Adolescentes, motivación y estudios

Por Nuria Torres Marcos.

La motivación respecto a cualquier actividad, si bien puede surgir de forma inesperada e intensa, no es algo que podamos crear de forma mágica cuando la queremos canalizar hacia algo concreto, sino que hay que construirla paso a paso.

La motivación es aquello que nos impulsa a hacer algo, una predisposición que viene muy relacionada con las expectativas que tenemos así como, con aquello que conseguimos haciéndolo.

Cada individuo es diferente, por lo que podemos tener motivos muy distintos para realizar una actividad concreta. Dependiendo de las consecuencias positivas o negativas de lo que hacemos, o las recompensas o castigos que recibimos cuando concluimos alguna tarea, serán los encargados que, con el paso del tiempo, pueden hacer que la motivación varíe.

Como comentábamos en post anteriores sobre el paso a la adolescencia, los intereses van cambiando y la motivación se dirige hacia otras áreas más relevantes dentro de la vida del joven. Aparece la necesidad de ser valorados, encontrar un sentido a lo que hacen, tener muchos amigos, etc.

Unos de los retos más difíciles para los padres es motivar a sus hijos para que estudien y que cumplan con aquellas responsabilidades que aparecen tanto en el colegio como en casa, y aquellas otras que van surgiendo en el camino a la edad adulta.

¿Cómo podemos motivar para el estudio?

  • Algo importante que en ocasiones se nos escapa es ofrecerles nuestro apoyo, ya no son niños por lo que el respeto y la confianza que depositemos en ellos será la clave para construir una relación adecuada que nos permita guiarles hacia sus objetivos.
  • Cuando nos gusta algo o nuestro interés es mayor es más fácil estudiarlo, por lo que podemos ayudarles para relacionar aquello que les interesa, o que han estudiado con anterioridad con aquello que hacen actualmente. De esta manera incrementaremos el control del joven sobre lo que tiene entre manos así como su confianza. Intentar vincular distintas asignaturas con puestos de trabajo o estudios universitarios que capten su atención.
  • Elaborar un plan de estudio. Esto significa planificar horarios y descansos para el estudio, eliminar distracciones, crear un entorno agradable y cómodo, proponerse metas a corto plazo, reforzar por el esfuerzo realizado y dar libertad a la toma de decisiones.
  • Buscar actividades novedosas para estimular nuevos intereses que vayan más allá del móvil, los amigos o los ordenadores.
  • Enseñarles la responsabilidad de asumir las consecuencias de las decisiones independientes que puedan tomar. Así comprenderán que la libertad y el poder conllevan responsabilidades.
  • Promover la planificación de objetivos, de manera que se sientan motivados por saber lo que quieren y así trabajar para llevarlos a cabo.
  • Fijar unas expectativas ajustadas, cuyo éxito les ayude a sentirse llenos y hacerlo cada vez un poco mejor.
  • Reforzar y premiar por ser persistente y no rendirse a pesar de sentirse abrumados ante determinadas tareas.
  • Administrar el tiempo a través de un programa de gestión del tiempo, donde los descansos se respeten como elemento fundamental para su aprovechamiento.

Para motivar a los adolescentes debemos dejar que puedan decidir algunos aspectos, aunque esto dependerá, entre otras cosas, de su propia historia educativa y su estado general. Lo ideal es proponerles que nos presenten su propio plan para empezar a estudiar y sacar adelante el curso. A partir de este esbozo los padres pueden supervisarlo, ajustarlo según su propia experiencia y finalmente pactar su puesta en marcha y efectuar una supervisión.

La motivación del joven aumenta a medida que percibe cierta autonomía y que él mismo es capaz de generar el cambio no tanto por imposición de los padres sino por convicción. Una vez las notas favorables lleguen y reciba el reconocimiento de compañeros, padres y maestros, esta motivación se afianzará.

Una buena capacidad intelectual sin motivación puede llevar al fracaso escolar.

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en elCentro de PsicologíaAprende a Escucharte’ en el centro de Madrid, junto a la Glorieta de Embajadores.

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