El miedo a sentir y la generalización de la ansiedad

Por Ana Villarrubia Mendiola.

La preocupación forma parte de nuestra vida diaria y es difícil considerarla como algo fuera de lo normal. Todos en algún momento del día nos preocupamos, es algo que hacemos de manera natural y cotidiana, es frecuente y muy común.

¿Qué objetivo tiene la preocupación? ¿Qué función cumple?

Nos preocupamos ante una situación que consideramos problemática, por los motivos que sean, y a través de este proceso de preocuparnos nos volcamos en encontrar una solución. “Preocuparse es bueno” nos decimos a nosotros mismos, pues nos prepara para lo que pueda ocurrir. Desde un punto de vista más psicológico preocuparse funciona porque hace que nos ocupemos de algo y nos pongamos a resolverlo con el esfuerzo necesario y de la mejor manera posible.

Preocuparse comienza a ser preocupante cuando nos incapacita, cuando nos bloquea, cuando pasa a ocupar la mayor parte de nuestro tiempo, de nuestro esfuerzo y de nuestros pensamiento, perdiendo ya esa función psicológica que le atribuimos como herramienta para la solución de problemas. Preocuparse es preocupante a nivel psicológico cuando la persona vive preocupada: es decir, que pasa a preocuparse por todos los posibles e hipotéticos problemas que le puedan surgir en el futuro sin ni siquiera esperarse a comprobar o tener la certeza de que va a tener que hacerles frente en el mundo real.

Decimos entonces que la preocupación se generaliza y comienza además a ser un serio impedimento para que la persona pueda hacer que su vida discurra con normalidad.

Cuando la preocupación se generaliza y, por tanto, se generaliza también la ansiedad asociada, acabamos por vivir en un círculo vicioso y viciado en el que el miedo bloquea e incapacita. Estamos entonces ante un posible trastorno de ansiedad generalizada.

Da tanto miedo el posible sufrimiento futuro y se anticipa su probabilidad con un nivel tal de malestar, que uno acaba evitando hacer nada que pueda exponerle ante un riesgo potencial.

La persona acaba por no resolver ninguna situación, solo se preocupa ante ella sin hacer nada a cambio, sin que exista consecuencia alguna a parte de la propia sensación de estar preocupado por ello. La vida se supedita entonces a un torrente de pensamientos negativos e intrusivos que nos invaden y hacen el día a día muy difícil de sobrellevar.

La preocupación genera una falsa sensación de control sobre el futuro, genera la ilusión de un control que nunca llega a materializarse. Nos queda el sentimiento, equivocado, de que si nos preocupamos nos protegemos del daño potencial, como si bastase con preocuparse para que las cosas malas no nos pudieran pasar a nosotros ni a ninguno de los nuestros. El síntoma central del Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es la preocupación  en sí misma y el malestar que genera en la persona es inmenso: deja prácticamente de vivir su día a día y cambia la preocupación por la propia experiencia vital.

 

 

Ana Villarrubia Mendiola dirige la consulta de psicología ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.

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1 comentario


  1. miriam

    Hola. Excelente artículo. Hace poco publique uno en mi blog a cerca de como aprendemos a tener miedo http://psicorumbo.com/no-somos-miedosos-aprendemos-a-tener-miedo/