Ceguera en la Atención: Un recurso paradójico de nuestro cerebro

Por Marga Gutiérrez del Arroyo.

Nuestra mente no funciona de la manera que creemos. Creemos ver el mundo tal y como es, pero perdemos mucha información por el camino. Y sino, busquen el curioso experimento de Daniel Simons y Christopher Chasis (1999) sobre los jugadores de baloncesto: Lo que ocurre durante el vídeo les parecerá inaudito. Y es que en el mundo existe una cantidad ilimitada de información, y sin embargo nuestra capacidad para atenderla es bastante limitada.

¿Por qué se nos ha dotado de un sistema aparentemente tan imperfecto? Nuestro cerebro se encarga de filtrar la información que recibe, y crea una versión del mundo para nosotros ¿Qué ventajas tiene esto? Se nos proporciona así un atajo para entender el mundo de una manera más sencilla y predecible. Si tuviéramos que dar respuesta a todos los estímulos que nos rodean, nuestro sistema se vería saturado de información. Algo así como una ceguera en la Atención (Inattentional Blindness): Si no prestamos atención a algo, somos ciegos ante ello, aunque no tengamos conciencia de serlo.

Tenemos tres maneras de atender: Podemos atender sostenidamente a una tarea durante un tiempo prolongado, podemos atender a dos tareas que ocurren simultáneamente. Y podemos incluso seleccionar los estímulos a los que queremos atender, dejando los demás en un segundo plano. Y es ésta, la llamada Atención Selectiva, la que está interviniendo en este efecto: Seleccionamos la información útil o curiosa, desechamos la irrelevante. Así somos mucho más eficaces y capaces de completar objetivos que nos proponemos: desde mantener una conversación interesante en una fiesta a leer en una ruidosa cafetería.

Imaginemos que la atención es una linterna que se desplaza por el campo visual: procesaremos todo lo que queda dentro del área iluminada (que no es más que un espacio entre uno o dos grados desde el punto de enfoque). El resto va perdiendo nuestra atención de manera progresiva a medida que se aleja al punto focal. Si algo nos llama la atención en la periferia, cambiaremos de punto focal y lo que antes veíamos borroso, ahora lo vemos con detalle. Esto ocurre unas tres o cuatro veces por segundo y nos da la falsa sensación de que recibimos la información de manera global nítidamente.

Esto nos ocurre a todos y nos ocurre a diario: ¿Quién no ha pasado de largo por delante del lugar al que se dirigía, por haber estado inmerso en sus pensamientos o en una conversación telefónica? ¿Quién no ha sido “víctima” de un mago seductor? Este efecto puede ocurrir incluso en cadena: Fíjense en algunas de las superproducciones de cine, con un gran equipo de producción y montaje, que omite errores tales como miembros del equipo de rodaje en algunos planos (como ocurre con Jurasic Park), o un avión sobrevolando el cielo en un primer plano de Brad Pitt en la película de Troya.

La ceguera en la atención es ese recurso paradójico del cerebro que nos ayuda a centrarnos y ser eficaces a la hora de enfrentarnos a tareas, pero también nos somete a situaciones tan desternillantes como las que demuestran Simons y Chasis en su experimento. Adelante, compruébenlo.

Marga Gutiérrez del Arroyo es psicóloga infantil y trabaja en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.

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