Asusta sentirse vulnerable: despréndete de tu coraza

Por Nuria Torres Marcos.

Si buscamos la palabra vulnerabilidad en el diccionario encontraremos la siguiente definición “capacidad para poder ser herido física o moralmente”. Desde este punto de vista es razonable que muchas personas consideren ésta como una debilidad.

A menudo solemos mostrarnos invulnerables para protegernos, para evitar en la medida de lo posible que nos hagan daño o para defendernos en esos momentos en los que se muestra nuestra cara más sincera. Puede parecer una forma lógica de pensar y quizá sea adaptativa en algunas ocasiones, pero curiosamente lo mas lógico no suele funcionar en este caso.

Evitamos mostrar nuestros sentimientos, pensamientos, emociones, miedos y solo mostramos aquello que nos hace sentir seguros, pero ¿ocultarlo significa que vaya a desaparecer? Todo lo contrario, se enraiza, se acumula e incrementa nuestro malestar.

La coraza que usamos para protegernos impide que se vea lo que hay detrás. Impide que podamos centrarnos en desarrollar un nivel de confianza en nosotros mismos lo suficientemente potente para expresar abiertamente nuestros puntos de vista u opiniones. Nos mostramos como guerreros, duros e invulnerables, y construimos una barrera de hormigón alrededor de nuestras emociones.

¡Tenemos que ser fuertes! Somos muy duros con nosotros mismos, sobre todo cuando no nos permitimos hacer o sentir determinadas cosas. La vulnerabilidad nos conecta con aquello que no nos gusta enseñar, la parte más íntima de cada uno, llena de emoción, inseguridad y limitaciones. No es nada fácil mostrar esa cara, nadie nos ha enseñado cuando y como mostrarnos vulnerables, pero admitirse de tal manera implica poder apreciar la vida, nuestra vida, tal y como es, empezar a querernos tal y como somos, y perder el miedo a equivocarnos.

Puede que estés acostumbrado a que la gente adivine aquello que necesitas o quizá tengas miedo a reconocer que necesitas algo o a que rechacen tus peticiones. Pedir también supone reconocer que somos vulnerables y que ni lo sabemos todo, ni lo podemos todo.

Ser vulnerable no significa ser débil. Solo alguien realmente fuerte puede permitirse mostrar su vulnerabilidad. La vulnerabilidad es la puerta del aprendizaje. Asumir como somos y que nos queda mucho por aprender, es un signo de sabiduría que nos permite obtener de la vida lo que merecemos, aprender cada día, adaptarnos a los cambios, aceptarnos y aceptar a los demás.

Ser vulnerable es reconocerse principiante. Desgraciadamente, cuando más sabemos más nos cuesta aprender, más creemos que las cosas no nos van a sorprender, que todo está inventado. Esto se convierte muchas veces en nuestro freno, en una cadena de falsa seguridad que nos impide lanzarnos a lo desconocido.

Con esta reflexión no se trata de pasarse al otro extremo, considerar la vulnerabilidad como una fortaleza, no quiere decir que tengamos que afrontar la vida desde la total desprotección, en todos los ámbitos y en todas las situaciones. Significa más bien aceptar el hecho de que somos humanos, vulnerables, que tenemos puntos débiles, que cometemos errores y que podemos vivir con todo esto de una manera mucho más fluida y natural, con menos miedo, para comprobar que, al hacerlo, nos vinculamos más a los demás y la cosecha que recogemos es mucho más rica. Por el contrario, mantener la idea de que lo mejor es intentar ocultar nuestra condición humana, que no se nos vean las debilidades, es una creencia que limita nuestras conversaciones y nuestra manera de estar en el mundo.

Admitir nuestra vulnerabilidad es un acto de fortaleza, carácter y valentía.

Cuanto más abiertos estemos a nuestros propios sentimientos, mejor podremos leer los de los demás.

Daniel Goleman

 

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en la Consulta de Psicología  Aprende a Escucharte’en Madrid.

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