedan ir sirviendo de termómetro del progreso. Se trata de identificar pequeños objetivos en la consecución de otros más importantes.

De nada sirven los grandes sermones motivacionales o las regañinas colosales. Es más eficaz hacer pactos y acordar metas que puedan ir siendo reforzadas a medida que se vayan cumpliendo y que, de este modo, contribuyan a alimentar la motivación y mantener el interés del niño por una tarea determinada.

Esto último habrás podido experimentarlo en tus propias carnes: para trabajar motivado no hay nada como recibir retroalimentación del propio trabajo. Cuando uno sabe que su trabajo tiene un sentido y obedece a un proceso estructurado se involucra más en sus tareas que cuando tiene la sensación de caminar sin rumbo hacia una meta aparentemente inalcanzable. ¿No te ha pasado nunca?

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Ana Villarrubia Mendiola es Psicóloga (Colegiada M-25022) y dirige desde el año 2012 el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte, en el centro de Madrid.

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2 comentarios


  1. Lizbe

    Tengo un hijo de 16 años estudiando el 11º y me es complejo tratar de conversar con el sin que lo perciba como un regaño o un sermon, para el todo lo que nosotros sus padres le comentemos acerca de su rendimiento en la escuela de su comportamiento en general, el lo ve mal, no toma consejos, cree que todo lo sabe, que lo que el dice es asi porque si, no escucha, nosotros le hablamos y al final quedamos gritando, el siempre tiene una respuesta a todo lo que le decimos nunca dice que comprende, que mejorara, calla pero no cambia. que habremos hecho mal? o que estamos haciendo mal?

    • Estimada lectora,
      No es cuestión de buscar culpables, sino causas que puedan explicar por que su hijo se muestra poco motivado.Cuando un hijo muestra esta actitud, probablemente nuestra relación cambia y empieza a girar en torno a ello; dejamos de hacer nuestras cosas para apoyarlo incansablemente (hacemos promesas, premiamos el “deber”, “chantajeamos” o nos sentamos con ellos por horas para asegurarnos que lo hagan bien) o bien intentamos revertir la situación por medio de castigos y amenazas. De cualquier forma, se refuerza un sistema de motivación externa (en que el adolescente sigue siendo motivado desde fuera, por otros). Por otro lado, cuando el castigo y la amenaza sobresalen, se genera un distanciamiento afectivo y un desgaste en la relación entre padres e hijos.
      Se debe tener presente que no es lo mismo exigir que despertar la motivación.
      Resultará necesario en este proceso de ayuda, establecer diálogo positivo con el hijo, conocer las preferencias reales de su hijo, las dificultades, lo que le motiva o desmotiva. Esto no sólo permitirá afianzar la relación, sino también identificar algún conflicto o problema (si lo hubiera), aprenderá a comunicarse mucho mejor en facetas de su hijo que desconoce, creará une espacio de confianza entre su hijo y usted, confiado en sus habilidades, independiente de su rendimiento académico. Respete su tiempo y ofrézcale la ayuda sin imponerla, de manera que sea él, el que la demande.