Cómo prevenir las conductas agresivas de mi hijo

Por Nuria Torres Marcos.

Como hemos comentados en un post anterior en el que reflexionábamos sobre los diferentes estilos educativos, estos suponen un elemento fundamental en la socialización de los niños.

Por ello, hoy, queremos hacer especial mención a uno de los problemas más frecuentes que acuden a nuestra consulta: las conductas agresivas en la infancia.

Haciendo una revisión sobre los diferentes estudios sobre este tema, nos encontramos con que la mayoría establecen una conexión importante entre los estilos educativos o pautas de crianza a los que hacíamos referencia en otro de nuestros post y la agresividad de los pequeños.

Bandura (1973) definió la conducta agresiva como una conducta adquirida controlada por reforzadores, que es perjudicial y destructiva; más tarde Edmunds y Kendrick la definieron como la disposición a manifestar conductas nocivas como medio para conseguir refuerzos del exterior. Ambos términos reflejan la interacción del sujeto con el entorno, y en estas aparecen expresiones conductuales negativas y poco adaptativas, que pueden ser verbales, no verbales, físicas o psicológicas.

Muchas teorías desde los años 70 relacionan  la conducta agresiva en la infancia con los estilos de crianza. Se han estudiado variables como el rechazo, la falta de apoyo y afecto, el uso del castigo o la falta de supervisión y comunicación que influyen considerablemente en el comportamiento del menor. Por ello, no solo el estilo educativo, sino también otros aspectos de la interacción diaria con los más pequeños pueden derivar en comportamientos inadaptados.

La inconsistencia en el establecimiento de límites o en las normas establecidas por los padres se encuentra directamente relacionado con las conducta agresiva, al igual que una disciplina agresiva, carente de razonamiento y altos niveles de agresividad física y verbal, genera un aprendizaje en los mas pequeños en las que este estilo es la única forma de hacer las cosas, sin existir alternativa a dicho comportamiento.

Otros aspectos importantes que pueden verse relacionados con este tipo de comportamientos en los niños, son la falta de supervisión y compromiso por la crianza, junto con las pautas inconsistentes, la falta de apoyo o incluso el estilo autoritario que establece una estructura rígida que impide al niño aprender a regularse por si mismo y potencia las dificultades para controlar su rabia.

Esta relación de los diferentes estilos de crianza y ciertas manifestaciones conductuales inapropiadas, nos permite plantear que determinadas características del estilo de crianza de los padres podrían predecir la presencia de problemas de  adaptación en los hijos, como lo es la agresividad.

Como sabemos los padres son el modelo que seguimos desde pequeños para modelar nuestra conducta, a través de las consecuencias positivas o negativas que se derivan de nuestra conductas o con la imitación de los más mayores, aprendemos a comportarnos en el mundo en el que vivimos, por ello el mensaje que se da a los niños sobre como deben comportarse debe ser coherente con lo que viven o con los que se les trasmite en el día a día.

Enseñar a nuestro hijo una alternativa de actuación en situaciones en las que se comporte de manera agresiva es fundamental para su aprendizaje, de esta manera favoreceremos su autonomía y su autorregulación. Si solo castigamos no estará aprendiendo nada nuevo, solo ha castigar a otros cuando las cosas no se hagan según los criterios establecidos.

Con esto no estamos diciendo que el castigo no sea eficaz, pero siempre y cuando, expliquemos el por qué de este, seamos coherentes y demos alguna respuesta alternativa a ese comportamiento inadecuado. Así, fomentaremos la empatía y la asertividad en sus relaciones con los demás, previniendo la inseguridad y el sufrimiento.

El acuerdo entre los padres en el establecimiento de normas, limites y en la toma de decisiones, previenen de la incertidumbre y ayuda a los niños a vivir más tranquilos y confiados, por otro lado, la expresión adecuada de las emociones en los mas pequeños, ya sean negativas o positivas, también evita la agresividad y genera un clima de apoyo, afecto y comprensión, necesario en periodos de aprendizaje y desarrollo.

El entrenamiento en el adecuado uso de técnicas operantes (refuerzos o castigos) en los padres será esencial para aprender a controlar la conducta de sus hijos así como, conseguir un clima familiar en equilibrio y armonía.

 

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en la Consulta de Psicología Aprende a Escucharte’ en Madrid.

 

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2 comentarios


  1. estan recontra locas

  2. Muy buen artículo, quisiera aprovechar para compartir un nuevo portal sobre información de Psicología titulado “Novedades en Psicología” en cual abarca artículos de opinión, noticias y enlaces interesantes de las distintas temáticas de Psicología, escritas con un lenguaje claro y sencillo de forma que sea accesible a todo el público. Realizado y editado por el Dr. Juan Moisés de la Serna.
    En concreto, recientemente acabo de publicar un artículo titulado “Enfermedades provocadas por una vida llena de agresividad”, que puede verlo en el siguiente enlace:
    http://juanmoisesdelaserna.es/psicologia/enfermedades-provocadas-por-una-vida-llena-de-agresividad/