Pautas para poner límites en casa

Por Nuria Torres Marcos.

¿Por qué nos cuesta tanto poner límites? A menudo poner límites a nuestro hijo nos puede generar culpa o malestar ya que creemos que coartamos su libertad, pensamos que nuestro pequeño sufrirá y esto hará que la relación se deteriore.

Pues bien, ¿Cómo te sentirías si te encuestas en un sendero oscuro sin saber para dónde tirar? Cuando no existen límites ni normas bien delimitadas, nos sentimos perdidos, sin rumbo, inseguros, con miedo y bastante confusión.

Marcar estos limites ayuda a los niños a ordenar su mundo, diferenciar las buenas de las malas conductas, ser consciente de que se espera de ellos, y sobre todo reducir la incertidumbre que genera no saber las consecuencias que puede tener cada conducta, así como, las reacciones que éstas tendrán en los demás, otorgándoles unos criterios que les servirán de referencia.

Desde que nacemos, los padres se encargan de satisfacer las necesidades más básicas, somos seres dependientes que necesitan cuidado y protección. Con el tiempo, los niños van madurando,  desprendiéndose de los adultos de los que antes dependían. Poco a poco y de manera más y más autónoma cada día, ellos solos empezarán a explorar y, por tanto, a conocer el funcionamiento del mundo que les rodea.

El establecimiento de reglas tanto de convivencia como sociales, ira generando el esquema desde el cual ira formando sus propios esquemas internos. Es necesario que en un principio estos límites sean explícitos, directos y concretos, ya que el pequeño no sabe como actuar y debe tener claro como hacerlo. A medida que crecen estos se irán interiorizando, dándole seguridad, control y sentido a su mundo.

Desde este espacio nos gustaría ofrecer algunas pautas sobre como marcar los límites adecuadamente, pero teniendo claro que esto no es ninguna herramienta infalible, dependerá de cada niño y sus circunstancias.

  • Los límites han de ser firmes pero no rígidos. Cuando decimos NO, debemos dar un por qué, una explicación que permita al niño entender por que tal conducta no es adecuada en ese momento o en esa situación. Estas pequeñas frustraciones que experimenta serán necesarias para que poco a poco aprenda a renunciar a sus peticiones, encajar fallos o decepciones en su día a día, sin que le produzca un gran malestar o deteriore su autoestima.

En ocasiones, algunos de estos limites serán negociables, por lo que es importante reflexionar con anticipación para tener claro cuando si o cuando no podemos flexibilizar ante tal norma.

Si por el contrario, los límites son ambiguos o poco concretos, no tendrán una referencia clara de cómo deben hacerlo, por lo que aumentara su incertidumbre, confusión, generando una sensación de desprotección. Con la rigidez también generamos sentimientos de temor o enfado.

  • Pocas normas, claras y concretas. De esta manera evitaremos estar constantemente diciendo que no a todo, asegurándonos de que las entienden y saben como hacerlo.
  • Ser constantes y consecuentes con las decisiones que tomemos. No podemos pedir que no griten, gritando o no cumplir con las consecuencias tanto negativas como positivas que hemos establecido con anterioridad ante determinada conducta, esto provoca una pérdida de autoridad e incrementa su desconcierto.

Es normal que a veces nos equivoquemos, que nos saltemos lo establecido, por que somos humanos, tenemos muchas cosas que hacer y tenemos derecho a rectificar.

  • Ser cariñosos sin dejar de ser firmes, querer a nuestros hijos no implica dejarle hacer lo que quiera, al contrario, esto les ayudará a sentirse protegidos y seguros.
  • Buscar soluciones y adaptar las recompensas y castigos a la conducta que queremos suprimir o potenciar, no podemos regañarle igual si no recoge su ropa que si pega a otro niño, por ejemplo.
  • IMPORTANTE, desaprobar el comportamiento pero no al niño, no se trata de un “niño malo” sino de una “conducta equivocada o poco adecuada”.
  • Es mejor explicar lo que debe hacer que lo que no, “habla bajito” en lugar de “no grites”, de esta manera, damos una alternativa al comportamiento inadecuado.

Somos conscientes de que todo esto supone un importante gasto energético ya que su cumplimiento requiere vigilancia y dedicación, por ello esperamos que pueda ser de ayuda y facilite en la medida de lo posible el complicado trabajo que supone la educación de los más pequeños.

 

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en el Centro de Psicología  Aprende a Escucharte’ en Madrid.

 

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