Tener confianza y seguridad en ti influye sobre tus resultados

Confiando en nosotros mismos: Efecto Pigmalión Vs Efecto Golem.

Por Nuria Torres Marcos.

Cuando dos personas se disponen a hacer una tarea en las mismas condiciones, pueden obtener resultados muy diferentes. ¿A qué se debe tal diferencia?

Pueden influir múltiples factores que dificultan la realización de cualquier tarea, pero hay uno que es primordial y que nos permite persistir en la tarea aun cuando aparecen dificultades. Estamos hablando de la confianza en uno mismo.

Cuando somos pequeños nuestra mente es más maleable, de manera que según nuestras experiencias iremos forjando esa confianza a través de las influencias de lo que nos rodea.

Si pensamos que la confianza en uno mismo o autoconfianza se refiere a la creencia en la propia capacidad para llevar a cabo una tarea, podemos darnos cuenta de las diversas formas en que puede incrementarse o disminuirse la autoconfianza de una persona. A menudo existen experiencias fortuitas o influencias externas que permiten que nos demos cuenta de que somos capaces de llevar a cabo tareas complejas para las cuales pensábamos no estar preparados, pero en otras ocasiones, ciertas determinadas situaciones o aprendizajes provocan el efecto contrario.

A medida que crecemos, las personas significativas del entorno pueden creer que podemos mejorar y conseguir éxitos, esta expectativa logrará que la persona sobre la que recae se esfuerce en mejorar debido a la positiva actitud que siente sobre sí. La expectativa influye o determina que el sujeto sobre el que se cree y se espera que mejore, mejorará en realidad. Lo mismo ocurre si la expectativa es negativa. En ese caso si esperamos y creemos que el otro fracasará y que va empeorar, le influirá para que se cumpla la profecía.

Por tanto si los padres, los profesores o los jefes están convencidos de que sus hijos, alumnos o empleados van a rendir o fracasar facilitarán con ello que ocurra.

Esto se conoce como efecto Pigmalión. Este fenómeno nació cuando el escultor Pigmalión creó una escultura tan perfecta que llegó a enamorarse de ella y logró que la escultura cobrase vida. Desde entonces se entiende por efecto Pigmalión la influencia que nuestras expectativas ejercen sobre quienes recaen, elevándolas, en cuyo caso el efecto es positivo o reduciéndolas en cuyo caso el efecto se puede imaginar.

Aquí puede cada cual pensar cuánto le habrá influido que haya gente que esperaba mucho de él o por el contrario nada y puede cada cual meditar la influencia que sus expectativas positivas, su aceptación y su refuerzo tienen sobre sus seres queridos o sobre los que de ellos dependen.

Si nuestras expectativas son buenas, reforzaremos, aceptaremos, resaltaremos sus cualidades, hablaremos bien de ellos y si son bajas o muy bajas mostraremos actitudes de indiferencia, ignorancia o infravaloración, con lo que es fácil averiguar las consecuencias.

Igual que la función crea el órgano la expectativa crea y facilita la conducta esperada.

Como hemos comentado, el efecto Golem podríamos definirlo como el contrario al efecto Pigmalión. Aquellas personas sobre las que tenemos expectativas negativas o bajas, acaban actuando en base a esas expectativas. Si, por ejemplo, tenemos la idea de que un niño es torpe o es malo, muy probablemente el niño acabe desarrollando un comportamiento torpe o negativo.

Podría parecer que la idea de que no se deben poner etiquetas a los niños está superada. Sin embargo, todavía es frecuente escuchar cómo algunos padres, madres e incluso entre el profesorado, utiliza “definiciones” para referirse a los niños, expresando verbal y abiertamente estas opiniones aún estando el niño o la niña delante.

¿Cómo podemos aumentar nuestra confianza?

Cuando no confiamos en nuestras capacidades necesitamos tener pruebas de que podemos lograr los objetivos que nos proponemos, por ello debemos empezar por plantearnos pequeños objetivos realistas que nos permitan, a traves de pequeños pasos, llegar hasta ellos. De esta manera evitaremos caer en la frustración y desesperanza que supone plantearse expectativas elevadas e inalcanzables. A medida que consigamos estos pequeños objetivos, nuestra confianza aumentará permitiéndonos plantear otros de mayor dificultad.

Es importante aceptar nuestras capacidades y limitaciones y ver los aspectos positivos de uno mismo, sin generalizar, por tanto, nuestros errores en una situación determinada para asumir un modelo de fracaso.

Proponte cambiar algún habito que te perjudica, creando a su vez una costumbre mas saludable. El cambio debe ser paulatino, empezando paso a paso, sin esperar llegar a la cima volando. Por ejemplo, proponerse salir a correr dos veces a la semana y no todos los días, ya que el cambio será muy brusco y nos resultará mas complicado llevarlo a cabo.

Es frecuente que nuestra falta de confianza derive en pensamientos negativos sobre las posibles consecuencias de las diferentes decisiones que tomamos. Nos metemos en un círculo de rumiaciones y malestar que a menudo poco tienen que ver con la realidad y que nos genera un clima de inseguridad y malestar. Es importante no anclarnos en estos pensamientos y  centrarnos en el problema para generar alternativas de solución posibles y eficaces.

Celebra tus éxitos por pequeños que sean, todos merecemos reconocer aquellas cosas que nos gustan o que consideramos que hacemos bien. La confianza empieza en uno mismo.

Los grandes logros comenzaron con un sueño en la mente de una persona. Al igual que todo ser se encuentra en la semilla que lo engendra, el roble duerme en la bellota, el ave espera en el huevo, los sueños son las semillas de dicha realidad que espera impaciente.

James Allen

Nuria Torres Marcos esPsicóloga (Col. M-26071) en elCentro de Psicología Aprende a Escucharte’ en el centro deMadrid, junto a la Glorieta de Embajadores.

 

 

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