Encarcelado por mis propias creencias

Por Nuria Torres Marcos.

En posts anteriores hacíamos referencia a la importancia del aprendizaje para explicar cómo aparecen determinados problemas o dificultades psicológicas, como desde pequeños vamos aprendiendo una forma determinada de ver e interpretar el mundo, a los demás o a nosotros mismos, aprendemos cual es la forma más correcta de relacionarse con los otros, como debemos actuar en algunas situaciones o como considerarnos cuando hacemos determinadas cosas.

Muchas de nuestras creencias nos acompañan desde la infancia: la educación en casa, en el colegio, nuestros amigos, vecinos, familia, la cultura donde nos desarrollamos, la ciudad donde vivimos, etc.

El contexto en el que crecemos moldea estas creencias dejando un poso en cada uno de nosotros mientras que otras creencias se van desarrollando conforme vamos viviendo nuevas experiencias.

A veces solemos pensar que no somos capaces de hacer tal cosa, que los otros son mejores, que todo nos sale mal o que no valemos para nada, sintiéndonos inferiores y fracasados. Estas ideas suelen ser automáticas, inconscientes y poco controlables, por lo que limitan nuestra forma de actuar sin a penas darnos cuenta.

¿Por qué seguir manteniendo estas ideas, si no me ayudan, ni me permiten avanzar?

El psicólogo Albert Ellis buscaba identificar los pensamientos irracionales para sanar las emociones que estos pensamientos nos provocan.

Nuestro comportamiento se rige por las creencias y los mapas mentales que generamos y desarrollamos en nuestra mente. Si bien estos mapas nos ayudan a dar sentido a todo lo que percibimos, podemos diferenciar las denominadas creencias “racionales”,fundamentadas en la lógica y que generan sentimientos positivos, y las creencias “irracionales”, basadas en lo ilógico y que generan malestar en las personas, éstas son las verdaderamente peligrosas.

En su método, Ellis parte de la hipótesis de que el estado emocional lo causa nuestra interpretación de los acontecimientos, y no el acontecimiento en sí. Por tanto, si somos capaces de identificar y modificar nuestro mapa mental, es decir, las historias que llevamos en la mente y que arrastramos con nosotros acerca de cada aspecto del mundo, seremos capaces de generar un estado emocional menos doloroso y más racional.

Pongamos un ejemplo:

Un hombre se levanta por la mañana para ir a trabajar, se levanta tarde, coge su coche, hay muchísimo tráfico y se queda atascado. Pasan 5, 10 minutos de la hora de una reunión que tenía prevista en el trabajo y se va diciendo a si mismo: “Vaya asco de ciudad, que asco de tráfico, con los impuestos que pagamos y menuda ciudad que tenemos, nuestros políticos no hacen nada…”, a todo esto un conductor casi le golpea con su coche lo que provoca una pelea con él “pero que mal educado, donde iremos a parar, que mal que está la gente…”, llega al sitio de la reunión y no encuentra aparcamiento, da un montón de vueltas y no hay manera, y se vuelve a decir a si mismo “vaya un asco de ciudad, los políticos sólo hacen que sacarnos dinero y no solucionan nada…” al final desesperado, lo deja en un sitio de carga y descarga pensando que con la duración que iba a tener la reunión no pasaría nada. Pues bien al final llegó a su reunión muy tarde, pero esta reunión se alargó mucho y cuando fue a buscar su coche, se lo había llevado la grúa. Fue a buscar su coche súper malhumorado y pagó la multa. Llegó a su casa muy tarde, muy malhumorado, y su mujer le dijo “Bueno, quizás deberías mirar un poco el tema del coche, porque ya es la tercera vez en el mes que la grúa se te lleva el coche”. El hombre se fue a dormir hecho polvo, diciéndose a si mismo que absolutamente todo lo hacía mal, que no servía para nada y no se pudo dormir hasta las 3 de la mañana pensando “qué difícil que es la vida”.

En este relato vemos como la forma que tiene éste hombre de interpretar las situaciones con las que se encuentra, generan sentimientos de injusticia y rabia contra el mundo y los demás, así como una imagen negativa de sí mismo, produciéndole un gran malestar. Estas ideas determinarán su forma de actuar con otros, así como su valoración como persona.

Aunque la herencia y el ambiente sean importantes en la adquisición de los esquemas  disfuncionales de pensamiento, a menudo tendemos a reafirmar nuestras ideas buscando argumentos que las confirmen, manteniendo así nuestros esquemas disfuncionales.

Tomamos las creencias irracionales como guiones, aferrándonos a ellas sin reevaluar nuestro pensamiento y asumiendo una única forma de ver las cosas.

Estas creencias pueden ser cambiadas, aunque tal cambio no es fácil. Dichas creencias irracionales, tóxicas y limitantes pueden cambiarse mediante esfuerzos activos y persistentes para reconocer, desafiar y revisar el propio pensamiento. ¡Empieza cuanto antes!

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en el Centro de Psicología Aprende a Escucharte’ en Madrid.

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1 comentario


  1. Esperanza

    Somos mucho más amplios de lo que creemos. El peligro está en que nos estigmaizan desde pequeños y con esa creencia podemos pasar toda nuestra vida, olvidando el gran potencial que llevamos dentro. Felicidades por este blog.