La Autoestima, el Niño y el Póquer

Por Marga Gutiérrez del Arroyo.

Una palabra que los psicólogos utilizamos con mucha facilidad es la Autoestima, porque sabemos que el aprecio que cada persona tiene por si misma es la piedra filosofal de una vida saludable. Sabemos que la Autoestima comienza a forjarse desde que el bebé nace y es acariciado por sus padres, y va desarrollándose a lo largo de la infancia (encontrando momentos cruciales a su paso) para culminarse en la adolescencia y adultez. Pero quizá los psicólogos no sabemos transmitir esta idea bien, y la Autoestima como término queda relegada a un plano teórico, como tantos otros.

Rick Lavoie es especialista en educación especial, y ha sabido transmitir muy bien esta idea, dirigiéndose a padres y profesores de colegio. Ha encontrado un símil muy claro: las fichas de Póquer.

Una persona con una gran autoestima tiene muchas fichas de póquer. Por el contrario, una persona que se aprecia poco, cuenta con pocas fichas. Imaginemos a dos niños cualesquiera que van a una misma clase de un mismo colegio: Uno de ellos llega por la mañana con las manos llenas de fichas de póquer, mientras que el otro tiene muy poquitas fichas (y las lleva con mucho cuidado, para no desperdiciarlas).

El primer niño seguramente pueda permitirse ser espontáneo, salir a la pizarra voluntariamente, entablar conversación con niños de diferente clase, leer en voz alta ¿Por qué? Porque tiene muchas fichas y se puede permitir perder algunas al intentar cosas nuevas.

El segundo niño, sin embargo, debe cuidar en qué emplear sus fichas: intentará estar muy seguro de que la respuesta es correcta al participar en clase, procurará no enfrentarse a los niños con los que entre en conflicto en un momento puntual, no se atreverá a jugar a deportes nuevos con otros niños que no conoce…

Este segundo niño un día será adulto, y se encontrará con que la vida consiste en un juego complejo que requiere muchas fichas de póquer. Se enfrentará a pruebas académicas, nuevos idiomas, primeros trabajos, decepciones amorosas,  conflictos, cambios de residencia y de amigos, encuentros y desencuentros familiares, momentos de bonanza o crisis económica, y un largo etcétera.

Tal y como Rick Lavoie lo expone:

Nuestro deber es que cada niño se vaya a la cama con más fichas de póquer de las que tenía al despertarse por la mañana.

¿Cómo lo conseguimos? Primero, pongámonos en su piel joven: ¿Qué es importante para este niño teniendo en cuenta su edad y su personalidad? ¿Qué es lo que él más valora? Si somos verdaderamente capaces de ver el mundo con sus ojos y a su altura, podremos valorar lo importante que puede ser para el niño caminar, no volver a utilizar un pañal, aprender a leer y escribir, ser competente en un deporte que comparta en el colegio, y un largo etcétera. Y una vez comprendido, debemos ser capaces de celebrar sus éxitos y guiarle para ayudar a remontar los fracasos.

A veces resulta más claro decir qué NO hacer. ¿Qué mina la autoestima de un niño?

No sentirse apoyado en sus propósitos, hablarle mal delante de otros, no explicarle sus errores de manera que pueda entenderlos y mejorar, exigirle objetivos inalcanzables para su edad o capacidad, proyectar nuestro estrés diario y volcar en él nuestras frustraciones. Porque cada vez que hacemos eso, le estamos quitando a ese niño, un pedacito de su autoestima, o lo que es lo mismo, una o dos fichas de póquer. Y ya hemos visto, que no tienen el mismo peso para todos.

 

Marga Gutiérrez del Arroyo es psicóloga infantil y trabaja en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.

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