Impulsividad: ayudando a nuestro hijo a reflexionar

Por Ana Villarrubia Mendiola.

Los niños muy impulsivos, ya sea por una marcada tendencia o porque tengan un diagnóstico más concreto (como, por ejemplo, niños diagnosticados con TDA) tienen muchas dificultades para pararse a reflexionar después de sus actos; por lo que también les cuesta reconocer lo que han hecho. Tendemos a pensar que nos están mintiendo vilmente, con mala intencion incluso, sin considerar que es posible que se avergüencen de lo que han hecho, que no se hayan dado cuenta o que les cueste mucho reocnocerse en aquello que le setsamos recriminando.

Un niño con TDA y con un claro objetivo en mente,  es posible que, casi sin darse cuenta, esto es,  sin poner atención en ello, despliegue toda una serie de conductas hasta conseguir su objetivo. Por ejemplo, un niño que quiere conseguir la pelota en un determinado juego, o llegar primero a un determinado lugar, puede arrollar a la carrera a otro niño, dar un codazo a una niña y empujar a un contrincante, todo ello par alcanzar su objetivo. Y es que su atención está fijada en la meta y nada más. Si hablamos de un niño con problemas de atención, lo que pase hasta que alcance su meta escapa, en cierto, modo, a su control.

Esto no es fácil de asimilar, parece una exculpacion gratuita. El adulto que ve todo esto quiere que necesariamente el niño “se de cuenta” de lo que ha hecho, que “sea más consciente”, que “preste atención”. Nos cuesta entender que algo tan obvio para nosotros pueda suponer una difucicultad de base para el otro.

Para ello es necesario ayudar al niño en ese proceso de “darse cuenta”, ayudarle a fijarse, a observar y a autoobservar su propia conducta. Esto que para nosotros es algo “natural” representa un largo proceso de aprendizaje para un niño con problemas de atención.

Cuando observamos una cadena de acontecimientos similar a la que hemos descrito en el ejemplo es momento de actuar. Es una buena oportunidad para repasar con el niño lo sucedido, para ayudarle a darse cuenta de las consecuencia que sus actos han tenido sobre los demás. Cuanto antes lo hagamos mejor, cuanto más fresca tenga la experienica en su cabeza, más eficaz será nuetsra intervención. Eso si, hemos de hacerlo como lo que es, una ayuda al aprendizaje, y no una regañina sin más.

Somos su mejor herramienta para que, a través de nosotros, aprenda a ser más reflexivo y a observar su entorno de un modo que le permita ser más consciente de su propia conducta y de su propia influencia sobre todos los que le rodean.

Recuerda que, cuando la versión del niño no concuerda con la realidad que el adulto ha experimentado, no es necesariamente porque el niño quiera engañarnos de manera deliberada. Necesita recibir desde fuera toda esa retroalimentación, toda esa informacion sobre sí mismo que él tiene dificultades reales para observar y más aún para analizar.

 

Ana Villarrubia Mendiola (Psicóloga Col. M-25022) dirige el Centro de Psicología  ‘Aprende a Escucharte’ en Madrid

Infancia y adolescencia , , , , , , , , ,

Comentarios cerrados.